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Exceptuando unos pocos capítulos, todos los apartados importantes de los anales de la revolución de 1848 a 1849 llevan el epígrafe de ¡Derrota de la revolución!

Pero lo que sucumbía en estas derrotas no era la revolución. Eran los tradicionales apéndices prerrevolucionarios, resultado de relaciones sociales que aún no se habían agudizado lo bastante para tomar una forma bien precisa de contradicciones de clase: personas, ilusiones, ideas, proyectos de los que no estaba libre el partido revolucionario antes de la revolución de Febrero y de los que no podía liberarlo la victoria de Febrero, sino sólo una serie de derrotas.

En una palabra: el progreso revolucionario no se abrió paso con sus conquistas directas tragicómicas, sino, por el contrario, engendrando una contrarrevolución cerrada y potente, engendrando un adversario, en la lucha contra el cual el partido de la subversión maduró, convirtiéndose en un partido verdaderamente revolucionario.

Demostrar esto es lo que se proponen las siguientes páginas.

Karl Marx, La lucha de clases en Francia



"Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí"






lunes, 13 de julio de 2009

MANIFIESTO AL PROLETARIADO, A LOS REVOLUCIONARIOS ORGANIZADOS, A LOS SOCIALISTAS Y COMPAÑEROS DE LA TENDENCIA MARXISTA MILITANTE







Buena parte de los lectores de Boletín Ciudadano, y sobre todo militantes obreros de la Convención Nacional Democrática, nos han increpado sobre las traiciones políticas de la Tendencia Ex –Marxista Militante. Tales traiciones comienzan desde finales de 2007 y principios de 2008, cuando es detenido Adán Mejía López (entonces miembro de la TMM) por el gobierno asesino de Ulises Ruiz Ortiz como consecuencia de su participación en la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, tras las diferencias políticas internas en la TMM comienza la expulsión de varios de sus miembros (incluido el propio Adán Mejía López) misma que va desde miembros del Comité Central, hasta cuadros medios y de base, sumando cerca de 40 camaradas, el resto de los acontecimientos serán explicados a continuación, pero dejamos en claro de nuevo a nuestros lectores: nosotros no somos miembros de la Tendencia Ex – Marxista Militante.

La redacción

MANIFIESTO AL PROLETARIADO, A LOS REVOLUCIONARIOS ORGANIZADOS, A LOS SOCIALISTAS Y COMPAÑEROS DE LA TENDENCIA MARXISTA MILITANTE.

El pasado primero de diciembre se ha desatado un nuevo proceso de expulsiones en la Tendencia Marxista Militante (TMM). Los compañeros Eladio y Eliud (GB UAMX) a juicio de la actual dirección, ¨se han puesto automáticamente fuera de la tendencia, ¨ por no acatar los métodos de la organización. Al compañero José (GB CU) se le pide un juramento de lealtad a la dirección, retractarse, romper política y personalmente con los compañeros antes citados y sujetarse a una serie de sanciones como dejar el trabajo político en su centro de intervención (Prepa 5), suspensión de derechos por un mes, entre otras, como condición para su permanencia. Ante la negativa de aceptar estas condiciones por tener una base infundada, se le considera también fuera de la organización.

El día jueves 2 de diciembre del 2008 después del Gb al compañero Jesús (GB UAMI), se le pregunta sobre una convocatoria a una reunión con los compañeros antes citados, bajo las palabras explicitas “que tienes que decir de esto cabrón”, esta actitud intimidatoria de parte de Salvador Toledo fue una abierta provocación, acompañada de gritos en una dinámica irresponsable que se corresponde con la que asume toda la dirección. Por su parte, Luis Enrique Barrios (responsable nacional) lo invita a deslindarse políticamente de Eladio, Eliud y José. A lo que el compañero Jesús se niega hasta poder entablar una conversación con sus compañeros, por lo que se le notifica la decisión del CC de considerarlo fuera de la organización, es decir expulsarlo, ya que el CC interpreta mañosamente que Jesús intenta someter la política de la organización a sus caprichos.

Antecedentes

En días anteriores a los acontecimientos citados se presenta una serie de ataques políticos en contra de Eliud, José y Eladio a raíz de las posiciones tomadas en el último congreso de la (TMM) en torno a la expulsión de una capa de más de 30 compañeros y compañeras de la misma.
El comité central electo en dicho congreso, de acuerdo a la resolución “en defensa de la organización” aprobada sin debate, ha establecido una política de abierta censura contra todo aquel miembro capaz de sentar una crítica constructiva de los métodos de la TMM; para el caso acompañada de tácticas zinovievistas (medidas organizativas para resolver problemas políticos, encaminadas a aislar a cualquier elemento que no comparte en su totalidad las posturas de la dirección).

El día sábado 25 Noviembre de 2008 se convoca a una reunión con compañeros de distintos GB´s en la cual el documento a discutir era “Contra el Centralismo Burocrático”. Dicha reunión surgió ante las inquietudes de compañeros de la base, descontenta ante la limitada e ineficiente intervención de la TMM en las diversas plataformas hacia el movimiento. Lo cual provoca cierta parálisis a la hora de lanzar actividades, campañas etc., pero la dirección dice que este método es el correcto.

A la cita llegan miembros del CC y CE amedrentando a los compañeros con insultos, gritos, acusando al compañero Eladio y Eliud de querer formar una fracción a lo interno de la organización para “sabotearla”. Esta acusación es del todo falsa. A los convocados se les planteó una discusión política del documento ¨Contra el Centralismo Burocrático” referente a la expulsión de Alan Woods y Ted Grant de la sección británica de la Corriente por una Internacional Marxista (CIM) The Militant, además de la proyección de un video sobre la revolución rusa ¨ellos se atrevieron”.

Las tareas de los marxistas revolucionarios.
"El que no aprende de la historia estará condenado a repetir el mismo error” Jorge Santayana

El marxismo es la expresión política de la experiencia histórica del proletariado. Es la guía práctica para la acción revolucionaria del trabajo asalariado contra el capital. Los marxistas fincan en él su accionar. Elaboran el análisis de las condiciones objetivas del desarrollo capitalista y pugnan por encontrar la vinculación con el movimiento vivo.

Es una teoría viva, herramienta para la acción revolucionaria, su fuerza no reside en si misma sino en la medida que expresa el desarrollo y la experiencia de nuestra clase para derrotar a nuestro enemigo irreconciliable: la burguesía, e instaurar el socialismo. Es por ello que la primera tarea de los marxistas es elaborar la política, el programa y las perspectivas correctas frente a al horror sin fin que representa el capitalismo. La segunda consiste en hacer conscientes los procesos inconscientes, esto es, hallar el modo de vincular el programa revolucionario con el movimiento vivo. En este sentido la TMM ha perdido seriamente el sentido de la proporción con relación a las perspectivas que se trazan y las tareas a concretar hacia el movimiento. Baste recordar el caso más reciente, las combativas movilizaciones del magisterio en Morelos en donde la organización no hizo ni el intento por intervenir en dicho movimiento. Así como este caso, se presentan día a día una buena cantidad de movilizaciones importantes en la lucha de clases en que simplemente Militante está ausente.

El entrismo es el trabajo político en las organizaciones de masas de la clase trabajadora.
Militante dice defender ésta política sin embargo la reduce a unas cuantas tareas más bien administrativas del aparato, como el aspecto financiero como un fin en si mismo el cual no satisface las necesidades para la intervención en el movimiento. Mantiene a toda costa un control sobre los cuadros antes que cumplir con los planteamientos del camarada Trotsky cuando éste asevera que los marxistas “se encuentran en las primeras filas de todas las formas de lucha, aún allí donde se trata de los intereses de los más modestos de la clase obrera. Toman parte activa en la vida de los sindicatos de masa, preocupándose de robustecer y acrecentar su espíritu de lucha. Luchan implacablemente contra toda las tentativas de someter los sindicatos al estado burgués y de maniatar al proletariado.” (León Trotsky, El Programa de transición) o en palabras de Marx: “Los comunistas... destacan y reivindican siempre, en todas y cada una de las acciones nacionales proletarias, los intereses comunes y peculiares de todo el proletariado, independientes de su nacionalidad, y en que, cualquiera que sea la etapa histórica en que se mueva la lucha entre el proletariado y la burguesía, mantienen siempre el interés del movimiento enfocado en su conjunto...los comunistas son la parte más decidida”. (Manifiesto del Partido Comunista).
Ahora podemos preguntar: ¿Vendiendo sólo el periódico en las marchas estamos haciendo una intervención real en el movimiento y construyendo el partido revolucionario? ¿Estamos en las primeras filas de todas las formas de lucha? Evidentemente la respuesta es no. Nuestro objetivo al respecto es hacer viva la frase “Sin teoría revolucionaria no hay practica revolucionaria” y viceversa.

No serán pocos los que salten indignados ante nuestra aseveración, que en su momento los expresamos en el seno de la tendencia conforme al Centralismo Democrático y la respuesta fue siempre la misma: “no podemos, no tenemos fuerzas, no hay recursos”. Esta es la postura del reformismo pero no la del marxismo.
Estamos plenamente conscientes que en toda organización revolucionaria, siempre habrá errores, Sin embargo la dirección ha encontrado la manera de no tenerlos. Y así, los balances se quedan siempre en los órganos dirigentes y por supuesto los informes presentados son, en realidad, una lista de “rotundos éxitos” (esto a pesar de que en términos concretos, no lo sean tanto). En muy raras ocasiones escuchamos balances reales, según “para evitar la desmoralización” con la supuesta intención de elevar la moral, elemento importantísimo para un revolucionario que pretende trasformar la sociedad. Pero creemos que presentando balances optimistas no se cumple con ésta intención, al contrario, a la larga genera tres cosas bastante perjudiciales: a) por un lado, la base llega a la conclusión de que todo está bien y en consecuencia no hay nada que proponer, corregir, o criticar; b) No se logra la utilidad de un error: aprender del mismo y no volver a repetirlo; c) Cualquiera que profane la autoridad de la dirección es considerado como una elemento que desprecia el centralismo democrático A propósito, en los estatutos encontramos: “En una organización bolchevique las ideas principales vienen de arriba, eso es lo que justifica la existencia de la dirección. Pero las ideas deben de ser plenamente discutidas, criticadas, enmendadas o rechazadas por todos los militantes. Hay que dar cause a la iniciativa creativa de la base. No se debe de sofocar la critica y la disidencia.” (Lenin ¿Qué hacer?) Situación que para nada se acata, es más, para algunos de la actual dirección (Edén) tales estatutos son meros formalismos, que en última instancia, no son los que se aplican a la sección mexicana sino a las europeas.

El documento “ Contra el centralismo Burocratico” , (que por cierto la dirección nos acusa de haberlo revelado cuando este era “confidencial e interno” algo completamente falso (ya que se puede encontrar en : http://www.marxist.com/against-bureaucratic-centralism.htm) en el que los camaradas Alan Woods y Ted Grant hacen un serio análisis sobre el papel y características que tenían los dirigentes de la Internacional hasta antes de 1992 , momento en el que se “colocan por fuera de la organización” y forman la CMI. Hace falta más que “nivel político”, refiere la dirección, para poder comprender este documento básico en la historia de la Internacional.

Creemos que hace falta la disposición de ser autocríticos con nuestro trabajo y dejar de lado el temor de que se vive un proceso de degeneración burocrática.
La Dirección no sólo nos acusa, falsamente, de saboteadores y fraccionalistas, ello cuando carecen de elementos para sustentar dicha afirmación, además han satanizado nuestra condición al más puro estilo del Stalinismo. Utilizando el aparato ha echado mano del método (nada marxista) de lanzar una gran cantidad de lodo maloliente con la esperanza de que al menos algo se pegará en contra de los camaradas críticos. Quedamos ante los ojos de los compañeros como la dirección dice que somos.

Dudar, opinar distinto, o inclusive criticar (como en su momento lo hicimos) para el aparato burocrático es no acatar la disciplina y los métodos “correctos” de la organización. El precio de ser crítico es ser condenado al aislamiento, hostigamiento, al asesinato moral y ser tachado de querer fraccionar o envenenar la mente y el espíritu de los nuevos compañeros. En fin, con medidas organizativas “purgar al partido” de lo que la dirección considera elementos lúmpenes, anarquistas y pequeñoburgueses.

Del Centralismo Democrático

El centralismo democrático (CD), como régimen de la vida interna del partido, surge históricamente de las necesidades que impone la lucha de clases a una organización que tiene como objetivo el triunfo de la revolución proletaria. El enfrentamiento contra la burguesía y su estado que cuentan con miles de funcionarios profesionales, fuerzas de seguridad, servicios de inteligencia, y agentes infiltrados en las filas del movimiento obrero como la burocracia sindical; exige para enfrentarlos una organización curtida en la lucha de clases y una disciplina férrea. Las organizaciones con un régimen de partido vacilante como proponen los pequeñoburgueses, no sirven para luchar contra tales enemigos.

Por otro lado, una organización revolucionaria, a la vez que contribuye a la constitución de los proletarios en clase, es decir, a que la clase obrera cumpla con sus tareas inmediatas, a saber; construir un Movimiento Nacional Único de Clase y a su vez el Partido Revolucionario, a fin de transformarse en fuerza social y política dirigente; debe garantizar que todos sus miembros tengan realmente el derecho de discutir y cuestionar la orientación de su política a partir de la experiencia en la lucha de clases. Centralismo y democracia son dos polos de un mismo régimen en el que debe imperar la consideración siguiente: “Un revolucionario se forma en un clima de crítica a todo lo existente, incluida su propia organización. Sólo se puede lograr una firme disciplina por medio de la confianza consciente en la dirección (al respecto, el camarada Lenin decía “Si quieres obediencia, tendrás locos obedientes”). Para ganarse esta confianza son necesarias una política correcta y también una actitud honesta frente a los propios errores”. (LT Declaración de la delegación Bolchevique leninista a la conferencia de las organizaciones comunistas y socialistas de izquierda”) Como hemos señalado, no ha habido una actitud honesta a reconocer los errores, ya que increíblemente ¡¡no se acepta tener alguno ya que increíblemente todo es un rotundo éxito!!

Los principios del (CD) suponen “la posibilidad absoluta para el partido de discutir, criticar, de expresar su descontento, de elegir, de destituir, al mismo tiempo que implica una disciplina de hierro en la acción. ... que garantice la combatividad del partido”. (Cita) En otras palabras, la más amplia libertad en la discusión y la máxima unidad a la hora de la acción.

El (CD) en manos expertas produce maravillas pero en manos inexpertas provoca una carnicería, y precisamente tendríamos que recocer que esa inexperiencia se muestra con la actuación reiterada de la dirección a la hora de resolver los conflictos.

Ahora, con el argumento de que “la única garantía para que la tendencia pueda aprovechar las oportunidades de desarrollo que nos ofrece la lucha de clases, es la de mantenernos firmes en nuestros principios políticos y métodos de la organización, cualquier claudicación en cualquiera de estos dos aspectos fundamentales,…” (Resolución del CC de la TMM el 06.12.08) pretende justificar expulsiones de compañeros, para quienes la dirección, crean, inventan, imaginan en una crítica toda una conspiración con fines fraccionales. Este no es un problema que le atribuimos al centralismo democrático sino al centralismo burocrático, mismo que se puede convertir en el oportunismo más grosero.

La degeneración burocrática del régimen interno del partido es un obstáculo enorme para que su influencia se difunda entre el sujeto revolucionario: los trabajadores, además dificulta la correcta educación revolucionaria de los mismos y su vanguardia revolucionaria. A final de cuentas “...hay que modificar, ante todo, el espíritu que impera en nuestras organizaciones. Es necesario que el partido propicie nuevamente la iniciativa colectiva, el derecho de crítica libre y fraternal, que tenga la facultad de organizarse a sí mismo. Es necesario regenerar y renovar el aparato del partido y hacerle entender que sólo es el ejecutor de la voluntad colectiva.” (Leon Trotsky El Nuevo Curso Anexo 1)


Algo Sobre las fracciones.

“La doctrina actual que proclama la incompatibilidad del bolchevismo con la existencia de fracciones está en desacuerdo con los hechos. Es un mito de la decadencia. La historia del bolchevismo es en realidad la de la lucha de las fracciones. ¿Y cómo un organismo que se propone cambiar el mundo y reúne bajo sus banderas a negadores, rebeldes y combatientes temerarios, podría vivir y crecer sin conflictos ideológicos, sin agrupaciones, sin formaciones fraccionales temporales? La clarividencia de la dirección del partido logró muchas veces atenuar y abreviar las luchas fraccionales, pero no pudo hacer más. El Comité Central se apoyaba en esta base efervescente y de ahí sacaba la audacia para decidir y ordenar. La justeza manifiesta de sus opiniones en todas las etapas críticas le confería una alta autoridad, precioso capital moral del centralismo” (León Trotsky, la Revolución Traicionada)


63. Lenin y Trotsky comprendieron por un lado que la libertad de crítica en y la lucha de las ideas y por otro lado así como la confianza en la dirección sustentada en la autoridad moral y política reflejada en la justeza de sus opiniones y acciones en momentos decisivos era un contenido necesario para el (CD) centralismo democrático. El actuar del partido bolchevique no fue un todo homogéneo, como podemos citar a L.T. “la historia del bolchevismo es en realidad la lucha de las fracciones”, esto indudablemente genera algunas luchas internas y demás, que si no son resueltas del todo y a tiempo pueden conducir a la completa y más terrible desorganización del partido, Lenin, hizo llamados para organizar en todo caso, los mecanismos para resolver las diferencias esto sin olvidar las tareas cotidianas.”


64. Estos llamados a establecer un método para resolver las divergencias, tenían una base más profunda que el propio partido, hacia el fin de la guerra civil la pugna entre las fracciones revistió formas mucho más escandalosas que amenazaban con destruir el mismo poder soviético además de otros factores como la rebelión de Tambov y la rebelión de Kronstadt. Ante esto el X Congreso del partido bolchevique a propuesta de Lenin, decidió la prohibición de fracciones, en ese entonces se considero una medida excepcional, la cual desaparecería al mostrarse mejoras en la situación, que quede claro, la prohibición no fue un mero capricho ni una medida autoritaria ni burocrática sino mas bien era la unidad del partido mediante la desaparición de las fracciones o perder el poder ante los problemas existentes. En este sentido debemos decir que la solución a las fricciones dentro de la organización en este momento son de vital importancia y tendrán que ser resueltas en valor y peso que puedan representar, como primera instancia la posibilidad de remediar o corregir la tendrán de que asumir los gb en caso de no resolverse el CC y así consecutivamente la CE o en su caso nuestra máxima instancia de decisión el Congreso (ya sea ordinario o extraordinario) instancias en las cuales se pulirán las diferencias y así el desarrollo, el crecimiento e influencia que pueda tener la organización serán mas trascendentales. (Doc. Organizativo del XIII Congreso de la TMM, el subrayado es nuestro).

Evidentemente que esa prohibición, por si sola, no significaba ninguna garantía seria contra la aparición de nuevos agrupamientos ideológicos y orgánicos. En este caso, la garantía fundamental consiste en una dirección justa y la atención puesta en las necesidades del momento en que atraviesa el partido y por supuesto la elasticidad del aparato, que no debe de ninguna manera paralizar sino organizar la iniciativa de la base, sin temer ni frenar y mucho menos amordazar a la crítica, por miedo al fraccionalismo.(punto y seguido en lugar de punto y aparte) Pensar que con la sola prohibición se evita la formación de grupos temporales o permanentes dentro del partido es hacer de eso un “fetiche organizativo”. Creer que basta con negar y prohibir (en los hechos) cualquier crítica u opinión diferente a la de la dirección, evocando al centralismo democrático, para así falsamente evitar conflictos internos, es una clara muestra de burocratismo. Estas medidas organizativas frente a conflictos internos son tan eficaces como medicar aspirinas a un enfermo terminal. Que desesperada salvación la del autoengaño.



Siguiendo con la experiencia del partido bolchevique, tenemos pues que poco después de la prohibición de agrupamientos y fracciones dentro del partido, surge en Petrogrado una lucha muy enconada sobre el problema organizativo que dio origen a la formación de dos agrupamientos netamente opuestos entre sí. A primera vista, lo más simple hubiese sido lanzar el anatema contra por lo menos uno de los dos agrupamientos (como en la tendencia a ocurrido). Pero el comité central se negó categóricamente a emplear este método, que se le sugería desde Petrogrado (cita) (L.T. El Nuevo Curso). Esto implicó resolver el problema de manera camaraderíl a través del debate fraterno y no mediante un “se pusieron fuera de la organización” (expulsión) o con juramentos de lealtad a los compañeros que simpatizan con la crítica. La manera en que los bolcheviques resolvieron ese problema es una muestra de lo que debiera ser una correcta dirección. Ejemplo que merece ser recordado y que podría servir para iluminar algunos cerebros burocráticos.

Existe una marcada tendencia a disolver citas aisladas de Lenin como de Trotsky sin tomarlas en su contexto histórico, político, etc., entre otras cosas se ha distorsionado de la manera más atroz la historia del bolchevismo, se nos habla de la supresión de las fracciones en el X congreso del PCUS , esta fue una medida necesaria para deshacerse de las centurias negras (grupos de choque capitalistas destinados a destruir el partido bolchevique) mismas que participaron en la guerra civil contra el poder soviético con una clara política anti bolchevique. Lo que había detrás fueron los intentos de restaurar la economía capitalista en la joven RSFR (República Socialista Soviética Federada de Rusia), arrebatar las fábricas a los obreros, las tierras a los campesinos rusos. Sin embargo durante todo el transcurso de la guerra se dieron intensas luchas fraccionales entre Bujarin, Lenin, Zinoviev, Kamenev, Stalin y Trotsky en torno a la firma del tratado Brest-Litovsk, donde el voto de Trotsky a favor de la firma del tratado de paz con el imperialismo le dio la mayoría a la fracción de Lenin, incluso unos días antes de la insurrección de octubre de 1917 Zinoviev y Kamenev se oponen a dicha insurrección, a lo que el comité central les concede el derecho a polemizar sus posturas en periódicos externos al partido. La supresión de las fracciones durante el X congreso se efectuó en función de aplastar la sublevación de Kronstadt en la que por cierto participó la oposición obrera del lado bolchevique (Véase Ted Grant: Rusia de la revolución a la contrarrevolución, pág. 85-91).

Las relaciones entre el Estado soviético y las masas campesinas alcanzaron su punto más bajo en el momento de la rebelión de Kronstadt. El Estado obrero no existía en el vacío, estaba sujeto a las presiones de fuerzas de clase ajenas que se expresaban a través de agrupaciones en el Partido. Era este peligro, agudizado por el monopolio político del Partido Bolchevique, lo que llevó al 10 Congreso del Partido a principios de 1921 a prohibir temporalmente las fracciones dentro del mismo . Esto era una medida temporal que se introdujo para solucionar una situación excepcional, tal y como Lenin dejó claro:

"La prohibición de la oposición en el Partido", dijo, "se deriva de la lógica política del momento actual... Ahora mismo podemos pasarnos sin oposición, camaradas, ¡Ahora no es el momento para ello!... Esto lo exige el momento objetivo, y no sirve de nada quejarse... El momento actual es uno en el que las masas sin partido están sujetas a un tipo de vacilación pequeño-burguesa que en la situación económica actual de Rusia es inevitable. Tenemos que recordar que el peligro interno es en cierto sentido mayor que el que nos amenazaba con Denikin y Yudenich, y tenemos que mostrar unidad, no de una manera nominal, sino de una forma mucho más profunda. Para crear tal unidad no podemos prescindir de una resolución como ésta" (citado por Roy Medvedev, On Socialist Democracy, pp. 62-3, énfasis en el original).

Es más, Lenin estaba a favor de una interpretación flexible de esta regla y rechazó todos los intentos de darle una aplicación más rígida. Cuando Riazanov propuso que se prohibiesen las actividades fraccionales en los procesos pre-congresuales del partido, Lenin se opuso: "Sin embargo, creo que la propuesta del compañero Riazanov es desafortunada y puede ser inaplicable... Este Congreso no puede tomar decisiones vinculantes que afectarían a las elecciones al próximo congreso. Si las circunstancias provocan desacuerdos fundamentales, ¿cómo se puede prohibir su presentación para la consideración del partido en su conjunto? ¡No podemos!" (Ibíd., p. 63, énfasis en el original)
Podremos de la misma manera recordar en “Los orígenes de la degeneración de la IV Internacional” (Entrevista a Ted Grant) el camarada comenta lo siguiente: Recuerdo que hace años estaba yo en Paris y mantuve una conversación con Raúl, un viejo amigo que era lambertista: me pregunto si me reuniría con Lambert. No me entusiasmaba la idea pero ante la insistencia de mi amigo finalmente accedí. Después me entere de que Lambert había expulsado a uno de sus dirigentes, Saint Just. No sólo le expulsaron a él sino también a todos aquellos que le defendieron. Cuando me entere me puse furioso y le dije a Raúl que no me reuniría con Lambert porque alguien que se comporta de esta manera no podrá construir un partido revolucionario ni en mil años. Esa es la actitud de un revolucionario consecuente, que lejos esta la dirección de la integridad del viejo Ted.

Sobre la formación de cuadros, la educación y disciplina revolucionaria.
“Las ideas y las consignas no caen del cielo; se las elabora en el curso de una lucha prolongada. Así, resulta difícil comprender correctamente las ideas, tanto científicas como políticas, sin conocer la historia de su elaboración” (L.T. “Prologo a la edición Griega del Nuevo Curso”)

Como hemos comentado más arriba, la importancia de la teoría representa para un marxista un elemento imprescindible. Para una organización que lucha por la revolución socialista, el papel de la formación política y la formación de cuadros juega un papel de primer orden, ¿pero qué tipo de formación y con qué método? ¿Qué aspectos debe cumplir un cuadro político? Nos gustaría señalar los “parámetros” (a lo sumo mecánicos) que existen para “proponer” a los compañeros que la dirección considera que deben asistir a los eventos como conferencias, encuentros, congreso, asambleas, etc., etc., porque son considerados cuadros políticos. Para el CC un cuadro político es aquel compañero que cumple los tres requisitos de militancia: asistencia regular al GB, no adeudar más de una cuota, vender periódicos. Sin duda son elementos importantes pero en ninguna medida decisiva para determinar quién es y quien no un cuadro, entonces ¿Que es un cuadro al fin y al cabo? Fundamentalmente un militante revolucionario que mediante la lucha cotidiana por conquistar una comprensión cada vez más profunda de la teoría marxista es capaz de orientarse independientemente y aplicar y desarrollar con un criterio propio, de modo libre y creativo, las ideas y la línea general de la organización en su ámbito concreto de actuación. Un cuadro marxista sólo puede formarse sobre la base de una lucha constante por conquistar y reconquistar la teoría marxista. (documento organizativo, sección venezolana , CMR)

Sobre el método de formación de cuadros, que mejor que recordar lo que Trotsky decía al respecto: “…Tiene suma importancia el medio de transmitir a los jóvenes la tradición revolucionara del Partido. No puede haber transmisión estable sin una continua filiación y, por consiguiente, sin tradición. Pero la tradición no es un canon rígido ni un manual oficial; no podría aprenderse de memoria ni tampoco se la puede aceptar como un evangelio, creyendo todo lo que dice la generación anterior tan sólo por ser ella quien lo dice, por el contrario, hay que conquistar, de alguna manera, la tradición por medio de un trabajo interno que cada uno debe elaborar de un modo crítico para así poder asimilarlo. De otro modo todo el edificio hundirá sus cimientos en la arena. Ya he hablado de los representantes de la vieja guardia que inculcan la tradición en los jóvenes según el ejemplo de Famusov: “instrúyanse observando a los viejos, yo, por ejemplo (…)” La principal tarea no consiste en impedir sino en ayudar al joven (…) a formar su propia opinión, su propia voluntad, su personalidad, en la que independencia y sentido de la disciplina deben mantenerse unidos” (L.T. El Nuevo Curso, Sobre la burocracia)

“La dirección no debe asumir respecto a los militantes el papel de profesor que marca tareas, evalúa como se cumplen y luego califica, aprueba o suspende, a cada uno dándole tal o cual responsabilidad o removiéndole de la misma. Esa es precisamente la visión rutinaria de la que debemos huir. La dirección debe saber crear con cada camarada una relación basada en la capacidad para aportarle a este ideas inspiradoras que le ayuden a superar cada obstáculo que encuentra en su avance como cuadro, así como a encontrar en su propio interior los mecanismos para avanzar en una comprensión dialéctica de la realidad que le permita conquistar por él mismo los conocimientos, hacerlos suyos y aplicarlos de forma independiente.

Eso, por supuesto, exige una lucha por parte de cada cuadro dirigente por volver una y otra vez sobre las ideas marxistas y reconquistarlas, repensarlas críticamente para elevarlas a una forma superior. Debemos dejar, cuando no convenzamos al camarada de un punto de vista, que haga su propia experiencia y saque sus conclusiones, debemos estimular en él el pensamiento crítico, la toma de decisiones por sí mismo… Esto significará inevitablemente que cometerá errores pero ¿quién no los comete? Por otra parte, sólo mediante aproximaciones sucesivas -ensayos y errores- cada uno de nosotros maduramos y avanzamos.” (Documento Organizativo, CMR Sección Venezolana de la CMI)

Nuestra juventud no debe limitarse a repetir nuestras fórmulas. Debe conquistarlas, asimilarlas, formarse una opinión, una fisonomía propias y ser capaz de luchar por sus objetivos con el coraje que dan una convicción profunda y una total independencia de carácter. ¡Fuera del partido la obediencia pasiva que hace seguir mecánicamente las huellas de los jefes! ¡Fuera del partido la impersonalidad, el servilismo, el carrerismo! El bolchevique no es solamente un hombre disciplinado; es un hombre que, en cada caso y para cada problema, se forja una opinión firme y la defiende valerosamente no sólo contra sus enemigos sino en el seno de su propio partido. (L.T. El nuevo curso).

La obediencia ciega es una virtud útil al soldado de un ejército capitalista, no al combatiente proletario. La disciplina revolucionaría tiene sus raíces en el pensamiento y en la voluntad colectivos. Un partidario del comunismo científico no cree en las palabras; juzga todo a la luz de la razón y de la experiencia. La juventud no puede aceptar el marxismo por mandato; debe asimilarlo por sí misma, mediante un esfuerzo independiente del pensamiento. Precisamente por eso debe tener no sólo la oportunidad de educarse sino también la de equivocarse, para poderse elevar, a través de sus propios errores, a una concepción comunista. La disciplina burocrática y artificial se hizo polvo en un momento de peligro. La disciplina revolucionaria no excluye, exige, el derecho a la comprobación y a la crítica, sólo por esta vía se podrá crear un ejército revolucionario indestructible. (L.T. La obediencia ciega, la disciplina revolucionaria y la juventud).

Mantener la unidad del partido es la preocupación principal para la gran mayoría de los comunistas. Pero es necesario decir abiertamente que si existe hoy un serio peligro para la unidad, o cuanto menos para la unanimidad del partido, ese peligro está representado por el burocratismo que pretende la uniformidad a toda costa. De ahí que haya gente que como entonces (1923 en el PCUS) ahora sostenga la necesidad de criticar el papel de su propia dirección revolucionaria con miras a corregir los errores y hacer avanzar el propio desarrollo de su organización que como vanguardia explicaba Trotsky debe “subordinarse a las necesidades del proletariado” y aludiendo a lo que explicaba Lenin “una organización que sea incapaz de controlar a su dirigentes es indigna del calificativo de revolucionaria”.


¿Un periodo revolucionario?

De manera recurrente se hace referencia sobre la caracterización del periodo en el que nos encontramos como “un periodo revolucionario”, independientemente de la situación dada. Es cierto que la revolución es permanente no sólo en el sentido señalado por León Trotsky en lo referente a la revolución mundial, incluso la revolución es permanente en el sentido físico químico, dado que el movimiento es la única constante tanto para las sociedades como para la materia; sin embargo de ello no podemos sacar la maravillosa conclusión que nos encontramos en un periodo de doble poder, en el que las masas toman las riendas de sus vidas, son dirigidas por su vanguardia revolucionaria, derrocan a sus opresores aboliendo de tajo la propiedad privada sobre los medios de producción: si así fuera esto sería una revolución socialista teniendo un intrínseco valor mundial. Actualmente vivimos una situación totalmente distinta, en el que la “vanguardia revolucionaria” está aislada en términos absolutos, en eso si hay que hacer énfasis, las masas están en un proceso de agitación acaudilladas por López obrador en la Convención Nacional Democrática, los maestros movilizados en Morelos. Los bancos siguen en poder de la oligarquía financiera, bursátil, los medios de producción se encuentran en manos del Grupo Carso, de los Larrea, de los Azcárraga, se vive un proceso de acumulación de capital bancario, industrial y financiero en manos de prácticamente un individuo: Carlos Slim Helú e hijo.

Las masas han entrado en un periodo de toma de conciencia en tres vertientes visibles, en la primera podemos englobar al magisterio en la lucha contra diversas reformas impulsadas por Elba Esther Gordillo, Joel Ayala y compañía; en el segundo caso se encuentra la llamada “revolución de conciencia” planteada por AMLO y la burocracia de la Convención Nacional Democrática, donde no se plantea la toma del poder, de los medios de producción por parte de los trabajadores, sino una conciencia pacifista enfocada en la resistencia civil de la misma índole, es decir reformista, pretenden modificar algunos aspectos del sistema capitalista, nunca se plantea su destrucción. En contraparte los marxistas debemos luchar por una revolución de conciencia socialista en la que el proletariado se decide a coordinarse para destruir el Estado burgués, tomar los medios de producción y luchar por la revolución mundial, en esto reside principalmente la intervención de los revolucionarios en el movimiento obrero. Ante todo es necesario movilizar a la parte no conciente del proletariado, tarea para la cual es de vital importancia de la agitación, propaganda y organización política.

De igual forma se cita con frecuencia el siguiente pasaje del libro “la enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo:

“La ley fundamental de la revolución, confirmada por todas las revoluciones, y en particular por las tres revoluciones rusas del siglo XX, consiste en lo siguiente: para la revolución no basta con que las masas explotadas y oprimidas tengan conciencia de la imposibilidad de seguir viviendo como viven y exijan cambios; para la revolución es necesario que los explotadores no puedan seguir viviendo y gobernando como viven y gobiernan. Sólo cuando los “de abajo” no quieren y los “de arriba” no pueden seguir viviendo a la antigua, sólo entonces puede triunfar la revolución. En otras palabras, esta verdad se expresa del modo siguiente: la revolución es imposible sin una crisis nacional general (que afecte a explotados y explotadores). Por consiguiente, para hacer la revolución hay que conseguir, en primer lugar, que la mayoría de los obreros (o, en todo caso, la mayoría de los obreros conscientes, reflexivos, políticamente activos) comprenda a fondo la necesidad de la revolución y esté dispuesta a sacrificar la vida por ella; en segundo lugar, es preciso que las clases dirigentes atraviesen una crisis gubernamental que arrastre a la política hasta a las masas más atrasadas (el síntoma de toda revolución verdadera es que se decuplican o centuplican el número de hombres aptos para la lucha política pertenecientes a la masa trabajadora y oprimida, antes apática), que reduzca a la impotencia al gobierno y haga posible su rápido derrocamiento por los revolucionarios.”

No así parece que de la repetición constante se sacan conclusiones totalmente falsas, de hecho la dirección se postra ante el sectarismo partiendo superficialmente de la cita de Trotsky en su libro “historia de la revolución rusa” en la que de acuerdo con Alan Woods una revolución se da cuando las masas toman las riendas de su vida, si tomamos citas aisladas podemos concluir homogéneamente como limítrofes y formalistas filosóficos.


El periodo actual se puede caracterizar como un periodo pre-revolucionario, un periodo en el que la vanguardia del proletariado se organiza en agrupamientos temporales para llevar la agitación política a los sectores más atrasados del proletariado y clases aliadas (oprimidas), principalmente en los sindicatos, organizaciones de barrio, escuela; este periodo consistente, además en la lucha por el reclutamiento y formación de cuadros dirigentes para la revolución socialista, incluso en un periodo pre-revolucionario con claras tendencias a convertirse en revolucionario. Para un socialista la principal tarea es la lucha por las masas contra los agrupamientos reformistas, fascistas o de derecha, mismos que presentan una cualidad de común denominador: son defensores del sistema capitalista, aunque a distintos niveles, la derecha por excelencia se limita a defender el orden establecido, los fascistas son los enemigos más encarnizados de la clase trabajadora, mismos que pretenden destruir sus organizaciones, los reformistas son en cambio los defensores del capitalismo con rostro humano o bien quienes pretenden supeditar al proletariado a luchas por reformas parciales sin trastocar el régimen de propiedad privada sobre los medios de producción.

Balance y perspectivas.
1. La Tendencia Marxista Militante nace como una fracción y en franca lucha contra la burocracia. En nuestro país, el esfuerzo, dedicación y sacrificio, que cientos de compañeros hemos dedicado a construir y fortalecer dicha tendencia, ha topado una y otra vez con los mismos vicios y métodos antidemocráticos, con posturas que han llevado a una capa importante de compañeros a ser expulsados, o, por sí mismos puestos fuera de la organización desde el punto de vista de quienes están hoy en la dirección de la misma.

2. En el fondo, las diferencias y crisis de la contradicción que viven las organizaciones de la vanguardia proletaria es precisamente la de no tener en cuenta el sentido de la proporción y desde luego el de no tener como referente su inserción en el seno del movimiento social, reivindicativo, político, de los sectores proletarios en lucha.

3. Lo anterior trae consigo una práctica y métodos incorrectos al momento de enfrentar y resolver los problemas prácticos, de intervención, orientación, elaboración teórica, y construcción del Partido Revolucionario. Formar la vanguardia revolucionaria que requiere el proletariado mexicano para la consecución de sus objetivos históricos, a saber, la toma del poder político, la destrucción del estado burgués y la instauración de la dictadura del proletariado, requiere no sólo una sólida formación marxista, sino también un espíritu abierto al debate, reflexión, elaboración teórica y practica colectiva sumado a un alto grado de compromiso y sacrificio. Con la sensibilidad necesaria para encontrar la mejor forma de resolver las diferencias políticas y la participación en cada uno de nuestros centros de intervención política.

4. Al socialismo sólo se podrá llegar a través de la actividad consciente de las masas trabajadoras para asi lograr la destrucción radical del sistema social actualmente vigente. "La emancipación de la clase obrera es una tarea de la clase obrera misma".

5. En cualquier lucha, el modo con que se persigue el resultado es al menos tan importante como el resultado mismo. Incluso desde el punto de vista de la eficiencia, las acciones organizadas y dirigidas por los obreros mismos son superiores a las decididas y guiadas burocráticamente. Solamente las primeras crean las condiciones que hacen posible un progreso, puesto que sólo ellas enseñan a los obreros a gestionar por sí mismos sus propios intereses. La actividad del movimiento revolucionario debería fundarse ante todo en el criterio de que sus intervenciones aspiren no a sustituir sino a desarrollar la iniciativa y la autonomía de los trabajadores.

6. La organización no será nunca revolucionaria si sus ideas, su programa, su estructura y sus métodos operativos no se basan en la experiencia histórica de la clase obrera, nacional e internacional. Debemos de ser capaces de extraer toda la enseñanza posible del período que ha estado caracterizado por la burocratización, para romper con cualquier costumbre o resto de tal pasado. Sólo así se podrá dar una respuesta efectiva a los problemas reales, y con frecuencia nuevos, que se planteen a la clase obrera en los años próximos.

7. Parte de la propaganda y de las actividades de la organización revolucionaria se debe dirigir hacia los nuevos estratos de trabajadores asalariados. Se debe poner a la luz continuamente la semejanza entre los objetivos de tales estratos y los de la clase obrera, así como la auténtica solución de sus problemas que es única para unos y otros: es decir, la democratización completa de la sociedad a través de la revolución socialista.



8. La gran mayoría de los obreros políticamente activos, y de los que sostienen las tradicionales organizaciones de la "izquierda", cualquiera que sea su buena fe y su voluntad, no pueden ponerse en una perspectiva de auténtica renovación. Permanecen engañados en la ideología de un tiempo que ya ha pasado. Repiten mecánicamente las lecciones y las frases aprendidas hace años, frases que hoy no tienen el más mínimo contenido revolucionario. Permanecen unidos a esquemas operativos y organizativos que son equivocados.

9. Combatir la idea que se tiene referente a la relación que existe entre el proletariado y la organización revolucionaria. La organización no es, y no puede ser, la dirección del proletariado. Debe constituir un instrumento para la lucha proletaria. Las tareas de la reorganización revolucionaria y comunista de la sociedad no pueden ser realizadas sin la más amplia y plena acción de las masas mismas. Suya es la tarea y su resolución.

10. La organización revolucionaria no estará en situación de combatir la tendencia a la burocratización si no funciona según los principios de la democracia proletaria y de un modo conscientemente antiburocrático. Esto último, quiere decir que debemos tomar una actitud crítica sobre el llamado "centralismo democrático" y de todas las demás estructuras organizativas que favorecen la burocratización. Una organización auténticamente revolucionaria implica: a) la autonomía más amplia posible de todos los grupos de base; b) la democracia directa en todos los casos posibles; c) delegados elegidos y revocables en cualquier momento por los grupos de base que representan.

11. La tendencia a la burocratización se podrá vencer en la medida en que se realice una auténtica participación colectiva de todos los miembros, tanto en la actividad como en la formulación de la línea política.

12. La conciencia revolucionaria no puede ser únicamente fruto de la propaganda. La organización revolucionaria debe participar en las luchas de los obreros y de otros estratos de la población, tanto ayudándoles como aprendiendo de ellos. Incluso declarándose incondicionalmente de parte de los trabajadores, en las luchas en las que ellos se comprometen considerando sus intereses inmediatos, la organización debe aspirar a aclarar y a concretar los nexos que existen entre tales luchas y los objetivos históricos del movimiento proletario. La organización debe dar apoyo a todos los métodos que hagan posible la acción colectiva y el control por parte de los trabajadores de las luchas que ellos mismos llevan adelante. Debe oponerse a las formas organizativas de tipo burocrático y difundir la idea de que se debe dar vida a instituciones más representativas (como los consejos de fábrica). Debemos aspirar a que surja la máxima solidaridad posible con los trabajadores en lucha, así como la búsqueda permanente de la unidad de los revolucionarios.
13. La organización revolucionaria debe también acercar las luchas proletarias a las luchas de los otros sectores de la población, que no tienen voz ni voto en las cuestiones que les interesan más de cerca. Requerimos hacer posible la conformación de un Movimiento Nacional Único de Clase, como tarea inmediata del movimiento proletario y caminar firmemente en la Construcción del Partido revolucionario que la clase requiere para lograr sus objetivos históricos e inmediatos.
14. No se puede escatimar aristocráticamente el papel de la intervención en el movimiento vivo solo a razón de la construcción de la organización, es decir, no se puede demeritar ni poner en segundo plano el papel de lo que conocemos como activismo, aquella herramienta con la cual los revolucionarios desarrollamos el tacto para poder llegar a los trabajadores ya que estos así como los rusos agrupados en los soviets en 1917 exigen de su vanguardia hechos, no palabras.

15. La propaganda revolucionaria debe, sin embargo, ir más allá. Su objetivo debe ser también dar una interpretación y significado general a las experiencias de la clase obrera, para elevar la lucha del nivel de la fábrica al de la sociedad en su totalidad. Esto implica una crítica de la sociedad capitalista en todos sus aspectos, según la línea de conjunto que hemos descrito. Esto implica, además, el llevar a la clase obrera al auténtico programa del socialismo: la gestión colectiva de una sociedad auténticamente humana.

16. Cuando las luchas alcanzan una gran intensidad, es difícil para los obreros pasar de un conocimiento de la propia experiencia inmediata a la comprensión de los problemas de la sociedad en su totalidad. En este campo, la organización revolucionaria tiene que desarrollar un papel de primer plano. Con esto no aludimos a la agitación estéril, o a la especulación sobre los escándalos que salpican la vida de los partidos capitalistas o de los partidos obreros burgueses. Tal tarea consiste, en cambio, en demostrar cómo el sistema siempre funciona en perjuicio de los trabajadores, que no pueden resolver sus propios problemas de otra manera que suprimiendo el capitalismo y la burocracia, y construyendo una sociedad completamente nueva.

17. Debemos criticar también toda la forma y el contenido de la política contemporánea. Una organización revolucionaria debe romper con el modo tradicional de hacer política. Y debe además demostrar que la política revolucionaria no se reduce al problema de los salarios, del gobierno y de los asuntos exteriores, sino que interviene en todo lo que concierne al hombre y a su vida social.

18. Se debe desenmascarar la confusión referente al programa del socialismo causada por las organizaciones degeneradas. La idea de que el socialismo consiste sólo en la nacionalización de los medios de producción y en la planificación debe ser combatida implacablemente. Debe aclararse, la construcción del socialismo implica la planificación y participación conciente de la sociedad en su conjunto, tanto en la economía, en la política, cultura, etc.

19. El socialismo significa el gobierno obrero de la producción, de la sociedad, y el poder obrero. Es obra no de una elite dominante, sino una tarea de toda la clase obrera, por ello Lenin apeló a la conciencia de clase que tiene una relación recíproca con el estudio científico de la sociedad y el conocimiento las ciencias administrativas mediante las cuales los obreros sean capaces de gestionar sus centros de trabajo, adquirir los conocimientos técnicos para el desarrollo de la tecnología industrial, bajo estas premisas es posible proyectar a gran escala la planificación de la economía bajo la dirección de la clase obrera (no del partido). Lenin lanzó la consigna “todo el poder a los sóviets” debido a la creciente tendencia burocrática dentro del partido bolchevique y el estado soviético en general, defendiendo el derecho a la formación de partidos independientes y la autonomía de los sindicatos frente al Estado para que la clase obrera se pudiese defender de la burocracia, para Lenin siempre fue posible una corriente de degeneración capitalista dentro de la RSFSR, por lo que entre las principales tesis de El estado y la revolución o el folleto “doble poder” se encuentran: Ningún ejército permanente sino el pueblo en armas. Cualquier funcionario es revocable en todo momento siempre que la base así lo reclame.

Esto debe ser abiertamente proclamado y explicado, atendiendo a la experiencia histórica. Esencialmente, el socialismo implica la restitución a cada hombre del dominio sobre su propia existencia, la transformación del trabajo de un modo absurdo para ganarse el pan en una acción libre y creativa de individuos y grupos, además del surgimiento de comunidades humanas integradas y la fusión de la cultura con la vida cotidiana. Este contenido de la palabra socialismo no se debe ocultar vergonzosamente porque sea considerado como una reflexión abstracta sobre un futuro indeterminado. Antes bien, se debe proponer como la única respuesta posible a los problemas que torturan y sofocan a la sociedad actual. El programa del socialismo debe ser propuesto como lo que es: un proyecto de humanización del trabajo y de la sociedad.

Hacemos un llamado a todos los compañeros (as) que aún se encuentran militando en la Tendencia a mantener una actitud crítica, reflexiva, propositiva, abrir el debate interno, hacer uso de sus derechos como militantes, para que corroboren por si mismos (as) las cuestiones que aquí hemos enunciado. En última instancia, que dicho proceso sirva para desde ahora estrechar nexos que posibiliten en un futuro mantener una relación revolucionaria que nos acerque al y en el trabajo revolucionario.

Nuestro paso por la Tendencia ha servido para afianzar nuestra conciencia y espíritu de lucha.
Todos y cada uno debemos aportar nuestro granito de arena para hacer posible la consecución de los objetivos históricos del proletariado.

Hoy más que nunca la lucha de clases reclama nuestra participación en cada una de las luchas de los explotados y oprimidos del país. No pensamos que somos indispensables o imprescindibles, tan sólo queremos aportar nuestra cuota militante para acercar el proceso revolucionario que barra de la faz de la tierra el sistema capitalista de producción.

¡¡¡ Proletarios de todos los países uníos!!!

¡¡ Viva la Revolución Socialista!!


Sus camaradas José, Eladio, Jesús, Eliud, más 20 firmas que renuncian a la Tendencia Marxista Militante tras la entrega de este manifiesto.

México, D.F. Febrero de 2009



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