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Exceptuando unos pocos capítulos, todos los apartados importantes de los anales de la revolución de 1848 a 1849 llevan el epígrafe de ¡Derrota de la revolución!

Pero lo que sucumbía en estas derrotas no era la revolución. Eran los tradicionales apéndices prerrevolucionarios, resultado de relaciones sociales que aún no se habían agudizado lo bastante para tomar una forma bien precisa de contradicciones de clase: personas, ilusiones, ideas, proyectos de los que no estaba libre el partido revolucionario antes de la revolución de Febrero y de los que no podía liberarlo la victoria de Febrero, sino sólo una serie de derrotas.

En una palabra: el progreso revolucionario no se abrió paso con sus conquistas directas tragicómicas, sino, por el contrario, engendrando una contrarrevolución cerrada y potente, engendrando un adversario, en la lucha contra el cual el partido de la subversión maduró, convirtiéndose en un partido verdaderamente revolucionario.

Demostrar esto es lo que se proponen las siguientes páginas.

Karl Marx, La lucha de clases en Francia



"Primero vinieron a buscar a los comunistas, y yo no hablé porque no era comunista. Después vinieron por los socialistas y los sindicalistas, y yo no hablé porque no era lo uno ni lo otro. Después vinieron por los judíos, y yo no hablé porque no era judío. Después vinieron por mí, y para ese momento ya no quedaba nadie que pudiera hablar por mí"






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jueves, 13 de agosto de 2009

LA LEY DE LA FAMILIA: MUJERES POTENCIALMENTE DELINCUENTES

¡Tod@s somos Alejandra!

Puebla, México, Agosto 2009. En marzo del presente año se aprobó en el estado de Puebla La Ley de la Familia; por su contenido, la forma en como fue aprobada, lo que evidenció, y dado que aún en otros estados del país existen iniciativas en espera de debate y aprobación, se hace necesario el análisis de ésta reforma que eleva a rango constitucional postulados morales de un sector de la sociedad, dejando de lado temas de fondo tales como el sistema de salud, presupuestos económicos y educación sexual.

Entre la moral y las leyes

Partimos de una diferenciación entre la ética, la moral y las leyes. La primera es la ciencia que estudia a la moral, así como las implicaciones de sus transformaciones a través de la historia. La segunda es el actuar individual que se condiciona por el nivel cultural, ideológico, religioso, económico, social, político. Las leyes son estudias por la ciencia del derecho como proceso histórico, cuyo aspecto práctico se realiza al momento en que se convierte en norma a cumplir. Entre la ética, la moral y las leyes no existen polarizaciones, sólo hay delimitaciones que se entrelazan de acuerdo a la voluntad de la clase en el poder que trata de convertir en norma su visón del mundo.

En el caso de la Ley de la familia la analizamos en esta unidad moral-legal. Para ello desarrollaremos un cuadro comparativo de los postulados morales en forma de léxico jurídico entre la iniciativa, Capítulo IV, DE LA FAMILIA, Art 18*, y su aprobación, Capítulo V, DE LA FAMILIA, Art. 26; así como el comentario correspondiente.


El cuadro nos indica que la iniciativa se enmarca en postulados morales, específicamente de una moral conservadora, que al pasar al texto aprobado en esencia sigue manteniendo el mismo carácter, la última fila del cuadro así lo demuestra.

La aprobación

Por medios de comunicación se dio a conocer que la propuesta de La ley de la familia fue cabildeada por parte del gobierno del estado con el nuevo arzobispo de Puebla Víctor Sánchez Espinosa[1] y presentada por el Presidente de la Gran Comisión del Congreso José Othón Bailleres Carriles (PRI). Durante la sesión del Congreso del 12 de marzo llegaron al recinto legislativo diferentes ONG´s a manifestarse para que votaran en contra de la llamada “Ley Bailleres” o Ley de la familia; para hacer contrapeso los legisladores Eduardo Rivera Pérez y Manuel Janeiro Fernández (PAN) mandaron traer a jóvenes para apoyar la reforma. En un acto de intolerancia el diputado Bailleres solicito que ingresara la fuerza pública, finalmente la reforma fue aprobada en lo general por los 29 de 41 legisladores.

Es de llamarse la atención que: 1. La aprobación de La ley de la familia es una imposición, toda vez que no existió información, análisis y consenso entre la ciudadanía. 2. Los legisladores que votaron en contra (PRI, PRD, PT, PC) de la Ley de la familia demostraron su incapacidad para crear los mecanismos necesarios para que el tema fuera decido por la ciudadanía, o por lo menos para posponer el debate. 3. Los diputados en general legislan de acuerdo a las coyunturas políticas dejando a la población en total vulnerabilidad dado que solamente se le utiliza para dichos fines. Y 4. La conveniencia política de los legisladores y sus partidos ha llegado a tal grado que se han erigido por encima del pueblo mexicano y por debajo de un sector social que no fue elegido constitucionalmente pero con gran poder político-económico que trata de imponer su ideología, sus normas, su visión de la vida y del mundo.

Los temas de fondo

El sistema de salud. La epidemia de influenza (gripe) humana, con la variación del virus A(H1N1), ha puesto al descubierto el desmantelamiento de la salud pública. En lo que concierne a mecanismos de prevención, sanación y rehabilitación, se evidencio que ni siquiera la primer etapa tenemos garantizada, tan es así que de acuerdo con el informe del 14 de mayo de 2009 de la Organización Mundial de la Salud “...Se habían notificado 2446 casos humanos confirmados mediante pruebas de laboratorio, 60 de ellos mortales, en México;…”[2]. A nivel de investigación el gobierno mexicano se vio en la necesidad de apoyarse en los países del norte para saber con exactitud de que virus se trataba. Lo que es peor, el gobierno federal había determinado en 2007 un presupuesto de 300 millones de pesos para las vacunas contra la influenza[3], sin contar que del presupuesto general para la salud se destina casi un 60% para el seguro popular, programa social que en nada resuelve la salud de los mexicanos. En lo que concierne a los medios para controlar la epidemia, el Estado mexicano no dudo en confinar a las personas en sus casas, prohibir eventos masivos, vinculación física con personas, hechos que no tendrían relevancia de no ser porque en países europeos a pesar de que sabían de la magnitud de la epidemia los gobiernos de aquellos países no asumieron las mismas medidas que en nuestro país; lo sucedido en México es más una simulación de estado de sitio que de control de salud.
El aborto. Hemos retomado la situación que se dio con la epidemia para ver la magnitud del problema existente respecto a temas de salud pública. En el caso del aborto se enfoca a evitarlos legalmente, aunque quien tenga recursos económicos podrá ir a otro estado o país que no penalice esa práctica.

Para analizar el aborto tenemos que contextualizarlo, enfocándolo en tres ejes fundamentales: prevención, intervención en crisis y rehabilitación. Es decir, los abortos son prevenibles, para ello se requiere de una educación sexual integral (ver el acto sexual no solo como proceso fisiológico, sino también como salud mental), un aumento del nivel cultural de las/los jóvenes que les permita construir un proyecto de vida que integre las motivaciones y aspiraciones personales con la conciencia de contribuir en el ámbito social a la dignidad humana (lo cual se logra formándolas/los desde los primeros años de vida). La intervención en crisis se refiere al ámbito jurídico que otorga atención médica, como lo estipula nuestra Constitución “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud….” (art. 4). Cabe recordar que quienes controlan el ámbito legal también controlan lo ilegal, no es fortuito que ha sabiendas de que en diarios impresos se anuncian “clínicas o personas que apoyan con ¿embarazos no deseados?”, lugares que laboran en las condiciones más insalubres, sigan funcionando sin sanción alguna. Por ello, esta penalización del aborto lejos de resolver el problema orilla a un actuar ilegal. La rehabilitación se refiere a otorgar el apoyo médico y de terapia psicológica, así como todo lo necesario para que al continuar su vida asimile las consecuencias de sus decisiones y no se asuma como la persona “indigna” de la familia y de la sociedad.

Enfermedades pendientes. La diabetes, el virus de papiloma humano que origina cáncer cervicouterino y el SIDA por mencionar algunas de las enfermedades degenerativas y mortales que deberían ser tema prioritario en el ámbito de salud, vemos que siguen quedando relegados a segundo termino, es decir son tema de coyuntura política, no de protección de la vida de compatriotas. Es innegable que sigue habiendo un uso político de la ley, existe una perversión de la política como carrera para escalar y obtener beneficios personales; este es uno de lo hechos de que el pueblo mexicano ha dejado de creer en las instituciones, siendo la corrupción y el nepotismo los conceptos que caracterizan a los funcionarios públicos. De igual manera, los intereses económicos privados, por ejemplo empresas transnacionales o grandes terratenientes, tienen un impacto cada vez mayor en los derechos económicos y sociales de la población de la comunidad en la que están ubicados. Sobre todo por que hay un impacto negativo sobre los derechos humanos, lo cual va acompañado de autoridades que no intervienen cuando personas no identificadas, que presuntamente actuaban en nombre de intereses económicos privados, han atacado a organizaciones sociales, indígenas, campesinas, populares y hasta defensores de los derechos humanos. A estas alturas nos seguimos preguntando ¿hasta cuándo el Estado entenderá que no se debe subestimar al pueblo mexicano?

Este artículo fue elaborado entre:

La Liga Estudiantil Democrática (LED), integrante del

Frente Nacional de Lucha por el Socialismo (FNLS)

y
La Red de Defensa de los Derechos Humanos (REDDH)

jueves, 30 de julio de 2009

LA RIEMS Y EL NUEVO MAPA CURRICULAR


UN ANÁLISIS COMPARATIVO DE LOS MAPAS CURRICULARES VIGENTE, PLANTEL 17 Y EL MAPA CURRICULAR GENERAL APLICABLE A TODAS LAS ESCUELAS (RIEMS)

Elaborado por Trabajadores del Colegio de Bachilleres/El teclado rojo

La Reforma Integral a la Educación Media Superior (RIEMS) es el plan de estudios que se implementará a partir del 24 de agosto de 2009 en todas las escuelas de nivel bachillerato. A continuación presento al lector un análisis curricular obtenido a partir de la página de Internet del Colegio de Bachilleres (http://www.cbachilleres.edu.mx/) en lo que respecta al mapa curricular vigente en todos los planteles del ColBach, la segunda columna de cada tabla estará dedicada al plan de estudios piloto implementado a partir de 2003 en el plantel 17 y que será destruido para ser reemplazado por la tercera columna. La fuente de la tercera columna es la información facilitada a los trabajadores del Colegio de Bachilleres, quienes recibieron la información directamente de su sindicato, documentos que las autoridades se negaron a distribuir entre la comunidad estudiantil y los sectores democráticos del Sindicato de Trabajadores del Colegio de Bachilleres se encargaron de masificar. El que suscribe buscó información en la página del ColBach sin encontrar nada respecto al nuevo plan curricular. La cobardía de las autoridades del Colegio de Bachilleres se hace patente, en tanto en un primer momento han retirado la RIEMS de su portal de Internet, ahora nos ocultan el nuevo mapa curricular para mantenernos desinformados e imponer una reforma privatizadora, asesina de la calidad educativa usurpando su respetable manto para presentarse como aquella. A los estudiantes, y egresados se nos ha negado la información sobre el contenido no sólo de la RIEMS, sino de la reforma curricular, así como de los nuevos materiales de estudio.

Entre las materias y capacitaciones que desaparecerán con la nueva reforma curricular se encuentran:

Administración de Recursos Humanos
Administración y desarrollo de negocios
Biblioteconomía
Contabilidad
Dibujo Arquitectónico y Construcción
Dibujo Industrial
Empresas turísticas
Informática
Laboratorista químico

Cálculo Diferencial e Integral
Estadística Descriptiva e Inferencial

Ciencias de la Salud
Temas selectos de Bioquímica
Temas Selectos de Física Moderna


Administración
Ciencias de la comunicación
Derecho
Economía
Inglés Avanzado
Sociología

Todo esto a cambio de unos cursos patito de inglés reinciando, socializando y del lado de informática, en lugar de enseñarnos a programar como es el caso de los estudiantes del SEA (a quienes también afecta la reforma)reemplazarán toda capacitación y materias informáticas a cambio de ofimática (¿Office Max?), es decir algo no muy lejano, una capacitación de cortísima duración para manejar herramientas de oficina ¡Vaya reforma asesina!. El caso de la filosofía es igualmente lamentable con el reemplazo por dosis que nada tienen que ver con filosofía pura y dura para suplantarle con "Construcción de la ciudadanía" "Formación humana" y otras tantas ocurrencias que nada tienen que ver con la filosofía, sino con formación civica y ética que más bien se imparte en las secundarias.

Las "competencias educativas" y el darwinismo pedagógico

Escrito por Renán Vega Cantor
El término competencias aplicado a la educación se ha convertido rápidamente en un soporte fundamental de la estrategia del neoliberalismo pedagógico. Si se revisa cierta documentación al respecto, originada en los más diversos lugares del mundo, se encuentra una increíble repetición de ese vocablo. Lo emplean en Estados Unidos, en la Unión Europea, en los países de Europa del Este, en América Latina, en el sudoeste asiático y donde nos imaginemos. Pero es bueno preguntarse a qué se debe esa unanimidad y qué intereses se encuentran detrás del uso masivo de la noción de competencias educativas.
1. Las competencias y las exigencias laborales del capitalismo
Cabe mencionar que, en términos educativos, la utilización del término competencias es muy reciente. La primera vez que se empleó fue en 1992 en los Estados Unidos, cuando la Secretaria de Trabajo de ese país conformó una comisión de expertos que elaboró un documento titulado «Lo que el trabajo requiere de las escuelas». Nótese que el informe es elaborado por la Secretaria de Trabajo y no la Secretaria de Educación lo que muestra desde un principio quién determina la importancia de las competencias. En el mencionado documento se señala que el sistema educativo debe proporcionar un conjunto de destrezas para que los estudiantes enfrenten los retos del mundo del trabajo (1). Según la llamada Comisión SCANS (The Secretaries Commission on Achieving Necessary Skills) del Departamento de Trabajo de los Estados Unidos, el mejoramiento de la calidad de la educación que apunte a la formación de competencias prácticas reduce la deserción escolar, genera individuos competentes en el mercado laboral y, como resultado, los productos y servicios brindados por los Estados Unidos serán más competitivos en el mercado mundial. En dicho informe se recalca que para lograr un alto rendimiento en las empresas se deben desarrollar nuevos métodos que combinen las exigencias de las tecnologías con las destrezas del trabajador. Las decisiones operacionales se tienen que tomar a nivel de la línea de producción, recurriendo a las habilidades del trabajador de pensar creativamente y resolver problemas. Las metas productivas dependen del factor humano, de que los trabajadores se desempeñen cómodamente con la tecnología y con los sistemas complejos de producción, siendo capaces de trabajar en equipo y con una sed insaciable de seguir aprendiendo (2).
Se está explicitando, entonces, la relación entre los cambios del mundo laboral y una nueva formación educativa que considere al mismo tiempo la capacidad de gestión, la capacidad de aprender y la capacidad de trabajo grupal. De allí se deriva una relación directa entre los cambios tecnológicos y la organización del trabajo y entre la transformación de los procesos productivos, las condiciones de empleo y la capacitación de los «recursos humanos». A partir de ese momento se empieza a utilizar la noción de competencias en lugar de la de calificaciones, puesto que se «teme que la vieja defensa de las condiciones de trabajo en los convenios colectivos, con sus categorías estrictamente definidas sobre la base de funciones y tareas, conspire contra la flexibilidad y la polivalencia de los trabajadores. Ahora se habla de `competencias’, como el potencial completo de talentos y habilidades que tiene que ser captado, registrado, aprovechado y promovido por la empresa» (3).
Del mismo modo, en 1997 el Consejo Europeo reunido en Ámsterdam recomendaba «conceder la prioridad al desarrollo de competencias profesionales y sociales para una mejor adaptación de los trabajadores a la evolución del mercado laboral.» Y uno de los emisarios educativos de la Unión Europea, agrega, por si las dudas, que en la escuela ya no es importante la transmisión de conocimientos puesto que «el saber se ha convertido, en nuestras sociedades y nuestras economías que evolucionan rápidamente, en un producto perecedero. Lo que aprendemos hoy estará obsoleto o será incluso superfluo el día de mañana» (4).
La CEPAL, la UNESCO y otras entidades burocráticas similares no podían quedarse rezagadas en esta declaración de principios sobre la conveniencia de desarrollar competencias en concordancia con la emergencia de la «sociedad del conocimiento», los cambios en el mercado de trabajo, la competitividad mundial y otras figuras retóricas por el estilo y pronto hicieron sus respectivas declaraciones sobre el tema (5). Pese a todo, el abanderado planetario número uno de las competencias, como cosa rara, ha sido el Banco Mundial, el cual en su más reciente informe sobre la educación indica su alcance: «El concepto de competencias posee varias características. Las competencias están estrechamente relacionadas con el contexto, combinan capacidades y valores interrelacionados, se pueden enseñar (aunque también es posible adquirirlas por fuera del sistema educativo formal) y ocurren como parte de un continuo. El hecho de poseer competencias clave contribuye a una mayor calidad de vida en todas las áreas». Luego precisa el significado de competencias, entendidas como competitividad económica: para desempeñarse en la economía mundial y en la sociedad global se necesita dominar habilidades de índole técnica, interpersonal y metodológica. Las habilidades técnicas comprenden las habilidades relacionadas con la alfabetización, idiomas extranjeros, matemáticas, ciencias, resolución de problemas y capacidad analítica. Entre las habilidades interpersonales se cuentan el trabajo en equipo, el liderazgo y las habilidades de comunicación. Las habilidades metodológicas abarcan la capacidad de uno aprender por su propia cuenta, de asumir una práctica de aprendizaje permanente y de poder enfrentarse a los riesgos y al cambio (6).
Anota también que «los cimientos de la educación para la economía del conocimiento constan de un conjunto de competencias y conocimientos básicos. Además de proporcionar las herramientas para una participación eficaz en la economía y la sociedad del conocimiento, estas competencias se asocian con importantes beneficios sociales» (7).
2. Neoliberalismo educativo: Lucha a muerte entre competentes e incompetentes
En lengua castellana el término competencias tiene por lo menos tres acepciones: un sujeto tiene aptitud para algo (para la música, el arte, los idiomas); determinada situación tiene o no que ver con alguien (le compete o no le compete); y, hace alusión a enfrentamiento, lucha o disputa (como cuando se habla de una competencia deportiva). Pues bien, las competencias tal y como las entienden el Banco Mundial y los demás organismos del capitalismo actual está referida básicamente a la última acepción del vocablo en castellano, es decir, a la lucha y al enfrentamiento, específicamente en el terreno de la economía mundial. Para asumir esa competencia a muerte entre países, empresas e individuos se hace necesario modificar los sistemas educativos nacionales para ponerlos en consonancia con los cambios económicos y laborales de los últimos tiempos. En esa perspectiva, la formación educativa general de las personas no es importante, porque ya no es funcional al capitalismo. Ahora deben desarrollarse competencias que favorezcan la adaptabilidad de los «recursos humanos» al mercado competitivo mundial. En momentos en que lo importante son las destrezas y la empleabilidad se ataca la función de la instrucción educativa general, cuestionando su papel como transmisora de saberes. Se exaltan, en esa dirección, las doctrinas pedagógicas que proponen la «evaluación por competencias» ya que éstas «privilegian la competencia -»conjunto integrado y funcional de saberes, saber hacer, saber ser, saber lograr, que permita, ante una serie de situaciones, adaptarse, resolver problemas y realizar proyectos»- frente al conocimiento». (8). En estos instantes ya no sería importante poseer una cultura común, puesto que lo crucial es acceder a nuevos saberes y responder ante situaciones imprevistas.
A quien puede sorprender que entre las competencias reclamadas estridentemente por las empresas se encuentre en primer lugar el adiestramiento en tecnologías de la información y la comunicación, pero no para formar ingenieros de sistemas ni mucho menos sino para que los niños y jóvenes de las ciudades estén inmersos desde la escuela en un medio dominado por pantallas, teclados y ratones, respondan positivamente a las «ordenes» de un computador y se adapten a las permanentes modificaciones de los programas informáticos. Como ese es el objetivo básico de la introducción de las Tecnologías de Información y Comunicación, TIC, en la escuela, se entiende porque se invierte tanto en máquinas y recursos técnicos pero no en mejorar la infraestructura de los planteles, ni en renovar los pupitres, ni en contratar nuevos profesores. Pero las TIC también cumple la función de asegurar la máxima flexibilización profesional de los futuros trabajadores, para que éstos se sigan formando a lo largo de su vida, es decir, estén actualizándose perpetuamente «de la cuna a la tumba», renovando sus destrezas y habilidades para servir a los capitalistas. Si todos los trabajadores han aprendido a utilizar Internet para acceder a la información, es muy fácil presionarles para que mantengan el nivel de su competitividad profesional durante sus fines de semana, sus vacaciones o sus noches empleando ordenadores y conexiones que pagan de su propio bolsillo. Este es el sentido de un anuncio publicitario del grupo Sysco Systems en el que se ve a un hombre sentado en un banco público navegando por la red con un ordenador portátil, cuyo texto decía: «aprenda cómo reducir sus costes de formación en un 60 por ciento» (9).
De aquí se deriva el asunto de la flexibilidad, otro elemento clave relacionado con las competencias. Si el mercado laboral se ha hecho flexible -vocablo con el que se debe entender que los trabajadores ya no tendrán puesto fijo durante toda la vida, los sindicatos están prohibidos y predomina la lucha de todos contra todos para sobrevivir- la educación también debe ser flexible y adaptable a los requerimientos del mercado de trabajo. Esta es la razón por la cual en los últimos tiempos ha emergido, en el mercado de saberes pedagógicos, la noción de flexibilidad. Esta se utiliza para responsabilizar al trabajador de su propia formación para que sea competente y funcional al capitalismo. El planteamiento de la formación continua en cada país debe servir para que los recursos naturales sean flexibles, rentables, competitivos y sirvan a sus empresas. Trabajador que no lo haga ya no será empleable, ni siquiera será un «recurso humano» sino un desecho, y esto por una razón muy sencilla: para el capitalismo se es competente hoy pero inútil mañana. En esa lógica, solamente será competente aquel trabajador que posea los medios necesarios para adaptar continuamente sus conocimientos a las necesidades del mercado. Al respecto, la Comisión Europea sostiene: En el seno de las sociedades del conocimiento, el papel principal corresponde a los propios individuos… El factor determinante es esta capacidad que posee el ser humano de crear y explotar conocimientos de manera eficaz e inteligente, en un entorno en perpetua evolución. Para sacar el mejor partido de esta aptitud, los individuos deben tener la voluntad y los medios de hacerse cargo de su destino (10).

Las "competencias educativas" y el darwinismo pedagógico (2)


Estructurar la educación a partir de las competencias, tal y como las entienden el Banco Mundial, La CEPAL y otros organismos burocráticos de ese estilo, significa que los sistemas educativos nacionales asumen de manera forzosa los supuestos de la competitividad en la era de la «sociedad de la información», sin importar el sentido profundo de la educación que debería buscar la formación integral de los seres humanos. Por eso, el Banco Mundial, basándose en su cruda visión economicista, presiona a los países para que estructuren su sistema educativo basándose en la eficacia, entendida en términos de costos, y para que asuman como prioridad la educación primaria y el suministro de insumos tecnológicos que favorezcan la adquisición de lo que el nuevo «pedagogo financiero» entiende por competencias básicas. Para ello, la educación debe ofrecer un variado combo de opciones: educación básica, formación y desempeño laboral docente, competencias… Quienes adquieren las competencias que brinda el sistema educativo adaptado a los requerimientos de los empresarios capitalistas son, lo cual parece una tautología, competitivos. Las competencias educativas se entienden, entonces, en términos de competitividad en el sentido más reduccionista (desde el ámbito de la economía) e inmediatez (ya que deben servir para brindar fuerza de trabajo barata y siempre dispuesta a someterse a las exigencias del capital). En el marco de las competencias se les exige a los futuros trabajadores, que hoy están en la escuela, adaptabilidad permanente, de donde se deriva que los trabajadores se ven obligados a adaptarse a un entorno productivo que cambia sin cesar: porque las tecnologías evolucionan, los productos cambian, las reestructuraciones y las reorganizaciones conducen a cambiar de puesto de trabajo, porque la competitividad precariza el empleo. Estos incesantes reciclajes cuestan mucho tiempo y dinero. Iniciar a un trabajador en las particularidades de un entorno de producción específico es una inversión larga y pesada, que retrasa la puesta en marcha de las innovaciones. La multiplicación de costos, derivada de la fuerte rotación de la mano de obra y de las tecnologías, se vuelve rápidamente prohibitiva (11).

Pero, como al mismo tiempo, por el tipo de tecnologías empleadas se requiere cierta clase de saberes, se plantea que eso se soluciona implementando un aprendizaje a lo largo de toda la vida útil del trabajador, siendo útil un sinónimo de productivo; en otros términos, ese trabajador debe sujetarse a la lógica de los empresarios capitalistas. Con sus nociones de empleabilidad y productividad, el proyecto de las competencias no tiene ninguna ambición humanista: «No se trata de hacer aprender a todos y durante toda la vida los tesoros de la ciencia, de las técnicas, de la historia, de la economía, de la filosofía, de las artes, de la literatura, de las lenguas antiguas ni de las culturas extranjeras» (12), porque todo esto en términos de las competencias indispensables para acoplarse a la supuesta «sociedad del conocimiento» es inútil, significa pérdida de tiempo, gasto de energía y despilfarro de recursos. Por estas pragmáticas razones, entre las competencias que se pretenden introducir en la escuela se destacan aquellas relacionadas con la aceptación por parte de los trabajadores del «espíritu de empresa» para que acepte con resignación todo el proyecto de la flexibilización, para que no piense en ser «in-competente», como quien dice renuncie a pensar, luchar y resistir la dominación del capital y cualquier tipo de opresión. Hay que formar competencias personales, aptitudes, que sean proclives a la flexibilización laboral y a la despolitización reinante en el mundo contemporáneo. Al respecto la OCDE es rotunda cuando afirma que para difundir la defensa del «espíritu de empresa» se requiere de una estrecha colaboración entre las empresas y la escuela, para que las primeras incidan en la aceptación plena de la «economía de mercado» y sus valores individualistas por parte de los estudiantes, con la finalidad de que éstos aprendan a ser miembros «de un equipo de trabajo, a aceptar recibir órdenes y trabajar con los demás», porque «se trata también de comprender mejor el ritmo de trabajo y estar dispuesto para responder a diferentes exigencias durante las etapas sucesivas de una carrera profesional» (13).

Vistas así las cosas, la educación y el mundo laboral se divide entre quienes son competentes (competitivos) y quienes no lo son. En este sentido, las desigualdades sociales se justifican por el nivel educativo y el grado de competencias y cualificaciones que posean, o no, los individuos. De ahora en adelante los individuos se catalogan en super competentes, competentes, menos competentes y absolutamente incompetentes de acuerdo a los requerimientos del mercado. El derecho a la existencia está siendo dictado por lo que los empresarios capitalistas conciben como útil para producir riqueza, y cuándo un individuo es competente; en el momento en que se ha tornado incompetente es un recurso desechable que se puede botar como un trasto viejo a la caneca de la basura (14).

Adicionalmente, las competencias que las empresas le exigen al sistema educativo para que este se acople a las exigencias del mundo laboral son de tal magnitud que, si no fuera por los intereses que están en juego, sólo podría pensarse que es un mal chiste. Para citar un caso ilustrativo, en un proyecto europeo sobre la investigación de las universidades, una encuesta determinó que las empresas exigen a los egresados la «bobadita» de 17 competencias básicas, a saber: capacidad de aprender; capacidad de aplicar los conocimientos en la práctica; capacidad de análisis y síntesis; capacidad para adaptarse a las nuevas situaciones; habilidades interpersonales; capacidad para generar nuevas ideas (creatividad); comunicación oral y escrita en la propia lengua; toma de decisiones; capacidad crítica y autocrítica; habilidades básicas de manejo de la computadora; capacidad de trabajar en equipo interdisciplinario; conocimientos generales básicos sobre el área de estudio; compromiso ético (valores); conocimientos básicos de la profesión; conocimiento de una segunda lengua; apreciación de la diversidad y multiculturalidad; y habilidades de investigación (15).
Definitivamente, los capitalistas quieren que el sistema educativo en general, y el universitario en particular, formen superhombres acoplados a sus exigencias, porque de ese listado puede decirse que es propio de las fantasías de superman o de los hombres biónicos de las malas series de televisión. Pero, además, esos supermanes del trabajo no deben pensar, porque si uno mira con detenimiento este listado de «competencias básicas» encuentra que no aparece por ningún lado la historicidad, el conocimiento de los valores culturales de un país, ni una formación humanística esencial. Precisamente, todos estos aspectos son inútiles, expresan la incompetencia, y no son funcionales al capitalismo actual. Se exige la preparación de supermanes o superniñas del trabajo pero que no piensen ni actúen más allá del restringido ámbito del mercado capitalista, enfatizando en las competencias informáticas y comunicacionales. Finalmente, lo que se busca es la formación de expertos muy competentes en su restringido campo de conocimiento, pero con la condición de que sean analfabetos políticos. No por casualidad, en la información donde se reseña ese impresionante listado de competencias básicas que las empresas exigen a las universidades, se afirme que la ciencia y la empresa piden inteligencia en lugar de acumulación de saberes que poco aportan a los criterios antes señalados, y no se diga si se trata de agregar valor a los procesos, donde históricamente los resultados del desempeño de los egresados de cualquier nivel escolar, son de una pobreza descomunal, por no decir incompetente; por ello mismo los centros educativos también sufrirán una gran transformación, para pasar de transmisores de información, a centros estimuladores de las inteligencias personales (16).
Queda claro que los saberes que poco aportan a las competencias básicas, tal y como las definen los empresarios capitalistas, son considerados como inútiles o incompetentes. Es lógico pensar que dentro de esos saberes inútiles se encuentren todos aquellos que contribuyen a una formación integral y crítica de cualquier ser humano, entre los cuales deben estar la filosofía, la historia, la literatura, la geografía, la sociología y otras áreas semejantes del conocimiento. Esto, por supuesto, es perfectamente entendible para la lógica neoliberal en la cual no existe vocabulario para la transformación política y social, no existe visión colectiva, no existe direccionamiento social para desafiar la privatización y la comercialización de la escuela, la burda disminución de los trabajos, la liquidación en marcha de la seguridad laboral, o espacios desde los cuales luchar contra la eliminación de los beneficios para el pueblo ahora alquilado estrictamente en un trabajo de medio tiempo básico. En medio de este ataque concertado en lo público, el mercado dirigido por el monstruo destructor del consumidor continúa movilizando los deseos en el interés de producir identidades de mercado y relaciones de mercado que últimamente aparecen como, Teodoro Adorno una vez lo señaló, nada menos que «una prohibición que se piensa a sí misma» (17).
Con respecto a las competencias, puede concluirse que no solamente la educación se ha convertido en un artículo mercantil como los automóviles o los teléfonos móviles, dominado por la lógica de la competencia, sino que además sus resultados deben ser reducidos a «indicadores de desempeño» estandarizados, que midan el grado de adiestramiento («competencias») que han adquirido los usuarios (estudiantes) para ser competitivos en el mercado capitalista (18).
________________________________________
Notas:
1. Leandro Sepúlveda, «El concepto de competencias laborales en educación. Notas para un ejercicio crítico», Revista Digital Umbral 2000, No. 3, enero de 2002, p. 3.
2.Citado en Ignacio Tabares, «La educación como motor del desarrollo», en www.luventicus.org/articulos/02R014.
3. M. Gómez, «Empleo, educación y calificaciones: ¿Dónde está la modernización en el mercado de trabajo?», en http://www.argiropolis.com.ar/
4. Nico Hirtt, «Los tres ejes de la mercantilización escolar», en www.stes.es/nico.
5. CEPAL UNESCO, Educación y conocimiento: eje de la transformación productiva con equidad. Santiago de Chile, 1994.
6.Banco Mundial, Aprendizaje permanente en la economía global del conocimiento. Desafíos para los países en desarrollo,
7. Ibíd., p. 81.
8. N. Hirtt, op. cit.
9. Ibíd.
10. Citado por Nico Hirtt, op. cit.
11. N. Hirtt, op. cit.
12. Ibíd.
13. Citado por Nico Hirtt, op. cit.
14.R. Petrella, «La educación víctima de cinco trampas», en
15. «Las competencias básicas para la sociedad del conocimiento», en

16. Ibíd.

17. H. Giroux, «Pedagogía pública y política de la resistencia: notas para una teoría crítica de la lucha educativa», Opciones Pedagógicas, No. 25, 2002, p. 48 (subrayado nuestro).
18. Michel Apple, «¿Pueden las pedagogías críticas interrumpir las políticas neoliberales», Opciones Pedagógicas, No, 24, 2001, p. 22

jueves, 28 de mayo de 2009

EL PROGRAMA DE TRANSICIÓN

PROGRAMA DE TRANSICIÓN

LA AGONÍA DEL CAPITALISMO Y LAS TAREAS DE LA IV INTERNACIONAL
(1938)
LAS PREMISAS OBJETIVAS DE LA REVOLUCIÓN SOCIALISTA

La situación política mundial del momento, se caracteriza, ante todo, por la crisis histórica de la dirección del proletariado.

La premisa económica de la revolución proletaria ha llegado hace mucho tiempo al punto más alto que le sea dado alcanzar balo el capitalismo. Las fuerzas productivas de la humanidad han cesado de crecer. Las nuevas invenciones y los nuevos progresos técnicos no conducen a un acrecentamiento de la riqueza material. Las crisis de coyuntura, en las condiciones de la crisis social de todo el sistema capitalista, aportan a las masas privaciones y sufrimientos siempre mayores. El crecimiento de la desocupación ahonda a su vez la crisis financiera del Estado y mina los sistemas monetarios vacilantes. Los gobiernos, tanto democráticos como fascistas, van de una quiebra a la otra.

La burguesía misma no ve una salida. En los países en que se vio obligada a hacer su última postura sobre la carta del fascismo marcha ahora con los ojos vendados hacia la catástrofe económica y militar. En los países históricamente privilegiados, vale decir, aquellos en que pueden aún permitirse el lujo de la democracia a cuenta de la acumulación nacional anterior (Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos) todos los partidos tradicionales del capital se encuentran en un estado de confusión que raya, por momentos, con la parálisis de la voluntad. El “ New Deal,” pese al carácter resuelto que ostentaba en el primer período sólo representa una forma particular de confusión, posible en un país donde la burguesía ha podido acumular inmensas riquezas. La crisis actual que está lejos aún de haber completado su curso, ha podido demostrar ya que la política del “ New Deal ”, en los EE.UU. como la política del frente popular en Francia, no ofrece salida alguna del impasse económico.
El cuadro de las relaciones internacionales no tiene mejor aspecto. Bajo la creciente presión de ocaso capitalista los antagonismos imperialistas han alcanzado el límite más allá del cual los conflictos y explosiones sangrientas (Etiopía, España, Extremo Oriente, Europa Central...) deben confundirse infaliblemente en un incendio mundial. En verdad la burguesía percibe el peligro mortal que una nueva guerra representa para su dominación, pero es actualmente infinitamente menos capaz de prevenirla que en vísperas de 1914.

Las charlatanerías de toda especie según las cuales las condiciones históricas no estarían todavía “ maduras ” para el socialismo no son sino el producto de la ignorancia o de un engaño consciente. Las condiciones objetivas de la revolución proletaria no sólo están maduras sino que han empezado a descomponerse. Sin revolución social en un próximo período histórico, la civilización humana está bajo amenaza de ser arrasada por una catástrofe. Todo depende del proletariado, es decir, de su vanguardia revolucionaria La crisis histórica de la humanidad se reduce a la dirección revolucionaria.

EL PROLETARIADO Y SU DIRECCION

La economía, el Estado, la política de la burguesía y sus relaciones internacionales están profundamente afectadas por la crisis social que caracteriza la situación pre­-revolucionaria de la sociedad. El principal obstáculo en el camino de la transformación de la situación pre-revolucionaria en revolucionaria consiste en el carácter oportunista de la dirección proletaria, su cobardía pequeño-burguesa y la traidora conexión que mantiene con ella en su agonía.
En todos los países el proletariado está sobrecogido por una profunda inquietud. Grandes masas de millones de hombres vienen incesantemente al movimiento revolucionario, pero siempre tropiezan en ese camino con el aparato burocrático, conservador de su propia dirección.

El proletariado español ha hechos desde abril de 1931 una serie de tentativas heroicas para tomar en sus manos el poder y la dirección de los destinos de la sociedad. No obstante, sus propios partidos (social-demócratas, stalinistas, anarquistas y POUM) cada cual a su manera han actuado a modo de freno y han preparado así el triunfo de Franco.
En Francia, la poderosa ola de huelgas con ocupación de las fábricas, particularmente en junio de 1936, mostró bien a las claras que el proletariado estaba dispuesto a derribar el sistema capitalista. Sin embargo, las organizaciones dirigentes, socialistas, stalinistas y sindicalistas, lograron bajo la etiqueta del Frente Popular, canalizar y detener, por lo menos momentáneamente, el torrente revolucionario.
La marca sin precedentes de huelgas con ocupación de fábricas y el crecimiento prodigiosamente rápido de los sindicatos industriales en los EE.UU. (el movimiento de la C.I.O.) son la expresión más indiscutible de la aspiración más instintiva de los obreros americanos a elevarse a la altura de la misión que la historia les ha asignado. Sin embargo, aquí también las organizaciones dirigentes, incluso la C.I.O. de reciente creación, hacen todo lo que pueden para detener y paralizar la ofensiva revolucionaria de las masas.
El paso definitivo de la I.C. hacia el lado del orden burgués, su papel cínicamente contra-revolucionario en el mundo entero, particularmente en España, en Francia, en Estados Unidos y en los otros países “democráticos”, ha creado extraor­dinarias dificultades suplementarias al proletariado mundial. Bajo el signo de la revolución de octubre, la política conservadora de los “Frentes Populares” conduce a la clase obrera a la impotencia y abre el camino al fascismo.
Los “Frentes Populares” por una parte, el fascismo por otra, son los últimos recursos políticos del imperialismo en la lucha contra la revolución proletaria. No obstante, desde el punto de vista histórico, ambos recursos no son sino una ficción. La putrefacción del capitalismo continuará también bajo el gorro frigio en Francia como bajo el signo de la swástica en Alemania. Sólo el derrumbe de la burguesía puede constituir una salida.

La orientación de las masas está determinada, por una parte, por las condiciones objetivas del capitalismo en descomposición, y de otra, por la política de traición de las viejas organizaciones obreras. De estos dos factores el factor decisivo, es, por supuesto, el primero; las leyes de la historia son más poderosas que los aparatos burocráticos. Cualquiera que sea la diversidad de métodos de los social traidores (de la legislación “social” de Blum a las falsificaciones judiciales de Stalin), no lograrán quebrar la voluntad revolucionaria del proletariado. Cada vez en mayor escala, sus esfuerzos desesperados para detener la rueda de la historia demostrarán a las masas que la crisis de la dirección del proletariado, que se ha transformado en la crisis de la civilización humana, sólo puede ser resuelta por la IV Internacional.

EL PROGRAMA MÍNIMO Y EL PROGRAMA DE TRANSICION
La tarea estratégica del próximo período -período pre-revolucionario de agitación , propaganda y organización- consiste en superar la contradicción entre la madurez de las condiciones objetivas de la revolución y la falta de madurez del proletariado y de su vanguardia (confusión y descorazonamiento de la vieja dirección, falta de experiencia de la joven). Es preciso ayudar a la masa, en el proceso de la lucha, a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa de la revolución socialista. Este puente debe consistir en un sistema de reivindicaciones transitorias, partiendo de las condiciones actuales y de la conciencia actual de amplias capas de la clase obrera a una sola y misma conclusión: la conquista del poder por el proletariado.
La social-democracia clásica que desplegó su acción en la época del capitalismo progresivo, dividía su programa en dos partes independientes una de otra; el programa mínimo, que se limitaba a algunas reformas en el cuadro de la sociedad burguesa y el programa máximo, que prometía para un porvenir indeterminado el reemplazo del capitalismo por el socialismo. Entre el programa máximo y el programa mínimo no existía puente alguno. La social-democracia no tenía necesidad de ese puente, porque sólo hablaba de socialismo los días de fiesta.
La Internacional Comunista ha entrado en el camino de la social democracia en la época del capitalismo en descomposición, cuando a éste no le es posible tratar de reformas sociales sistemáticas, ni de la elevación del nivel de vida de las masas; cuando la burguesía retoma cada vez con la mano derecha el doble de los que diera con la izquierda (impuestos, derechos aduaneros, inflación "deflación", vida cara, desocupa­ción, reglamentación policíaca de las huelgas, etc.); cuando cualquier reivindicación seria del proletariado y hasta cualquier reivindicación progresiva de la pequeña burguesía, conducen inevitablemente más allá de los límites de la propiedad capitalista y del Estado burgués.
El objetivo estratégico de la IV Internacional no consiste en reformar el capitalismo, sino en derribarlo. Su finalidad política es la conquista del poder por el proletariado para realizar la expropiación de la burguesía. Sin embargo, la obtención de este objetivo estratégico es inconcebible sin la más cuidadosa de las actitudes respecto de todas las cuestiones de táctica, inclusive las pequeñas y parciales.
Todas las fracciones del proletariado, todas sus capas, profesionales y grupos deben ser arrastradas al movimiento revolucionario. Lo que distingue a la época actual, no es que exima al partido revolucionario del trabajo prosaico de todos los días, sino que permite sostener esa lucha en unión indisoluble con los objetivos de la revolución
La IV Internacional no rechaza las del viejo programa “mínimo” en la medida en que ellas han conservado alguna fuerza vital. Defiende incansablemente los derechos democráticos de los obreros y sus conquistas sociales, pero realiza este trabajo en el cuadro de una perspectiva correcta, real, vale decir, revolucionaria. En la medida en que las reivindicaciones parciales –“mínimum”- de las masas entren en conflicto con las tendencias destructivas y degradantes del capitalismo decadente -y eso ocurre a cada paso, la IV Internacional auspicia un sistema de reivindicaciones transitorias, cuyo sentido es el de dirigirse cada vez más abierta y resueltamente contra las bases del régimen burgués. El viejo “programa mínimo” es constantemente superado por el programa de transición cuyo objetivo consiste en una movilización sistemática de las masas para la revolución proletaria.

ESCALA MOVIL DE LOS SALARIOS Y ESCALA MOVIL DE LAS HORAS DE TRABAJO

En las condiciones del capitalismo en descomposición, las masas continúan viviendo la triste vida de los oprimidos, quienes, ahora más que nunca, están amenazados por el peligro de ser arrojados en abismo del pauperismo. Están obligados a defender su pedazo de pan ya que no pueden aumentarlo ni mejorarlo. No es posible ni necesario enumerar las diversas reivindicaciones parciales que surgen a cada rato de circunstancias concretas, nacionales, locales, profesionales. Pero dos calamidades económicas fundamentales, a saber: la desocupación y la carestía de la vida, exigen consignas y métodos generales de lucha.
La IV Internacional declara una guerra implacable a la política de los capitalistas, que es, en gran parte, la de sus agentes, los reformistas, tendiente a hacer recaer sobre los trabajadores todo el fardo del militarismo, de la crisis, del desorden de los sistemas monetarios y demás calamidades de la agonía capitalista. Reivindica el derecho al trabajo y una existencia digna para todos.
Ni la inflación ni la estabilización monetaria pueden servir de consignas al proletariado porque son las dos caras de una misma moneda. Contra la carestía de la vida que, a medida que la guerra se aproxima, se acentuará cada vez más, sólo es posible luchar con una consigna: la escala móvil de los salarios. Los contratos colectivos de trabajo deben asegurar el aumento automático de los salarios correlativamente con la elevación del precio de los artículos de consumo.
Bajo pena de entregarse voluntariamente a la degeneración, el proletariado no puede tolerar la transformación de una multitud creciente de obreros en desocupados crónicos, en menesterosos que viven de las migajas de una sociedad en descomposición. El derecho al trabajo es el único derecho que tiene el obrero en una sociedad fundada sobre la explotación. No obstante se le quita ese derecho a cada instante. Contra la desocupación, tanto de “estructura” como de “coyuntura” es preciso lanzar la consigna de la escala móvil de las horas de trabajo. Los sindicatos y otras organizaciones de masas deben ligar a aquellos que tienen trabajo con los que carecen de él, por medio de los compromisos mutuos de la solidaridad. El trabajo existente es repartido entre todas las manos obreras existentes y es así como se determina la duración de la semana de trabajo. El salario, con un mínimo estrictamente asegurado sigue el movimiento de los precios. No es posible aceptar ningún otro programa para el actual período de transición.
Los propietarios y sus abogados demostrarán “la imposibilidad de realizar” estas reivindicaciones. Los capitalistas de menor cuantía, sobre todo aquellos que marchan a la ruina, invocarán además sus libros de contabilidad. Los obreros rechazarán categóricamente esos argumentos y esas referencias. No se trata aquí del choque “normal” de intereses materiales opuestos. Se trata de preservar al proletariado de la decadencia, de la desmoralización y de la ruina. Se trata de la vida y de la muerte de la única clase creadora y progresiva y, por eso mismo, del porvenir de la humanidad. Si el capitalismo es incapaz de satisfacer las reivindicaciones que surgen infaliblemente de los males por él mismo engendrados, no le queda otra que morir. La “posibilidad” o la “imposibilidad” de realizar las reivindicaciones es, en el caso presente, una cuestión de relación de fuerzas que sólo puede ser resuelta por la lucha. Sobre la base de esta lucha, cualesquiera que sean los éxitos prácticos inmediatos, los obreros comprenderán, en la mejor forma, la necesidad de liquidar la esclavitud capitalista.


LOS SINDICATOS EN LA EPOCA DE TRANSICION

En la lucha por las reivindicaciones parciales y transitorias, los obreros necesitan, ahora más que nunca, organizaciones de masa, ante todo sindicatos. El auge de los sindicatos en Francia y en los Estados Unidos es la mejor respuesta a las doctrinas ultra-izquierdistas que predicaban que los sindicatos estaban “fuera de época”.
Los Bolchevique Leninistas se encuentran en las primeras filas de todas las formas de lucha, aún allí donde se trata de los intereses de los más modestos de la clase obrera. Toman parte activa en la vida de los sindicatos de masa, preocupándose de robustecer y acrecentar su espíritu de lucha. Luchan implacablemente contra toda las tentativas de someter los sindicatos al estado burgués y de maniatar al proletariado con “el arbitraje obligatorio” y todas las demás formas de intervención policial, no sólo son fascistas sino también “democráticas”. Solamente sobre la base de ese trabajo es posible luchar con buen éxito en el seno de los sindicatos contra la burocracia reformista incluidos los stalinistas. Las tentativas sectarias de crear o mantener pequeños sindicatos “revolucionarios” como una segunda edición del partido, significa en el hecho la lucha por la dirección de la clase obrera. Hace falta plantear aquí como un principio inconmovible: el auto-aislamiento cobarde fuera de los sindicatos de masas, equivalente a la traición a la revolución, es incompatible con la pertenencia a la IV internacional.
Al mismo tiempo la IV Internacional rechaza y condena resueltamente todo fetichismo de los sindicatos, propio de los treadeunionistas y de los sindicalistas.
a) Los sindicatos no tienen, y, por sus objetivos, su composición y el carácter de su reclutamiento, no pueden tener un programa revolucionario acabado; por eso no pueden sustituir al partido. La creación de partidos revolucionarios nacionales, secciones de la IV Internacional, es el objetivo central de la época de transición.
b) Los sindicatos, aún los más poderoso, no abarcan más del 20 al 25% de la clase obrera y por otra parte, sus capas más calificadas y mejor pagadas. La mayoría más oprimida de la clase obrera no es arrastrada a la lucha sino episódicamente en los períodos de auge excepcional del movimiento obrero. En estos momentos es necesario crear organizaciones ad-hoc, que abarquen toda la masa en lucha los comités de huelga, los comités de fábrica, y en fin, los soviets.
c) En tanto que organizaciones de las capas superiores del proletariado, los sindicatos, como lo atestigua toda la experiencia histórica, comprendida en ella la experiencia fresca aún de los sindicatos anarco-sindicalistas de España, desenvuelven poderosas tendencias a la conciliación con el régimen democrático burgués. En los períodos agudos de lucha de clases, los aparatos dirigentes de los sindicatos se esfuerzan por convertirse en amos del movimiento de masas para domesticarlo. Esto se produce ya en ocasión de simples huelgas, sobre todo con la ocupación de las fábricas, que sacuden los principios de la propiedad burguesa. En tiempo de guerra o de revolución, cuando la situación de la burguesía se hace particularmente difícil, los jefes de los sindicatos se transforman ordinariamente en ministros burgueses.
Por todo lo que antecede las secciones de la IV Internacional deben esforzarse constantemente no sólo en renovar el aparato de los sindicatos proponiendo atrevida y resueltamente en los momentos críticos nuevos líderes dispuestos a la lucha en lugar de funcionarios rutinarios y carreristas, sino también de crear en todos los casos en que sea posible, organizaciones de combate autónomas que respondan mejor a los objetivos de la lucha de masas contra la sociedad burguesa, sin arredrarse, si fuese necesario, frente a una ruptura abierta con el aparato conservador de los sindicatos. Si es criminal volver la espalda a las organizaciones de masas para contentarse con ficciones sectarias, no es menos criminal tolerar pasivamente la subordinación del movimiento revolucio­nario de las masas al contralor de pandillas burocráticas abiertamente reaccionarias o conservadoras disfrazadas de “progresistas”. El sindicato no es un fin en sí, sino sólo uno de los medios a emplear en la marcha hacia la revolución proletaria.
EI movimiento obrero de la época de transición no tiene un carácter regular e igual sino afiebrado y explosivo. Las consignas, lo mismo que las formas de organización, deben ser subordinadas a ese carácter del movimiento. Huyendo de la rutina como de la peste, la dirección debe prestar atención a la iniciativa de las masas.

Las huelgas con ocupación de fábricas, una de las más recientes manifestaciones de esta iniciativa, rebasan los límites del régimen capitalista normal. Independientemente de las reivindicaciones de los huelguistas, la ocupación temporaria de las empresas asesta un golpe al ídolo de la propiedad capitalista. Toda huelga de ocupación plantea prácticamente el problema de saber quién es el dueño de la fábrica: el capitalista o los obreros.
Si la ocupación promueve esta cuestión episódicamente, el comité de fábrica da a la misma una expresión organizada. Elegido por todos los obreros y empleados de la empresa, el comité de fábrica crea de golpe un contrapeso a la voluntad de la administración.
A la crítica reformista de los patrones del viejo tipo, los “patrones de derecho divino”, del género de Ford, frente a los “buenos” explotadores “democráticos”, nosotros oponemos la consigna de los comités de fábrica como centro de lucha contra unos y otros.
Los burócratas de los sindicatos se opondrán, por regla general, a la creación de comités, del mismo modo que se oponen a todo paso atrevido en el camino de la movilización de las masas. Sin embargo, su oposición será tanto más fácil de quebrar cuanto mayor sea la extensión del movimiento. Allí donde los obreros de la empresa están ya en los períodos “tranquilos” totalmente comprendidos en los sindicatos, el comité coincidirá formalmente con el órgano del sindicato, pero renovará su compo­sición y ampliará sus funciones. Sin embargo, el principal significado de los comités es el de transformarse en estados mayores para las capas obreras que, por lo general, el sindicato no es capaz de abarcar. Y es precisamente de esas capas más explotadas de donde surgirán los destacamentos más afectos a la revolución.
A partir del momento de la aparición del comité de fábrica, se establece de hecho una dualidad de poder. Por su esencia ella tiene algo de transitorio porque encierra en sí dos regímenes inconciliables: el régimen capitalista y el régimen proletario. La principal importancia de los Comités de Fábrica consiste precisamente en abrir un período pre-revolucionario, ya que no directamente revolucionario, entre el régimen burgués y el régimen proletario. Que la propaganda por los Comités de Fábrica no es prematura ni artificial, lo demuestra del mejor modo la ola de ocupación de fábricas que se ha desencadenado en algunos países. Nuevas olas de ese género son inevitables en un porvenir próximo. Es preciso iniciar una campaña en pro de los comités de fábricas para que los acontecimientos no se tomen de improviso.

EL "SECRETO COMERCIAL" Y EL CONTROL OBRERO SOBRE LA INDUSTRIA
El capitalismo liberal basado en la concurrencia y la libertad de comercio se ha eclipsado en el pasado. El capitalismo monopolizador que lo reemplazó, no solamente no ha reducido la anarquía del mercado, sino que, por el contrario, le ha dado un carácter particularmente convulsivo. La necesidad de un “control” sobre la economía, de una “dirección” estatal, de una “planificación” es reconocida ahora - al menos verbalmente - por casi todas las corrientes del pensamiento burgués y pequeño-burgués, desde el fascismo hasta la social-democracia. Para el fascismo se trata sobre todo de un pillaje “planificado” del pueblo con fines militares. Los social-demócratas tratan de desagotar el océano de la anarquía con la cuchara de una “planificación” burocrática. Los ingenieros y los profesores tratan de convertirse en tecnócratas. Los gobiernos democráticos tropiezan en sus tentativas tímidas de “reglamentación” con el sabotaje insuperable del gran capital.
El verdadero nexo entre explotadores y “controladores” democráticos se revela en el hecho de que los señores “reformadores” poseídos de una santa emoción, se detienen en el umbral de los trusts con sus “secretos” industriales y comerciales. Aquí reina el principio de “no intervención”. Las cuentas entre el capital aislado y la sociedad constituyen un secreto del capitalismo: la sociedad no tiene nada que ver con ellas. El “secreto” comercial se justifica siempre, como en la época del capitalismo liberal, por los intereses de la “concurrencia”. En realidad los trusts no tienen secretos entre sí. El secreto comercial de la época actual es un constante complot del capital monopolizador contra la sociedad. Los proyectos de limitación del absolutismo de los “patrones de derecho divino” seguirán siendo lamentables farsas mientras los propietarios privados de los medios sociales de producción puedan ocultar a los productores y, a los consumidores la mecánica de la explotación, del pillaje y del engaño. La abolición del “secreto comercial” es el primer paso hacia un verdadero control de la industria.
Los obreros no tienen menos derechos que los capitalistas a conocer los “secretos” de la empresa, de los trusts, de las ramas de las industrias, de toda la economía nacional en su conjunto. Los bancos, la industria pesada y los transportes centralizados deben ser los primeros sometidos a observación.
Los primeros objetivos del control obrero consisten en aclarar cuales son las ganancias y gastos de la sociedad, empezando por la empresa aislada, determinar la verdadera parte del capitalismo aislado y de los capitalistas en conjunto en la renta nacional, desenmascarar las combinaciones de pasillo y las estafas de los bancos y de los trusts; revelar, en fin, ante la sociedad el derroche espantoso de trabajo humano que resulta de la anarquía del capitalismo y de la exclusiva persecución de la ganancia.
Ningún funcionario del estado burgués puede llevar a cabo esa tarea, cualesquiera que sean los poderes de que fuera investido. El mundo entero ha observado la impotencia del presidente Roosevelt y del presidente del consejo León Blum frente al complot de las “60” o de las “200” familias de sus respectivos países. Para quebrar la resistencia de los explotadores se requiere la presión del proletariado. Los comités de fábrica y solamente ellos pueden asegurar un verdadero control sobre la producción llamando en su ayuda como consejeros y no como tecnócratas a los especialistas honestos y afectos al pueblo: contadores, estadísticos, ingenieros, sabios, etc...
En particular la lucha contra la desocupación es inconcebible sin una amplia y atrevida organización de “grandes obras públicas”. Pero las grandes obras no pueden tener una importancia durable y progresiva, tanto para la sociedad como para los desocupados, si no forman parte de un plan general, trazado para un período de varios años. En el cuadro de un plan semejante los obreros reivindicarán la vuelta al trabajo, por cuenta de la sociedad, en las empresas privadas cerradas a causa de la crisis. El control obrero en tales casos sería sustituido por una administración directa por parte de los obreros.
La elaboración de un plan económico, así sea el más elemental, desde el punto de vista de los intereses de los trabajadores y no de los explotadores, es inconcebible sin control obrero, sin que la mirada de los obreros penetre a través de los resortes aparentes y ocultos de la economía capitalista. Los comités de las diversas empresas deben elegir, en reuniones oportunas, comités de trusts, de ramas de la industria, de regiones económicas, en fin, de toda la industria nacional, en conjunto. En esa forma, el control obrero pasará a ser la escuela de la economía planificada. Por la experiencia del control, el proletariado se preparará para dirigir directamente la industria nacionalizada cuando la hora haya sonado.
A los capitalistas, especialmente aquellos de pequeña y mediana importancia que, a veces, proponen ellos mismos abrir sus libros de cuentas ante los obreros - sobre todo para demostrarles la necesidad de reducir los salarios - los obreros deberán responderles que lo que a ellos les interesa no es la contabilidad de los quebrados o de los semi-quebrados aislados, sino la contabilidad de todos los explotadores. Los obreros no pueden ni quieren adaptar su nivel de vida a los intereses de los capitalistas aislados convertidos en víctimas de su propio régimen. La tarea consiste en reconstruir todo el sistema de producción y de distribución sobre principios más racionales y más dignos. Si la abolición del secreto comercial es la condición necesaria de control obrero, ese control representa el primer paso en el camino de la dirección socialista de la economía.

LA EXPROPIACION DE CIERTOS GRUPOS DE CAPITALISTAS
El programa socialista de la expropiación, vale decir, de la destrucción política de la burguesía y de la liquidación de su dominación económica, no puede, en ningún caso, constituir un obstáculo en el presente período de transición, bajo diversos pretextos, a la reivindicación de la expropiación de ciertas ramas de la industria, vitalísima para la existencia nacional de los grupos más parasitarios de la burguesía.
Así, a las prédicas quejumbrosas de los señores demócratas sobre la dictadura de las “60” familias de los Estados Unidos o de las “200” familias de Francia nosotros oponemos la reivindicación de la expropiación de esos 60 o 200 señores feudales del capitalismo.
De igual modo reivindicamos la expropiación de las compañías monopolizadoras de la industria de guerra, de los ferrocarriles, de las más importantes fuentes de materias primas, etc...
La diferencia entre estas reivindicaciones y la consigna reformista demasiado vieja de “nacionalización” consiste en que: 1) Nosotros rechazamos la indemnización; 2) Prevenimos a las masas contra los charlatanes del Frente Popular que, mientras proponen la nacionalización en palabras, siguen siendo, en los hechos, los agentes del capital; 3) Aconsejamos a las masas a contar solamente con su fuerza revolucionaria; 4) ligamos el problema de la expropiación a la cuestión del poder obrero y campesino.
La necesidad de lanzar la consigna de la expropiación en la agitación cotidiana, por consecuencia, de una manera fraccionada, y no solamente desde un punto de vista de propaganda, bajo su forma general, es provocada porque las diversas ramas de la industria se encuentran en un distinto nivel de desarrollo, ocupan lugares diferentes en la vida de la sociedad y pasan por diferentes etapas de la lucha de clases. Sólo el ascenso revolucionario general del proletariado puede poner la expropiación general de la burguesía en el orden del día. El objeto de las reivindicaciones transitorias es el de preparar al proletariado a la resolución de esta tarea.
LA EXPROPIACION DE LOS BANCOS PRIVADOS Y LA ESTATIZACION DEL SISTEMA DE CREDITOS
El imperialismo significa la dominación del capital financiero. Al lado de los consorcios y de los trusts y frecuentemente arriba de ellos, los bancos concentran en sus manos la dirección de la economía. En su estructura, 105 bancos reflejan bajo una forma concentrada, toda la estructura del capitalismo contemporáneo: combinan la tendencia al monopolio con la tendencia a la anarquía. Organizan milagros de técnica, empresas gigantescas, trusts potentes y organizan también la vida cara, las crisis y la desocupación. Imposible dar ningún paso serio hacia adelante en la lucha contra la arbitrariedad monopolista y la anarquía capitalista si se dejan las palancas de comando de los bancos en manos de los bandidos capitalistas. Para crear un sistema único de inversión y de crédito, según un plan racional que corresponda a los intereses de toda la nación es necesario unificar todos los bancos en una institución nacional única. Sólo la expropiación de los bancos privados y la concentración de todo el sistema de crédito en manos del Estado pondrá en las manos de éste los medios necesarios, reales, es decir materiales, y no solamente ficticios y burocráticos, para la planificación económica.
La expropiación de los bancos no significa en ningún caso la expropiación de los pequeños depósitos bancarios. Por el contrario para los pequeños depositantes la banca del Estado única podrá crear condiciones más favorables que los bancos privados. De la misma manera sólo la banca del Estado podrá establecer para los campesinos, los artesanos y pequeños comerciantes condiciones de crédito privilegia­do, es decir, barato. Sin embargo, lo más importante es que, toda la economía, en primer término la industria pesada y los transportes, dirigida por un Estado mayor financiero único, sirva a los intereses vitales de los obreros y de todos los otros trabajadores.
No obstante, la estatización de los bancos sólo dará resultados favorables si el poder estatal mismo pasa de manos de los explotadores a manos de los trabajadores.


PIQUETES DE HUELGA, DESTACAMENTO DE COMBATE, MILICIA OBRERA, EL ARMAMENTO DEL PROLETARIADO
Las huelgas con ocupación de fábricas son una muy seria advertencia dirigida por las masas no sólo a la burguesía sino también a las organizaciones obreras, comprendida la cuarta Internacional. En 19l9-1920, los obreros italianos ocuparon, por su propia iniciativa las fábricas señalando así a sus propios “jefes” la llegada de la revolución social. Los “jefes” no tomaron en cuenta la advertencia. Los resultados fueron la victoria del fascismo.
Las huelgas con ocupación no son todavía la toma de la fábrica a la manera italiana: pero son un paso decisivo en este camino. La crisis actual puede exacerbar extremadamente la marcha de la lucha de clases y precipitar el desenlace. No hay que creer sin embargo que una situación revolucionaria surge repentinamente. En realidad su aproximación será señalada por toda una serie de convulsiones. La ola de huelgas con ocupación de fábricas es precisamente una de ellas. La tarea de las secciones de la Cuarta Internacional es de ayudar a la vanguardia proletaria a comprender el carácter general y los ritmos de nuestra época y fecundar a tiempo la lucha de masas con consignas cada vez más resueltas y con medidas de organización para el combate.
La exacerbación de la lucha del proletariado significa la exacerbación de los métodos de resistencia por parte del capital. Las nuevas olas de huelgas con ocupación de fábricas pueden provocar y provocarán infaliblemente enérgicas medidas de reacción por parte de la burguesía. El trabajo preparatorio se conduce desde ahora en los estados mayores de los trusts. ¡Desgraciadas las organizaciones revolucionarias, desgraciado el proletariado si se deja tomar nuevamente de improviso!
La burguesía no se limita en ninguna parte a utilizar solamente la policía y el ejército oficiales. En los Estados Unidos, incluso en los períodos de “calma”, mantiene destacamentos amarillos y bandas armadas de carácter privado en las fábricas. Es preciso agregar ahora las bandas de nazis norteamericanas. La burguesía francesa en cuanto sintió la proximidad del peligro movilizó los destacamentos fascistas semilegales e ilegales, hasta en el interior del ejército oficial. Bastará que los obreros ingleses aumenten de nuevo su empuje para que de inmediato las bandas de Lord Mosley se dupliquen, tripliquen, decupliquen en número e inicien una cruzada sangrienta contra los obreros. La burguesía advierte claramente que en la época actual la lucha de clases infaliblemente tiende a transformarse en guerra civil. Los magnates y los lacayos del capital han aprendido en los ejemplos de Italia, Alemania, Austria y otros países, mucho más que los jefes oficiales del proletariado
Los políticos de la Segunda y la Tercera Internacional, al igual que los burócratas de los sindicatos conscientemente cierran los ojos ante el ejército privado dc la burguesía, pues de lo contrario no podrían mantener ni durante 24 horas su alianza con ella. Los reformistas inculcan sistemáticamente a los obreros la idea de que la sacrosanta democracia está más segura allí donde la burguesía se halla armada hasta los dientes y los obreros desarmados.
La Cuarta Internacional tiene el deber de acabar de una vez por todas con esta política servil. Los demócratas pequeño-burgueses incluso los social-demócratas, los socialistas y los anarquistas gritan más estentóreamente acerca de la lucha con el fascismo cuanto más cobardemente capitulan ante el mismo. Las bandas fascistas sólo pueden ser contrarrestadas victoriosamente por los destacamentos de obreros armados que sienten tras de sí el apoyo de millones de trabajadores. La lucha contra el fascismo no se inicia en la redacción de una hoja liberal, sino en la fábrica y termina en la calle. Los elementos amarillos y los gendarmes privados en las fábricas son las células fundamentales del ejército del fascismo. Los piquetes de huelgas son las células fundamentales del ejército del proletariado. Por allí es necesario empezar. Es preciso inscribir esta consigna en el programa del ala revolucionaria de los sindicatos. En todas partes donde sea posible, empezando por las organizaciones juveniles, es preciso constituir prácticamente milicias de autodefensa, adiestrándolas en el manejo de las armas.
La nueva ola del movimiento de masas no sólo debe servir para aumentar el número de esas milicias, sino también para unificarlas por barrios, ciudades y regiones Es preciso dar una expresión organizada al legítimo odio de los obreros en contra de los elementos rompehuelgas, las bandas de pistoleros y de fascistas. Es preciso lanzar la consigna de la milicia obrera como única garantía seria de la inviolabilidad de las organizaciones, las reuniones y la prensa obrera.
Sólo gracias a un trabajo sistemático, constante, incansable valiente en la agitación y en la propaganda, siempre en relación con la experiencia de la masa misma, pueden extirparse de su conciencia las tradiciones de docilidad y pasividad: educar destacamentos de heroicos combatientes, capaces de dar el ejemplo a todos los trabajadores, infligir una serie de derrotas tácticas a las bandas de la contrarrevolución, aumentar la confianza en sí mismos de los explotados, desacreditar el fascismo a los ojos de la pequeña burguesía y despejar el camino para la conquista del poder para el proletariado.
Engels definía el Estado “destacamentos de elementos armados”. El armamento del proletariado es un factor integrante indispensable de su lucha emancipadora. Cuando el proletariado lo quiera, hallará los caminos y los medios para armarse. También en este dominio la dirección incumbe naturalmente a las secciones de la Cuarta Internacional.

LA ALIANZA DE LOS OBREROS Y DE LOS CAMPESINOS
El obrero agrícola es, en la aldea, el hermano y el compañero del obrero de la industria. Son dos partes de una sola y misma clase. Sus intereses son inseparables. El programa de las reivindicaciones transitorias de los obreros industriales es también, con tales o cuales cambios, el programa del proletariado agrícola.
Los campesinos (chacareros) representan otra clase: es la pequeña burguesía de la aldea. La pequeña burguesía se compone de diferentes capas, desde los semi-propietarios hasta los explotadores.
De acuerdo con esto, la tarea política del proletariado de la industria consiste en llevar la lucha de clases a la aldea: solamente así podrá separar sus aliados de sus enemigos.
Las peculiaridades del desarrollo nacional de cada país hallan su más viva expresión en la situación de los campesinos y parcialmente de la pequeña burguesía de la ciudad (artesanos y comerciantes) porque estas clases, por numerosas que sean, representan en el fondo sobrevivencias de formas precapitalistas de la producción. Las secciones de la Cuarta Internacional deben, de la forma más concreta posible, elaborar programas de reivindicaciones transitorias para los campesinos (chacareros) y la pequeña burguesía de la ciudad correspondiente a las condiciones de cada país. Los obreros avanzados deben aprender a dar respuestas claras y concretas a los problemas de sus futuros aliados.
En tanto siga siendo el campesino un pequeño productor “independiente”, tiene necesidad de crédito barato, de precios accesibles para las máquinas agrícolas y los abonos, de condiciones favorables de transportes, de una organización honesta para las negociaciones de los productos agrícolas. Sin embargo los bancos, los trusts, los comerciantes extorsionan al campesinado por todas partes. Sólo los campesinos pueden reprimir este pillaje, con la ayuda de los obreros. Es necesario que entren a actuar comités de chacareros pobres que, en común con los comités obreros y los comités de empleados de banco, tomaran en sus manos el control de las operaciones de transporte, de crédito y de comercio que interesan a la agricultura.
Invocando de manera mentirosa las “excesivas” exigencias de los obreros, la gran burguesía convierte artificialmente el problema del precio de las mercaderías en una cuña que introduce luego entre los obreros y los campesinos, entre los obreros y la pequeña burguesía de las ciudades. Los campesinos, el artesano y el pequeño comerciante, a diferencia del obrero, del empleado y del pequeño funcionario no pueden reclamar un aumento del salario paralelo al aumento de los precios. La lucha burocrática oficial contra la carestía de la vida no sirve más que para engañar a las masas. Los campesinos, los artesanos y los comerciantes, sin embargo, en su condición de consumidores, deben tomar una participación activa, junto con los obreros, en la política de los precios. A las prédicas de los capitalistas relativas a los gastos de producción, de transporte y de comercio, los consumidores deben responder: “muestren vuestros libros, exigimos el control sobre la política de los precios”. Los órganos de este control deben ser los comités de vigilancia de los precios, formados por delegados de las fábricas, los sindicatos, las cooperativas, las organizaciones de campesinos, los elementos de la pequeña burguesía pobre de las ciudades, de los trabajadores del servicio doméstico, etc... De este modo los obreros demostrarán a los campesinos que la razón de la elevación de los precios no consiste en los salarios altos sino en las ganancias excesivas de los capitalistas y en el derroche de la anarquía capitalista.
El programa de la nacionalización de la tierra y de la colectivización de la agricultura debe formularse de tal manera que excluya radicalmente la idea de la expropiación de los campesinos pobres o de la colectivización forzosa. El campesino continuará siendo el campesino de su lote de tierra mientras él mismo lo considere necesario y posible. Para rehabilitar el programa socialista a los ojos de los campesinos es preciso desenmascarar implacablemente los métodos stalinistas de colectivización, dictados por intereses de la burocracia y no los intereses de los campesinos y de los obreros.
La expropiación de los expropiadores tampoco significa el despojo forzoso de los artesanos pobres y de los pequeños comerciantes. Por el contrario, el control de los obreros sobre los bancos y los trusts, y con mayor razón la nacionalización de estas empresas, puede crear para la pequeña burguesía de la ciudad condiciones incompara­blemente más favorables de crédito, de compra y venta, que bajo la dominación ilimitada de los monopolios la dependencia de esas empresas respecto del capital privado será sustituida por la dependencia respecto al Estado, cuya atención a las necesidades de sus pequeños copartícipes y agentes será tanto mayor cuanto más riguroso sea el control de los obreros sobre el mismo.
La participación práctica de los campesinos explotados en el control de las distintas ramas de la economía permitirá a los campesinos decidir por sí mismo el problema de saber si les conviene o no sumarse al trabajo colectivo de la tierra, en qué plazos y en qué escala. Los obreros de la industria se comprometen a aportar en este camino toda su colaboración a los campesinos por intermedio de los sindicatos, de los comités de fábrica y, sobre todo, del gobierno obrero y campesino. La alianza que el proletariado propone no a las clases medias en general, sino a las capas explotadas de la ciudad y el campo, contra todos los explotadores, e incluso los explotadores “medios”, no puede fundarse en la coacción, sino solamente en un libre acuerdo que debe consolidarse en un “pacto” especial. Este “pacto” es precisamente el programa de reivindicaciones transitorias, libremente aceptado por las dos partes.


LA LUCHA CONTRA EL IMPERIALISMO Y CONTRA LA GUERRA
Toda la situación mundial, y por consecuencia también la vida política interior de los diversos países, se hallan bajo la amenaza de la guerra mundial. La catástrofe que se aproxima penetra de angustia, desde ya a las masas más profundas de la humanidad.
La II Internacional repite su política de traición de 1914 con tanta mayor convicción en cuanto la Internacional comunista desempeña ahora el papel del primer violín del patrioterismo. Desde que el peligro de guerra ha tomado un aspecto concreto, los stalinistas, superando con mucho a los pacifistas burgueses y pequeño burgueses, se han convertido en los campeones de la pretendida “defensa nacional”. La lucha revolucionaria contra la guerra recae así enteramente sobre los hombros de la IV Internacional.

La política de los Bolcheviques Leninistas en esta cuestión ha sido formulada en las tesis programáticas del Secretariado Internacional, que todavía ahora conservan todo su valor ( La IV Internacional y la Guerra, mayo de 1934). El éxito del partido revolucionario en el próximo período dependerá ante todo de su política en la cuestión de la guerra y el arte de apoyarse en la experiencia propia de las masas.
En el problema de la guerra más que en todo otro problema, la burguesía y sus agentes engañan al pueblo con abstracciones, fórmulas generales y frases patéticas: “neutralidad”, ”seguridad colectiva”, “armamentos para la defensa de la paz”, “defensa nacional”, “lucha contra el fascismo”, etc... Todas estas fórmulas se reducen, en resumidas cuentas, a que la cuestión de la guerra, vale decir, la suerte de los pueblos, debe quedar en manos de los imperialistas, de sus gobiernos, de su diplomacia, de sus Estados Mayores con todas sus intrigas y complots contra los pueblos.
La IV Internacional rechaza con indignación todas estas abstracciones que juegan entre los demócratas el mismo rol que entre los fascistas: “honor”, “sangre”, “raza”. Pero la indignación no es suficiente. Es preciso ayudar a las masas con criterios, consignas y reivindicaciones transitorias apropiadas para descubrir la realidad para distinguir lo que hay de concreto en el fondo de las abstracciones fraudulentas.
¿”Desarme”? Pero toda la cuestión del desarme consiste en saber quien desarmará y quien será desarmado. El único desarme que puede prevenir o detener la guerra es el desarme de la burguesía por los obreros. Pero para desarmar a la burguesía, es necesario que los obreros, ellos mismos, se armen.
¿“Neutralidad”? Pero el proletariado no es absolutamente neutral en la guerra entre Japón y China, o entre Alemania y la U.R.S.S. ¿Significa esto la defensa de la China y de la U.R.S.S.? Evidentemente, pero no por intermedio de los imperialistas que estrangularon a la China y a la U.R.S.S.
¿Defensa de la patria? Pero bajo esta abstracción la burguesía entiende la defensa de sus ganancias y de su pillaje. Estamos dispuestos a defender la patria de los ataques de los capitalistas extranjeros, una vez que hayamos atado de pies y manos e impedido a nuestros propios capitalistas atacar las patrias de los demás, una vez que los obreros y los campesinos sean los verdaderos amos de nuestro país; una vez que las riquezas del país pasen de manos de una ínfima minoría a las manos del pueblo; una vez que el ejército, de un instrumento de los explotadores se convierta en un instrumento de los explotados.
Es necesario saber traducir estas ideas fundamentales en ideas más particulares y más concretas, según la marcha de los acontecimientos y la orientación y estado de espíritu de las masas. Es necesario por otra parte, distinguir estrictamente del pacifismo del diplomático, del profesor, del periodista, del pacifismo del carpintero, del obrero agrícola, de la lavandera. En el primer caso, el pacifismo es la máscara del imperialismo. En el segundo es la expresión confusa de la desconfianza hacia el imperialismo.
Cuando el pequeño campesino o el obrero hablan de la defensa de la patria, se representan la defensa de su casa, de su familia y de las otras familias contra la invasión del enemigo, contra las bombas y contra los gases. El capitalismo y su periodista entienden por defensa de la patria la conquista de colonias y de mercados y la extensión, por el pillaje, de la parte “nacional” en los beneficios mundiales. El patriotismo y el pacifismo burgués son completas mentiras. En el pacifismo, lo mismo que en el patriotismo de los oprimidos, hay elementos que reflejan, de una parte el odio contra la guerra destructora y de otra parte su apego a lo que ellos creen que es su interés. Es necesario utilizar estos elementos para extraer las conclusiones revolucionarias necesarias. Es necesario saber oponer honestamente estas dos formas de pacifismo y de patriotismo.
Partiendo de estas consideraciones, la IV Internacional apoya toda reivindicación, aún insuficiente, si es capaz de llevar a las masas, aunque sea en un débil grado, a una política más activa a despertar su crítica y a reforzar su control sobre las maquinaciones de la burguesía.
Es desde este punto de vista que nuestra sección americana, sostiene, criticándola, la proposición de la institución de un referéndum sobre la cuestión de la declaración de guerra. Ninguna reforma democrática puede impedir, por ella misma, a los dirigentes provocar la guerra cuando ellos lo quieran. Es necesario hacer abiertamente esta advertencia. Pero cualesquiera que sean las ilusiones de las masas respecto al referéndum, esta reivindicación refleja la desconfianza de los obreros y los campesinos por el gobierno y el parlamento de la burguesía. Sin sostener ni desarrollar las ilusiones de las masas, es necesario apoyar con todas las fuerzas la desconfianza progresiva de los oprimidos hacia los opresores. Mientras más crezca el movimiento por el referéndum, más pronto los pacifistas burgueses se aislarán, más se desacredi­taran los traidores de la Internacional Comunista y más viva se hará la desconfianza de los trabajadores hacia los imperialistas.
Es desde este punto de vista que debe ser sostenida, en adelante, la reivindicación del derecho de voto a los dieciocho años para los hombres y mujeres. Aquel que mañana será llamado a morir por la “patria” debe tener el derecho de hacer oír su voz ahora. La lucha contra la guerra debe consistir, ante todo, en la movilización revolucionaria de la juventud.
Es necesario hacer plena luz sobre el problema de la guerra en todos sus aspectos, principalmente sobre aquel bajo el cual se presenta a las masas en un momento dado.
La guerra es una gigantesca empresa comercial, sobre todo para la industria de guerra. Es por eso que las “doscientas familias” son los primeros patriotas y los principales provocadores de la guerra. El control obrero sobre la industria de guerra es el primer paso sobre “los fabricantes” de la guerra.
A la consigna de los reformistas: impuesto sobre los beneficios de la industria de guerra, nosotros oponemos la consigna de: confiscación de las ganancias y expropiación de las empresas que trabajan para la guerra. Donde la industria de la guerra está “nacionalizada”, como en Francia, la consigna del control obrero conserva todo su valor; el proletariado tiene hacia el estado burgués la misma desconfianza que hacia el burgués individual.
¡Ni un hombre, ni un centavo para el gobierno burgués!
¡Nada de programas de armamento sino un programa de trabajos de utilidad pública!
¡Completa independencia de las organizaciones obreras del control militar-policíaco!
Es necesario arrancar de una vez por todas el destino de los pueblos de las manos de las camarillas imperialistas ávidas y despiadadas que conspiran a sus espaldas. De acuerdo con esto reivindicamos: abolición completa de la diplomacia secreta; todos los tratados y acuerdos deben ser accesibles a cada obrero y campesino. Creación de escuelas militares para la formación de oficiales salidos de las filas de los trabajadores y escogidos por las organizaciones obreras, instrucción militar de los obreros y campesinos bajo el control inmediato de comités obreros y campesinos.
Sustitución del ejército permanente, es decir del cuartel, por una milicia popular en ligazón indisoluble con las fábricas, las minas y los campos.
La guerra imperialista es la continuación y la exacerbación de la política de pillaje de la burguesía. La lucha del proletariado contra la guerra imperialista es la continuación y la exacerbación de la lucha de clase. El comienzo de la guerra cambia la situación y parcialmente los procedimientos de la lucha de clases, pero no cambia ni los objetivos ni la dirección fundamental de la misma.
La burguesía imperialista domina el mundo, es por eso que la próxima guerra, en su carácter fundamental, será una guerra imperialista. El contenido fundamental de la política del proletariado será, en consecuencia, la lucha contra el imperialismo y su guerra. El principio fundamental de esta lucha será: “El enemigo principal está en el país” o “La derrota de nuestro propio gobierno (imperialista) es el menor mal”.
Pero todos los países del mundo no son países imperialistas. Al contrario la mayoría de los países son víctimas del imperialismo. Algunos países coloniales o semi-coloniales intentarán, sin duda, utilizar la guerra para sacudir el yugo de la esclavitud. De su parte la guerra no será imperialista sino emancipadora. El deber del proletariado internacional será el de ayudar a los países oprimidos en guerra contra los opresores, este mismo deber se extiende también a la U.R.S.S y a todo el estado obrero que pueda surgir antes de la guerra. La derrota de todo gobierno imperialista en la lucha contra un estado obrero o un país colonial es el menor mal.
Los obreros de un país imperialista no pueden ayudar a un país anti-imperialista por medio de su gobierno, cualesquiera que sean, en un momento dado, las relaciones diplomáticas entre los dos países. Si los gobiernos se encuentran en alianza temporaria que por la propia naturaleza debe ser incierta, el proletariado del país imperialista debe permanecer en su posición de clase frente a su gobierno y aportar el apoyo a su aliado no imperialista por sus métodos, es decir, por los métodos de la lucha de clases internacional (agitación en favor del estado obrero y del país colonial, no solamente contra sus enemigos, sino también contra sus aliados pérfidos; boicot y huelga en ciertos casos, renuncia al boicot y la huelga en otros, etc...).
Sin dejar de sostener al país colonial y a la U.R.S.S. en la guerra, el proletariado no se solidariza, en ninguna forma, con el gobierno burgués del país colonial ni con la burocracia termidoriana de la U.R.S.S. Al contrario, mantiene su propia independencia política tanto frente a uno como frente a la otra. Ayudando a una guerra justa y progresiva el proletariado revolucionario conquista las simpatías de los trabajadores de las colonias y de la U.R.S.S. Afirma así la autoridad de la IV internacional y puede ayudar por lo tanto, mejor, a la caída del gobierno burgués en el país colonial y de la burocracia reaccionaria de la U.R.S.S.
Al principio de la guerra las secciones de la IV internacional se sentirán inevitablemente aisladas: cada guerra toma de improviso a las masas populares y las empuja del lado del aparato gubernamental. Los internacionalistas deberán marchar contra la corriente. No obstante, las devastaciones y los males de la nueva guerra, que desde los primeros meses dejarán muy atrás los sangrientos horrores de 1914-18 desilusionarán pronto a las masas. Su descontento y su rebelión crecerán por saltos. Las secciones de la IV internacional se encontrarán a la cabeza del flujo revolucionario. El programa de reivindicaciones transitorias adquirirá una ardiente actualidad. El problema de la conquista del poder por el proletariado se planteará con toda su amplitud.
Antes de agotar, o ahogar en sangre a la humanidad, el capitalismo envenena la atmósfera mundial con los vapores deletéreos del odio nacional y racial. El antisemitismo es ahora una de las convulsiones más malignas de la agonía capitalista.
La divulgación tenaz en contra de todos los prejuicios de raza y de todas las formas y matices de la arrogancia nacional del chauvinismo, en particular del antisemitismo, debe entrar en el trabajo cotidiano de todas las secciones de la IV Internacional, como el principal trabajo de educación en la lucha contra el imperialismo y la guerra. Nuestra consigna fundamental sigue siendo:
¡Proletarios de todos los países, uníos!
La fórmula de “gobierno obrero y campesino” aparecida por primera vez en 1917 en la agitación de los bolcheviques fue definitivamente admitida después de la insurrección de Octubre. No representaba en este caso más que una denominación popular de la dictadura del proletariado, ya establecida. La importancia de esta denominación consiste sobre todo en que ponía en primer plano la idea de la alianza del proletariado y de la clase campesina colocada en la base del poder soviético.
Cuando la Internacional Comunista de los epígonos trató de hacer revivir la fórmula de “dictadura democrática de los obreros y campesinos”, enterrada por la historia, dio a la fórmula de “gobierno obrero y campesino” un contenido completamente diferente, puramente “democrático”, vale decir, burgués, oponiéndola a la dictadura del proletariado. Los bolcheviques leninistas rechazaron resueltamente la consigna de “gobierno obrero y campesino” en su interpretación democrático burguesa. Afirmaban entonces y afirman ahora que cuando el partido del proletariado renuncia a salir de los cuadros de la democracia burguesa, su alianza con la clase media no es otra cosa que un apoyo al capital, como ocurrió con los menchevique y los socialistas revolucionarios en 1917, como ocurrió con el partido comunista chino en 1925-1927 y como pasa ahora con los “frentes populares” de España, de Francia y de otros países.
En Abril-Septiembre de 1917, los bolcheviques exigían que los socialistas revolucionarios y los mencheviques rompieran su ligazón con la burguesía liberal y tomaran el poder en sus propias manos. Con esta condición los bolcheviques prometían a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios representantes pequeño burgueses de obreros y campesinos, su ayuda revolucionaria contra la burguesía renunciando, no obstante categóricamente a entrar en el gobierno y a tomar ninguna responsabilidad política por ellos. Si los mencheviques y socialistas revolucionarios habían realmente roto con los cadetes liberales y con el imperialismo extranjero, “el gobierno obrero y campesino” creado por ellos, no hubiera hecho más que acelerar y facilitar la instauración de la dictadura del proletariado. Pero es precisamente por esto que la dirección de la democracia pequeño burguesa se opuso con todas sus fuerzas a la instauración de su propio poder. La experiencia de Rusia demuestra, la experiencia de España y de Francia confirma de nuevo, que aún en las condiciones más favorables los partidos de la democracia pequeño burguesa (socialistas revolucionarios, social demócratas, stalinistas, anarquistas) son incapaces de crear un gobierno obrero y campesino, vale decir un gobierno independiente de la burguesía.
No obstante la reivindicación de los bolcheviques dirigidas a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios: "¡Romped con la burguesía, tomad en vuestras manos el poder!" tiene para las masas un enorme valor educativo. La negación obstinada de los mencheviques y de los socialistas revolucionarios a tomar el poder, que apareció tan trágicamente en las jornadas de julio, los perdió definitivamente en el espíritu del pueblo y preparó la victoria de los bolcheviques.
La tarea central de la Cuarta Internacional consiste en liberar al proletariado de la vieja dirección, cuyo espíritu conservador está en completa contradicción con la situación catastrófica del capitalismo en su decadencia y es el principal freno del progreso histórico. La acusación capital que la IV Internacional lanza contra las organizaciones tradicionales del proletariado es la de que ellas no quieren separarse del semi-cadáver de la burguesía.
En estas condiciones la reivindicación dirigida sistemáticamente a la vieja dirección: "¡Romped con la burguesía, tomad el poder!" es un instrumento extremada­mente importante para descubrir el carácter traidor de los partidos y organizaciones de las II y III Internacional es así como también de la Internacional de Amsterdam.
La consigna de “gobierno obrero y campesino” es empleada por nosotros, únicamente, en el sentido que tenía en 1917 en boca de los bolcheviques, es decir, como una consigna anti-burguesa y anti-capitalista, pero en ningún caso en el sentido “democrático” que posteriormente le han dado los epígonos haciendo, de ella, que era un puente a la revolución, la principal barrera en su camino.

Nosotros exigimos de todos los partidos y organizaciones que se apoyan en los obreros y campesinos, que rompan políticamente con la burguesía y tomen el carro campesino. En este camino de la lucha por el poder obrero prometemos un completo apoyo contra la reacción capitalista. Al mismo tiempo desarrollamos una agitación incansable alrededor de las reivindicaciones que deben constituir, en nuestra opinión, el programa del “gobierno obrero y campesino”.
¿Es posible la creación del gobierno obrero y campesino por las organizaciones obreras tradicionales? La experiencia del pasado demuestra, como ya lo hemos dicho, que esto es por lo menos, poco probable. No obstante no es posible negar categórica­mente a priori la posibilidad teórica de que bajo la influencia de una combinación muy excepcional (guerra, derrota, crack financiero, ofensiva revolucionaria de las masas, etc...)Los partidos pequeño burgueses sin excepción a los stalinistas, pueden llegar más lejos de lo que ellos quisieran en el camino de una ruptura con la burguesía. En cualquier caso una cosa está fuera de dudas: aún en el caso de que esa variante poco probable llegara a realizarse en alguna parte y un “gobierno obrero y campesino” - en el sentido indicado más arriba- llegara a constituirse, no representaría más que un corto episodio en el camino de la verdadera dictadura del proletariado.
Pero es inútil perderse en conjeturas. La agitación bajo la consigna de gobierno obrero y campesino tiene en todos los casos un enorme valor educativo. Y no es por azar: esta consigna, completamente general sigue la línea del desarrollo político de nuestra época (bancarrota, disgregación de los viejos partidos burgueses, quiebre de la democracia, auge del fascismo, aspiración creciente de los trabajadores a una política más activa y más ofensiva). Es por eso que cada una de nuestras reivindicaciones transitorias debe conducir a una sola y misma conclusión política: los obreros deben romper con todos los partidos tradicionales de la burguesía para establecer en común con los campesinos su propio poder.
Es imposible prever cuáles serán las etapas concretas de la movilización revolucionaria de las masas. Las secciones de la IV Internacional deben orientarse en forma crítica a cada nueva etapa y lanzar las consignas que apoyen las tendencias de los obreros a una política independiente, profundicen el carácter de clase de esta política, destruyan las ilusiones pacifistas y reformistas, refuercen la ligazón de la envergadura con las masas y preparen la toma revolucionaría del poder.
Los comités de fábrica son como se ha dicho un elemento de la dualidad del poder en la fábrica. Es por eso que su existencia sólo es posible bajo las condiciones de una creciente presión de las masas. Esto también es cierto para las agrupaciones de masa para la lucha contra la guerra; para los comités de control de precios y para los otros centros de movimiento cuya acción testifica, por sí misma que la lucha de clases ha rebasado el cuadro de las organizaciones tradicionales del proletariado.
No obstante estos nuevos organismos y centros sentirán su falta de cohesión y su insuficiencia. Ninguna de las reivindicaciones transitorias puede ser completamente realizada con el mantenimiento del régimen burgués. Además de la agudización de la crisis social aumentará no sólo el sufrimiento de las masas sino que también su impaciencia, su firmeza y su espíritu de ofensiva. Capas siempre nuevas de oprimidos levantarán la cabeza y lanzarán sus reivindicaciones millones de necesitados, en que los jefes reformistas nunca pensaron, comenzarán a golpear a las puertas de las organizaciones obreras. Los desocupados entrarán en el movimiento. Los obreros agrícolas, los campesinos arruinados o semi-arruinados, las capas proletarizadas de la intelectualidad, todos buscarán un reagrupamiento y una dirección. ¿Cómo armonizar las diversas reivindicaciones y formas de lucha aunque sólo sea en los limites de una ciudad? La historia ya ha respondido a este problema: por medio de los soviets (Consejos) que reúnen los representantes de todos los grupos de lucha. Nadie ha propuesto hasta ahora ninguna forma de organización y es dudoso que se pueda inventar otra. Los soviets no están ligados a ningún programa a priori. Abren sus puertas a todos los explotados. Por esta puerta pasan los representantes de las capas que son arrastradas por el torrente general de la lucha.
La organización se extiende con el movimiento y se renueva constantemente y profundamente. Todas las tendencias políticas del proletariado pueden luchar por la democracia del soviets sobre la base de la más amplia democracia. Es por eso que la consigna de los soviets es el coronamiento del programa de reivindicaciones transitorias.
Los soviets no pueden nacer sino donde el movimiento de las masas entra en una etapa abiertamente revolucionaria. En tanto que eje alrededor del cual se unifican decenas de millones de trabajadores, los soviets desde el momento de su aparición se constituyen en rivales adversarios de las autoridades locales y, en seguida, del mismo gobierno central. Si el comité de fábrica crea los elementos de la dualidad del poder en la fábrica, los soviets abren un período de dualidad del poder en el país.
La dualidad del poder es a su vez el punto culminante del período de transición. Dos regímenes, el burgués y el proletario, se oponen, hostilmente uno al otro. El choque entre ambos es inevitable. De la salida de éste depende la suerte de la sociedad. En caso de derrota de la revolución, la dictadura fascista de la burguesía. En caso de victoria, el poder de los soviets, es decir, la dictadura del proletariado y la reconstrucción socialista de la sociedad.


LOS PAISES ATRASADOS Y EL PROGRAMA DE REIVINDICACIONES TRANSITORIAS
Los países coloniales y semi-coloniales son por su misma naturaleza países atrasados. Pero estos países atrasados viven en las condiciones de la dominación mundial del imperialismo. Es por eso que su desarrollo tiene un carácter combinado: reúnen al mismo tiempo las formas económicas más primitivas y la última palabra de la técnica y de la civilización capitalista. Esto es lo que determina la política del proletariado de los países atrasados: está obligado a combinar la lucha por las tareas más elementales de la independencia nacional y la democracia burguesa con la lucha socialista contra el imperialismo mundial. Las reivindicaciones democráticas, las reivindicaciones transitorias y las tareas de la revolución socialista no están separadas en la lucha por etapas históricas sino que surgen inmediatamente las unas de las otras. Habiendo apenas comenzado a edificar sindicatos el proletariado chino se vio ya obligado a pensar en los soviets. En este sentido, el presente programa es plenamente aplicable a los países coloniales y semi-coloniales, al menos en aquellos que el proletariado es ya capaz de tener una política independiente.
Los problemas centrales de los países coloniales y semi-coloniales son: la revolución agraria, es decir, la liquidación de la herencia feudal y la independencia nacional, es decir, el sacudimiento del yugo imperialista. Estas dos tareas están estrechamente ligadas la una a la otra.
Es imposible rechazar pura y simplemente el programa democrático; es necesario que las masas por sí mismo sobrepasen este programa en la lucha. La consigna de la Asamblea Nacional (o Constituyente) conserva todo su valor en países como la China o la India. Es necesario ante todo armar a los obreros de este programa democrático. Sólo ellos pueden levantar y unir a los campesinos. Sobre la base del programa democrático revolucionario es necesario oponer los obreros a la burguesía "nacional". A una cierta etapa de la movilización de las masas bajo las consignas de la democracia revolucionaria, los soviets pueden y deben surgir. Su rol histórico en cada período dado, en particular su relación con la Asamblea Nacional, está determinado por el nivel político del proletariado, por la ligazón entre éste y la clase campesina, por el carácter de la política del proletariado. Tarde o temprano los soviets deben derribar a la democracia burguesa. Sólo ellos son capaces de llevar hasta el final la revolución democrática y abrir así la etapa de la revolución socialista.
El peso específico de las diversas reivindicaciones democráticas y transitorias en la lucha del proletariado, su ligazón recíproca, su orden de sucesión, está determinado por las particularidades y condiciones propias de cada país atrasado, en una parte considerable, por su grado de atraso. No obstante la dirección general del desarrollo revolucionario puede ser determinada por la fórmula de la revolución permanente en el sentido que definitivamente han dado a esta fórmula las tres revoluciones de Rusia (1905, febrero de 1917 y octubre de 1917).
La Internacional "Comunista" ha dado a los países atrasados el ejemplo clásico de la manera cómo se puede causar la ruina de una revolución llena de fuerza y de promesas cuando en la impetuosa alza del movimiento de masas en China en 1925-1927. la I.C. no lanzó la consigna de la Asamblea nacional y al mismo tiempo prohibió la formación de los soviets. El partido burgués del Kuo-Min-Tang debía según el plan de Stalin "reemplazar" a la vez a la Asamblea Nacional y a los Soviets. Después del hundimiento inevitable de la insurrección de Cantón. la I.C. tomó el camino de la guerra de guerrillas y de los soviets campesinos con una completa pasividad del proletariado industrial. Conducida por este camino a una impasse la I.C. aprovechó la guerra Chino-Japonesa para liquidar de un plumazo la "China Soviética" subordinando no solamente el "Ejercito Rojo" campesino sino también el llamado partido Comunista al Kuo-Min-Tang mismo, es decir de la burguesía.
Después de haber traicionado a la revolución proletaria internacional en nombre de la amistad con los esclavistas democráticos, el KOMINTERN no podía dejar de traicionar igualmente la lucha emancipadora de los pueblos coloniales con un cinismo mucho mayor que con el que lo hiciera antes la II Internacional. La política de los “Frentes Populares” y de la "Defensa Nacional " tiene como uno de sus objetivos hacer con las centenas de millones de hombres de la población colonial, carne de cañón para el imperialismo democrático. La bandera de la lucha de la emancipación de los pueblos coloniales, es decir, de más de la mitad de la humanidad, pasa definitivamente a manos de la IV Internacional

EL PROGRAMA DE REIVINDICACIONES TRANSITORIAS EN LOS PAISES FASCISTAS
Ha pasado bastante tiempo desde que los estrategas de la I.C. proclamaron que la victoria de Hitler no era más que un paso hacia la victoria de Thaelman. Más de 5 años lleva pasados Thaelman en las prisiones de Hitler. Mussolini mantiene a Italia bajo el fascismo desde hace más de 16 años. Mientras tanto, todos los partidos de la Segunda y Tercera Internacionales se han mostrado impotentes no solamente para provocar un movimiento de masas sino también para crear una organización ilegal seria que pueda compararse, aunque sólo sea en cierta medida a los partidos revolucionarios rusos de la época del zarismo.
No hay ninguna razón para ver la causa de estos fracasos en la potencia de la ideología fascista. Mussolini no tuvo jamás ideología alguna y la ideología de Hitler nunca ha sido tomada en serio por los obreros. Las capas de la población a las que el fascismo, en un momento dado, había seducido, es decir, las clases medias, sobre todo, han tenido tiempo de desilucionarse. El hecho de que la pequeña oposición existente se limite a los medios clericales protestantes y católicos, no se explica por la potencia de las teorías semi-delirantes, semi-charlatanescas de la "raza', y de la "sangre" sino ideologías de la democracia y del KOMINTERN.
Después del hundimiento de la Comuna de Paris, una reacción aplastante se prolongó cerca de 8 años. Después de la derrota de la revolución rusa en 1905 las masas obreras quedaron abatidas por casi el mismo tiempo. No obstante en los dos casos no se trató más que de derrotas físicas determinadas por la correlación de fuerzas. En Rusia se trataba, por otra parte, de un proletariado casi virgen. La fracción de los Bolcheviques no contaba entonces más de tres años. La situación era completamente diferente en Alemania donde la dirección pertenecía a potentes partidos los cuales uno tenía 70 años de existencia y el otro cerca de 15. Estos dos partidos que tenían millones de electores se encontraron moralmente paralizados ante la lucha y se rindieron sin combate. No ha habido jamás catástrofe parecida en la historia el proletariado alemán no ha sido batido por el enemigo en un combate; ha sido destruido por la cobardía, la abyección, la traición de sus propios partidos. Nada de extraño tiene que haya perdido la fe en todo lo que estaba habituado a creer desde hace casi tres generaciones. La victoria de Hitler a su vez ha reforzado a Mussolini.
La falta de éxito real del trabajo revolucionario en Italia y en Alemania no tiene otra razón que la política criminal de la social democracia y del Comintern. Para realizar un trabajo ilegal es necesario no solamente la simpatía de las masas, sino también el entusiasmo consciente de sus capas más avanzadas. ¿Pero puede esperarse el entusiasmo en organizaciones que históricamente están en quiebra? Los jefes emigrados son sobre todo agentes del Kremlin o de la G.P.U., desmoralizados hasta la médula de los huesos, o antiguos ministros social-demócratas de la burguesía, que esperan que el milagro los obreros le devolverán sus puestos perdidos. ¿Es posible imaginar, aunque sólo sea por un momento a estos señores en el papel de futuros líderes de la revolución anti­fascista?
Los acontecimientos sobre la arena mundial tampoco han favorecido una conmoción revolucionaria en Italia y Alemania: aplastamiento de los obreros austria­cos, derrota de la revolución española, degeneración del Estado Soviético. En la medida en que los obreros italianos y alemanes dependen de la radio para su información política, se puede decir con seguridad que las emisiones de Moscú, que combinan la mentira termidoriana a la estupidez y la impotencia, constituyen un potente factor de desmoralización para los obreros de los países totalitarios. En este aspecto como en otros Stalin no es más que un auxiliar de Goebbels.
No obstante, los antagonismos de clase que han conducido a la victoria del fascismo, continúan su trabajo aún bajo su dominación y lo roen poco a poco. El descontento de las masas crece. Centenares de miles de obreros abnegados continúan, a pesar de todo, un trabajo prudente de topos revolucionarios. Jóvenes generaciones que no han sufrido directamente el hundimiento de las grandes tradiciones y de las grandes esperanzas, se levantan. La preparación molecular de la revolución está en marcha bajo la pesada loza del régimen totalitario. Pero para que la energía escondida se transforme en movimiento, es necesario que la vanguardia del proletariado haya encontrado una nueva perspectiva, un nuevo régimen, un nuevo programa, una nueva bandera sin tacha.
Es esta la principal dificultad. Es extremadamente difícil para los obreros de los países fascistas orientarse en los nuevos programas. La verificación de un programa se hace por la experiencia. Es precisamente la experiencia del movimiento de masas lo que falta en los países de despotismo totalitario. Es muy probable que sea necesario un gran éxito del proletariado en uno de los países "democráticos" para dar un impulso al movimiento revolucionario en los países dominados por el fascismo.
Una catástrofe financiera o militar puede tener el mismo efecto. Es necesario realizar actualmente un trabajo preparatorio, sobre todo de propaganda, que no dará frutos abundantes sino en el porvenir.
Desde ya se puede afirmar con plena certeza: una vez que haya alumbrado el gran día, el movimiento revolucionario en los países fascistas tomará de golpe una extensión grandiosa y no se detendrá para resucitar cadáveres como el de Weimar.
Es sobre este punto que comienza la divergencia irreductible entre la IV Internacional y los viejos partidos que sobreviven físicamente a su bancarrota. El "Frente Popular" en la emigración es una de las variedades más nefastas y más traidoras de todos los frentes populares posibles. Significa en el fondo la nostalgia impotente de una coalición con una burguesía liberal inexistente. Si tuviera algún éxito, no habría más que preparar una serie de nuevas derrotas del proletariado a la manera española. Es por eso que la propaganda despiadada contra la teoría y la práctica del Frente Popular es la primera condición de la lucha revolucionaria contra el fascismo.
Esto no significa que la IV Internacional rechace las consignas democráticas. Al contrario, y en todas partes bajo su propia bandera. Propone abiertamente su programa al proletariado de los países fascistas. Desde ahora los obreros avanzados del mundo entero están firmemente convencidos que el derrumbamiento de Mussolini y de Hitler y de sus agentes e imitadores, se producirá bajo la dirección de la IV Internacional.

LA SITUACION DE LA U.R.S.S. Y LAS TAREAS DE LA EPOCA DE TRANSICIÓN
La Unión Soviética ha salido de la revolución de Octubre como un Estado obrero. La propiedad estatal de los medios de producción, condición necesaria del desarrollo socialista, ha abierto la posibilidad de un crecimiento rápido de las fuerzas productivas. El aparato del Estado obrero, aislado, sufrió mientras tanto una completa degeneración, transformándose de instrumento de la clase obrera, en instrumento de violencia burocrática contra la clase obrera y en forma creciente, en instrumento de sabotaje de la economía. La burocratización de un Estado obrero, atrasado y aislado, y la transformación de la burocracia en casta privilegiada omnipotente, es la refutación más convincente -no solamente teórica sino práctica- de la teoría del socialismo en un solo país.

Así, el régimen de la URSS encierra contradicciones amenazantes. Pero continúa siendo un régimen de Estado Obrero degenerado. Tal es el diagnóstico social.
El pronóstico político tiene un carecer alternativo: o la burocracia se transforma cada vez más en órgano de la burguesía mundial dentro del Estado Obrero, derriba las nuevas formas de propiedad y vuelve el país al capitalismo; o la clase obrera aplasta a la burocracia y abre el camino hacia el socialismo.
Para las secciones de la IV Internacional los procesos de Moscú no son una sorpresa, ni el resultado de la demencia personal del dictador del Kremlin, sino los productos legítimos del Termidor. Han nacido de fricciones intolerables que existen en el interior de la burocracia soviética, fricciones que a su vez reflejan las contradicciones entre la burocracia y el pueblo y también los antagonismos que se profundizan en el seno del mismo "pueblo". La naturaleza sangrienta y fantástica de los juicios dan el grado de intensidad de esas contradicciones y predicen la proximidad del desenlace.
Las declaraciones públicas de ex agentes del Kremlin en el extranjero que se han negado a regresar a Moscú, han confirmado irrefutablemente, de su parte, que en el seno de la burocracia existen todos los matices del pensamiento político: desde el verdadero bolchevismo (I. Reiss) hasta el fascismo acabado (Th. Butenko). Los elementos revolucionarios de la burocracia, que constituyen una ínfima minoría, reflejan, pasivamente, es cierto, los intereses socialistas del proletariado. Los elementos fascistas contrarrevolucionarios, cuyo número aumenta sin cesar, expresan en forma cada vez más consecuente los intereses del imperialismo mundial. Estos candidatos al rol de "compradores" piensan, no sin razón, que la nueva capa dirigente no puede asegurar su posición privilegiada sin renunciar a la nacionalización, a la colectivización y al monopolio del comercio exterior en nombre de la asimilación de la "civilización occidental", vale decir, del capitalismo. Entre estos dos polos se reparten las tendencias intermedias, más o menos vagas, de carácter menchevique, socialista-revolucionario o liberal, que gravitan hacia la democracia burguesa.
En la llamada sociedad "sin clases" existen, sin ninguna duda, los mismos agrupamientos que en la burocracia, pero con una expresión menos clara y expresados en proporción inversa: son las tendencias capitalistas concientes, predominantes sobre todo, en las capas más prósperas de los kolkoses, pero que representan una pequeña minoría de la población. Pero encuentran una amplia base en las tendencias pequeño burguesas a la acumulación que nacen de la miseria general y que la burocracia alienta concientemente.
Sobre este sistema de antagonismo crecientes que destruyen, cada vez más, el equilibrio social, se mantiene, por métodos de terror, una oligarquía termidoriana, que por ahora se reduce sobre todo a la camarilla bonapartista de Stalin.
Los últimos procesos han sido un golpe contra la izquierda. Esto es cierto también respecto a la represión contra los jefes de la oposición de derecha, porque desde el punto de vista de los intereses y de las tendencias de la burocracia, el grupo de derecha del viejo partido bolchevique, representa un peligro de izquierda. El hecho de que la camarilla bonapartista, temerosa también de sus aliados de derecha, del género de Butenko, se haya visto obligada, para asegurar su mantenimiento, a recurrir a la exterminación, casi general de la vieja generación de bolcheviques es la prueba indiscutible de la vitalidad de las tradiciones revolucionarias en las masas y del descontento creciente de las mismas.
Los demócratas pequeño-burgueses de Occidente, que aceptaban todavía ayer los procesos de Moscú como moneda corriente, repiten ahora con insistencia que “en la U.R.S.S. no hay trotskismo ni trotskistas”. Pero no explican por qué, toda la depuración se hace bajo el signo de la lucha contra este peligro. Si se toma el “trotskismo” como un programa acabado y con más razón como una organización, “el trotskismo” es sin duda, en la U.R.S.S., extremadamente débil. No obstante, su fuerza invencible reside en ser la representación, no solamente de la tradición revolucionaria, sino también de la oposición actual de la clase obrera. El odio social de los obreros por la burocracia, es precisamente lo que a los ojos de la camarilla staliniana es el trotskismo. Teme mortalmente, y con mucha razón, la vinculación de la sorda indignación de los trabajadores con la organización de la IV Internacional.
La exterminación de la vieja generación de bolcheviques y de representantes revolucionarios de la generación media y joven ha destruido todavía más el equilibrio político en favor a la derecha, burguesa, de la burocracia, en todo el país. Es de ahí, es decir, de la derecha, que se puede esperar en el próximo periodo, tentativas cada vez más resueltas de reconstruir el régimen social de la U.R.S.S. aproximándolo a la “civilización occidental”, ante todo en su forma fascista.
Esta perspectiva da un carácter muy concreto a la cuestión de la "defensa de la U.R.S.S.". Si mañana el grupo burgués-fascista o, por así decir, la "fracción Butenko" entra en la lucha por la conquista del poder, la "fracción Reiss" tomará inevitablemente su lugar del otro lado de la barricada. Siendo momentáneamente el aliado de Stalin, esta última defendería, no a la camarilla bonapartista de éste, sino la base social de la U.R.S.S., es decir, la propiedad arrancada a los capitalistas y transformada en propiedad del Estado. Si la "fracción Butenko" se encuentra en alianza militar con Hitler, la "fracción Reiss" defenderá a la U.R.S.S. contra la intervención militar, en el interior de la U.R.S.S. como sobre la arena mundial. Cualquier otra conducta sería una traición.
No es posible negar por adelantado la posibilidad, en casos estrictamente determinados, de un "frente único" con la parte termidoriana de la burocracia contra la ofensiva abierta de la contra revolución capitalista, pero la tarea política principal en la U.R.S.S. sigue siendo, a pesar de todo, el derrocamiento de la burocracia termidoriana. Cada día añadido a su dominación contribuye a socavar los cimientos de los elementos socialistas de la economía y aumentar las posibilidades de la restauración capitalista. En el mismo sentido gravita la Internacional "Comunista" agente y cómplice de camarilla stalinista en el sofocamiento de la revolución española y la desmoralización del proletariado internacional.
Al igual que en los países fascistas, la principal fuerza de la burocracia no está en ella misma, sino en el desaliento de las masas, en la falta de una perspectiva nueva. Al igual que en los países fascistas, de los cuales el aparato político de Stalin difiere sólo en ser de una crudeza más desenfrenada, sólo un trabajo preparatorio de propaganda es actualmente posible en la U.R.S.S. Al igual que en los países fascistas, la impulsión para el movimiento revolucionario de los obreros soviéticos será dada, muy probablemente, por acontecimientos exteriores. La lucha contra el KOMINTERN sobre la arena mundial es actualmente la parte más importante de la lucha contra la dictadura stalinista. Muchos indicios permiten creer que la disgregación del KOMINTERN, que no tiene apoyo directo en la G.P.U., precederá la caída de la camarilla bonapartista y de toda la burocracia termidoriana en general.
El nuevo auge de la revolución en la U.R.S.S. comenzará sin ninguna duda, bajo la bandera de la lucha contra la desigualdad social y la opresión política.
¡ Abajo los privilegios de la burocracia!
¡ Abajo el stajanovismo!
¡ Abajo la aristocracia soviética con sus grados y decoraciones!
¡Más igualdad en el salario de todas las formas de trabajo!
La lucha por la libertad de los sindicatos y los comités de fábrica, por la libertad de reunión y de prensa, se desarrollará en lucha por el renacimiento y regeneración de la democracia soviética.
La burocracia ha reemplazado a los soviets, en sus funciones de órgano de clase, por la ficción del sufragio universal, al estilo de Hitler-Goebbels. Es necesario devolver a los soviets no solamente su libre forma, democrática, sino también su contenido de clase. De la misma manera que antes la burguesía y los Kulaks no eran admitidos en los soviets, ahora la burocracia y la nueva aristocracia deben ser arrojada de los soviets. En los soviets no hay lugar más que para los obreros, para los miembros de base de los Koljoses, los campesinos y los soldados rojos.
La democratización de los soviets es inconcebible sin la legalización de los partidos soviéticos. Los obreros y los campesinos, por sí mismos y por su libre sufragio decidirán qué partidos serán considerados como partidos soviéticos.
¡Revisión completa de la economía planificada en interés de los productores y consumidores! Se debe devolver el derecho de control de la producción a los Comités de fábrica. La cooperativa de consumos, democráticamente organizada, debe controlar la calidad de los productos y sus precios.
¡Reorganización de los Koljoses de acuerdo con la voluntad e interés de los trabajadores que los integran!
La política internacional conservadora de la burocracia debe ser reemplazada por la política del internacionalismo proletario. Toda la correspondencia diplomática del Kremlin debe ser publicada. ¡Abajo la diplomacia secreta!
Todos los procesos políticos montados por la burocracia termidoriana deben ser revisados, bajo una publicidad completa y un libre examen. Los organizadores de las falsificaciones deben sufrir el merecido castigo.
Es imposible realizar este programa sin el derrocamiento de la burocracia que se mantiene por la violencia y la falsificación. Sólo el levantamiento revolucionario victorioso de las masas oprimidas puede regenerar el régimen soviético y asegurar la marcha adelante hacia el socialismo. Sólo el partido de la IV Internacional es capaz de dirigir a las masas soviéticas a la insurrección.
¡Abajo la camarilla bonapartista del Caín-Stalin!
¡Viva la democracia soviética!
¡Viva la revolución socialista internacional!

CONTRA EL OPORTUNISMO Y EL REVISIONISMO SIN PRINCIPIOS
La política del partido de León Blum en Francia demuestra nuevamente que los reformistas son incapaces de aprender nada de las lecciones de la historia. La social democracia francesa copia servilmente la política de la social democracia alemana y marcha hacia la misma catástrofe. En las últimas décadas, la Segunda Internacional ha ligado estrechamente su destino al régimen democrático burgués y está pudriéndose a la par de él.
La Tercera Internacional ha entrado en el camino del reformismo precisamente ahora que la crisis del capitalismo ha puesto definitivamente en el orden del día a la revolución proletaria. La política actual de la II Internacional en España y en China, que consiste en arrastrarse ante la burguesía "nacional" y "democrática", revela que ésta tampoco es capaz de cambiar ni de aprender nada. La burocracia, que en la U.R.S.S. se ha convertido en una fuerza reaccionaria, no puede desempeñar un papel revolucionario en el orden internacional.
En su conjunto, el anarcosindicalismo ha experimentado una evolución del mismo género. En Francia, la burocracia sindical de León Jouhaux desde hace mucho tiempo se ha convertido en una agencia de la burguesía en el seno de la clase obrera. En España, el anarcosindicalismo se desprendió de su revolucionarismo de fachada, desde que apareció la revolución, y se convirtió en la quinta rueda del carro de la democracia burguesa.
Las organizaciones intermedias centristas, que se agrupan en torno al Bureau de Londres, no son más que apéndices "izquierdistas", poniendo en evidencia su absoluta incapacidad para orientarse en una situación histórica y deducir conclusiones revolucionarias. Su punto culminante fue alcanzado por el P.O.U.M. español que frente a una situación revolucionaria resultó ser completamente incapaz de tener una política revolucionaria. Las trágicas derrotas que el proletariado mundial viene sufriendo desde hace una larga serie de años han llevado a las organizaciones oficiales a un conservadurismo todavía más acentuado y, al mismo tiempo, a los "revolucionarios" pequeño-burgueses decepcionados, a buscar "nuevos" caminos. Como siempre en las épocas de reacción y decadencia, por todas partes aparecen magos y charlatanes que quieren revisar todo el desenvolvimiento del pensamiento revolucionario. En lugar de aprender del pasado, lo "corrigen". Unos descubren la inconsistencia del marxismo, otros proclaman la quiebra del bolchevismo. Unos adjudican a la doctrina revolucionaria la responsabilidad de los crímenes y errores de quienes lo traicionan. Otros maldicen a la medicina porque no asegura una curación inmediata y milagrosa. Los más audaces prometen descubrir una panacea y mientras tanto recomiendan que se detenga la lucha de clases. Numerosos profetas de la nueva moral se disponen a regenerar al movimiento obrero con ayuda de una homeopatía ética. La mayoría de estos apóstoles se han convertido en inválidos morales sin batalla. Así, con el ropaje de revelaciones deslumbradoras no se ofrecen al proletariado más que viejas recetas enterradas desde hace mucho tiempo en los archivos del socialismo anterior a Marx.
La IV Internacional declara una guerra implacable a las burocracias de la II y de la III Internacionales, de la Internacional de Amsterdam y de la Internacional anarcosindicalista, lo mismo que a sus satélites centristas; al reformismo sin reformas, al democratismo aliado a la G.P.U., al pacifismo sin paz, al anarquismo al servicio de la burguesía, a los "revolucionarios" que temen mortalmente a la revolución. Todas estas organizaciones no son promesas del porvenir sino supervivencias podridas del pasado. La época de las guerras y de las revoluciones no dejará ni rastros de ellas.
La IV Internacional no busca ni inventa ninguna panacea. Se mantiene enteramente en el terreno del marxismo, única doctrina revolucionaria que permite comprender la realidad, descubrir las causas de las derrotas y preparar conscientemente la victoria. La IV Internacional continúa la tradición del bolchevismo que por primera vez mostró al proletariado cómo conquistar el poder. La Cuarta Internacional desecha a los magos, charlatanes y profesores de moral. En una sociedad basada en la explotación, la moral suprema es la de la revolución socialista. Buenos son los métodos que elevan la conciencia de clase de los obreros, la confianza en sus fuerzas y su espíritu de sacrificio en la lucha. Inadmisibles son los métodos que inspiran el miedo y la docilidad de los oprimidos contra los opresores, que ahogan el espíritu de rebeldía y de protesta, o que reemplazan la voluntad de las masas por la de los jefes, la persuasión por la coacción y el análisis de la realidad por la demagogia y la falsificación. He aquí por qué la social democracia, que ha prostituido el marxismo tanto como el stalinismo, antítesis del bolchevismo, son los enemigos mortales de la revolución proletaria y de la moral de la misma.
Mirar la realidad cara a cara, no buscar la línea de la menor resistencia, llamar a las cosas por su nombre, decir la verdad a las masas por amarga que ella sea, no temer los obstáculos, ser fiel en las pequeñas y en las grandes cosas, ser audaz cuando llegue la hora de la acción, tales son las reglas de la IV Internacional. Ella ha mostrado que sabe marchar contra la corriente. La próxima ola histórica la pondrá sobre su cresta.

CONTRA EL SECTARISMO
Bajo la influencia de la traición y de la degeneración de las organizaciones históricas del proletariado, en la periferia de la IV Internacional han nacido o han degenerado grupos y formaciones sectarias de diferentes géneros. En su base estos núcleos se niegan a luchar por los intereses y las necesidades elementales de las masas, tal como ellas son. La preparación de la revolución significa para los sectarios convencerse a sí mismos de las ventajas del socialismo. Proponen volver la espalda a los viejos sindicatos, esto es, a decenas de millones de obreros. ¡Como si las masas pudieran vivir fuera de las condiciones reales de la lucha de clases! Permanecen indiferentes ante la lucha interna de las organizaciones reformistas. ¡Como si se pudiera conquistar a las masas sin intervenir en esa lucha! Se rehúsan a hacer en la práctica una diferencia entre la democracia burguesa y el fascismo. ¡Cómo si las masas no sintieran esa diferencia a cada paso!
Los sectarios sólo son capaces de distinguir dos colores: el blanco, y el negro. Para no exponerse a la tentación, simplifican la realidad. Rehúsan establecer diferencias entre los campos en lucha en España por la razón de que los dos campos tienen un carácter burgués. Y piensan, por la misma razón, que es necesario permanecer neutral en la guerra de Japón contra China. Niegan la diferencia de principios entre U.R.S.S. y los países burgueses y se rehúsan, vista la política reaccionaria de la burocracia soviética, a defender contra el imperialismo las formas de propiedad creadas por la revolución de Octubre.
Incapaces de encontrar acceso a las masas las acusan de incapacidad para elevarse hasta las ideas revolucionarias. Estos profetas estériles no ven la necesidad de tender el puente de las reivindicaciones transitorias, porque tampoco tienen el propósito de llegar a la otra orilla. Como mula de noria, repiten, constantemente las mismas abstracciones vacías. Los acontecimientos políticos no son para ello la ocasión de lanzarse a la acción, sino de hacer comentarios. Los sectarios del mismo modo que los conlusionistas y los magos, al ser constantemente desmentidos por la realidad, viven en un estado de continua irritación, se lamentan incesantemente del "régimen" y de los "métodos" y se dedican a mezquinas intrigas. Dentro de su propio círculo, estos señores comúnmente ejercen un régimen despótico. La postración política del sectarismo no hace más que seguir como una sombra a la postración del oportunismo, sin abrir perspectivas revolucionarias. En la política práctica los sectarios se unen a cada paso a los oportunistas, sobre todo a los centristas, para luchar contra el marxismo.
La mayoría de los grupos y camarillas sectarias de esta índole, que se nutren de las migajas caídas de la mesa de la IV Internacional, llevan una existencia organizativa "Independiente" con grandes pretensiones, pero sin la menor posibilidad de éxito. Sin perder su tiempo, los bolcheviques leninistas pueden abandonarlos tranquilamente a su propia suerte.
No obstante, también en nuestras propias filas se encuentran tendencias que ejercen una influencia funesta sobre el trabajo de algunas secciones. Es algo que no debe tolerarse un solo días más. La condición fundamental para pertenecer a la IV Internacional es una política justa respecto de los sindicatos. El que no busca ni encuentra el camino del movimiento de masas no es combatiente sino un peso muerto para el partido. Un programa no se crea para las redacciones, las salas de lectura o los centros de discusión, sino para la acción revolucionaria de millones de hombres. La premisa necesaria de los éxitos revolucionarios es la depuración de la IV Internacional del sectarismo y de los sectarios incorregibles.

¡ PASO A LA JUVENTUD!
¡ PASO A LAS MUJERES TRABAJADORAS!
La derrota de la revolución española, provocada por sus “jefes”, la bancarrota vergonzosa del frente popular en Francia y la divulgación de los actos de bandidaje judicial de Moscú, son hechos que en su conjunto asestan a la III Internacional un golpe irreparable y, de paso, causan graves heridas a sus aliados, los socialdemócratas y los anarcosindicalistas. Desde luego, esto no significa que los integrantes de esas organizaciones se orientarán bruscamente hacia la IV Internacional. La generación más vieja, que ha sufrido un terrible descalabro, en su mayor parte abandonará el frente de batalla. De otra parte, la IV Internacional, de ningún modo aspira a transformarse en un refugio de inválidos revolucionarios, burócratas y arribistas decepcionados. Por el contrario, contra la afluencia a nuestras filas de los elementos pequeño-burgueses que dominan en los aparatos dirigentes de las viejas organizaciones, es preciso adoptar las más estrictas medidas preventivas; un largo periodo de prueba para los candidatos que no son obreros, sobre todo, si se trata de ex-burócratas; prohibición de que ocupen puestos responsables en el partido durante los tres primeros años, etc... En la IV Internacional no hay lugar para el arribismo, cáncer de las viejas internacionales. Sólo encontrarán cabida en nuestras filas aquellos que quieran vivir para el movimiento y no a expensas del mismo.
Las puertas de la organización están completamente abiertas para los obreros revolucionarios, que son quienes deben sentirse dueños de la misma. Claro está que aún entre los obreros que en un tiempo ocuparon las primeras filas, actualmente hay no pocos fatigados y decepcionados. Por lo menos en su próximo periodo se mantendrán apartados. Con el desgaste del programa y de la organización manteniendo sobre sus hombros. El movimiento se renueva con la juventud, libre de toda responsabilidad del pasado.
La IV Internacional presta una atención y un interés particularísimo a la joven generación del proletariado. Toda su política se esfuerza por inspirar a la juventud confianza en sus propias fuerzas y en su porvenir. Sólo el entusiasmo fresco y el espíritu beligerante de la juventud pueden asegurar los primeros triunfos de la lucha y sólo éstos devolverán al camino revolucionario a los mejores elementos de la vieja generación. Siempre fue así y siempre será así.
La marcha de las cosas lleva a todas las organizaciones oportunistas a concentrar su interés en las capas superiores de la clase obrera, y, en consecuencia, ignoran tanto a la juventud como a las mujeres trabajadoras. Ahora bien, la época de la declinación del capitalismo asesta a la mujer sus más duros golpes tanto en su condición de trabajadora como de ama de casa. Las secciones de la IV Internacional deben buscar apoyo en los sectores más oprimidos de la clase trabajadora, y por tanto, entre las mujeres que trabajan. En ellas encontrarán fuentes inagotables de devoción, abnegación y espíritu de sacrificio.
¡Abajo el burocratismo y el arribismo!
¡Paso a la juventud!
¡Paso a la mujer trabajadora!
Tales son las consignas inscritas en la bandera de la Cuarta Internacional.

BAJO LA BANDERA DE LA CUARTA INTERNACIONAL
Los escépticos preguntan: ¿Pero ha llegado el momento de crear una nueva Internacional? Es imposible, dicen, crear "artificialmente" una Internacional. Sólo pueden hacerla surgir los grandes acontecimientos, etc. Lo único que demuestran todas estas expresiones es que los escépticos no sirven para crear una nueva Internacional. Por lo general, los escépticos no sirven para nada.
La Cuarta Internacional ya ha surgido de grandes acontecimientos; de las más grandes derrotas que el proletariado registra en la historia. La causa de estas derrotas es la degeneración y la traición de la vieja dirección. La lucha de clases no tolera interrupciones. La Tercera Internacional, después de la Segunda, ha muerto para la revolución.
¡Viva la Cuarta Internacional!
Pero los escépticos no se callan ¿Pero ha llegado ya el momento de proclamarla? La Cuarta Internacional- respondemos- no necesita ser "proclamada". Existe y lucha. ¿Es débil? Sí, sus filas son todavía poco numerosas porque todavía es joven. Hasta ahora se compone sobre todo de cuadros dirigentes. Pero estos cuadros son la única esperanza del porvenir revolucionario, son los únicos realmente dignos de este nombre. Si nuestra Internacional es todavía numéricamente débil, es fuerte por su doctrina, por su tradición, y el temple incomparable de sus cuadros dirigentes. Que esto no se vea hoy, no tiene mayor importancia. Mañana será más evidente.
La Cuarta Internacional goza ya desde ahora del justo odio de los stalinistas, de los social-demócratas, de las liberales burgueses y de los fascistas. No tiene ni puede tener lugar alguno en ningún frente popular. Combate irreductiblemente a todos los grupos políticos ligados a la burguesía. Su misión consiste en aniquilar la dominación del capital, su objetivo es el socialismo. Su método, la revolución proletaria. Sin democracia interna no hay educación revolucionaria. Sin disciplina no hay acción revolucionaria. El régimen interior de la Cuarta Internacional se rige conforme a los principios del centralismo democrático: completa libertad en la discusión, absoluta unidad en la acción.

La crisis actual de la civilización humana es la crisis de la dirección proletaria. Los obreros revolucionarios agrupados en torno a la Cuarta Internacional señalan a su clase el camino para salir de la crisis. Le proponen un programa basado en la experiencia internacional del proletariado y de todos los oprimidos en general, le proponen una bandera sin mácula.
Obreros y Obreras de todos los países, agrupados bajo la bandera de la Cuarta Internacional.
¡Es la bandera de vuestra próxima victoria!


http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1930s/prog-trans/index.htm



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