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viernes, 30 de abril de 2010
NUESTRAS DIFERENCIAS
Un documento de debate, el autor es Trotsky
Introducción
Este documento es importante en la medida que se ensaya la teoría de la revolución permanente:
- No hay por qué esperar a que la burguesía desarrolle las fuerzas productivas, esa es tarea de la libre determinación de los pueblos.
Dedicado a esos que dicen que cuando el proletariado está insurrecto no es momento de expropiar las tierras, las aguas y las fábricas para ponerlas bajo el control democrático del pueblo.
Es justo cuando el pueblo vence en un territorio, la acción inmediata es expropiar, crear autonomía y democracia obrera, indígena, estudiantil ahora que en la UNAM ya se cobran 5 000 pesos por los cursos de educación continua en el edificio Justo Sierra.
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El pacifismo como servidor del imperialismo
Por León Trotsky
Escrito: ca. 1917
Fuente: Leon Trotsky Internet Archive; tomado de Communist International, English Edition, No 5 New Series, donde aparecio sin fecha y con el título: "Pacifism As the Servant of Imperialism"
Traducción del inglés y digitalización: Federico Poore
Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2003
Jamás hubo tantos pacifistas en el mundo como ahora, cuando en todos los países los hombres se matan entre ellos. Cada época histórica tiene no sólo su propia técnica y su propia forma política, sino también una hipocresía propia de sí misma. Alguna vez las personas se destruyeron entre ellas en nombre de la enseñanza Cristiana de amar a la humanidad. Ahora sólo gobiernos atrasados apelan a Cristo. Naciones progresivas se cortan las gargantas unas a otras en nombre del pacifismo. Wilson arrastra a los Estados Unidos a la guerra en nombre de la Liga de las Naciones, y la paz perpetua. Kerensky y Tseretelli llaman a la ofensiva en aras de una paz temprana.
Escrito: ca. 1917
Fuente: Leon Trotsky Internet Archive; tomado de Communist International, English Edition, No 5 New Series, donde aparecio sin fecha y con el título: "Pacifism As the Servant of Imperialism"
Traducción del inglés y digitalización: Federico Poore
Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2003
Jamás hubo tantos pacifistas en el mundo como ahora, cuando en todos los países los hombres se matan entre ellos. Cada época histórica tiene no sólo su propia técnica y su propia forma política, sino también una hipocresía propia de sí misma. Alguna vez las personas se destruyeron entre ellas en nombre de la enseñanza Cristiana de amar a la humanidad. Ahora sólo gobiernos atrasados apelan a Cristo. Naciones progresivas se cortan las gargantas unas a otras en nombre del pacifismo. Wilson arrastra a los Estados Unidos a la guerra en nombre de la Liga de las Naciones, y la paz perpetua. Kerensky y Tseretelli llaman a la ofensiva en aras de una paz temprana.
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viernes, 26 de febrero de 2010
El frente único defensivo
Este folleto se dirige a los obreros socialdemócratas, aunque el autor pertenezca personalmente a otro partido. Los desacuerdos entre el comunismo y la socialdemocracia han llegado muy lejos. Yo los considero irreconciliables. Sin embargo, el curso de los acontecimientos plantea con frecuencia ante la clase obrera tareas que exigen imperiosamente la acción común de los dos partidos. ¿Es posible una acción semejante? Perfectamente posible, como atestiguan la teoría y la experiencia histórica: todo depende de las condiciones y el carácter de las tareas citadas. Ahora es mucho más fácil emprender una acción conjunta, cuando para el proletariado no se trata de iniciar la ofensiva por lograr nuevos objetivos, sino de defender las posiciones ya conquistadas.
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¿Qué es el nacional socialismo?
León Trotsky
Los espíritus ingenuos piensan que el título de rey reside en el rey mismo, en su capa de armiño y en su corona, en su carne y en sus huesos. En realidad, el título de rey es una interrelación entre individuos. El rey es rey sólo porque los intereses y prejuicios de millones de personas se reflejan a través de su persona. Cuando el flujo del desarrollo barre esas interrelaciones, el rey parece ser solamente un hombre gastado, con un labio inferior flácido. Aquel que en otro tiempo se llamó Alfonso XIII podría hablarnos sobre esto de sus frescas impresiones.
Los espíritus ingenuos piensan que el título de rey reside en el rey mismo, en su capa de armiño y en su corona, en su carne y en sus huesos. En realidad, el título de rey es una interrelación entre individuos. El rey es rey sólo porque los intereses y prejuicios de millones de personas se reflejan a través de su persona. Cuando el flujo del desarrollo barre esas interrelaciones, el rey parece ser solamente un hombre gastado, con un labio inferior flácido. Aquel que en otro tiempo se llamó Alfonso XIII podría hablarnos sobre esto de sus frescas impresiones.
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domingo, 21 de febrero de 2010
Cinco días: 23 - 27 de febrero de 1917
A continuación publicamos un artículo extraído del libro “Historia de la revolución rusa” de León Trotsky, documento único en su género; el objetivo de este fragmento va destinado a comprender la dinámica de ataques y contraataques de las fuerzas revolucionarias contra las tropas del Estado. Los llamados de las masas trabajadoras hacia las filas del ejército para unirse al movimiento revolucinario en este caso presentan flujos y contraflujos; indecisión, represión, solidaridad para culminar tras la presión y llamados revolucionarios de la clase obrera por sucumbir política y militarmente hacia el bando obrero. En próximos días publicaremos un acontecimiento similar durante la revolución portuguesa de los claveles. Una cosa es clara: mientras el proletariado no haga estos llamados de unidad a las fuerzas militares oficiales, no tendrán la más mínima posibilidad de conseguir armamento contra el Estado y su aparato gubernamental, sin embargo, tras la presión masiva los soldados han virado hacia la revolución, como segundo ejemplo podremos citar el viraje de innumerables fuerzas federales hacia el bando de Zapata y Villa durante la revolución mexicana, el punto clave consiste en los métodos y formas en las cuales se gana a este sector de la población, que de carecer de un sentido de la realidad puede costar la vida a los dirigentes revolucionarios, como en el caso de Zapata. De las luchas históricas del proletariado contra el Estado ya sea capitalista o feudal podemos decir que entre más masiva y decidida es la lucha obrera, menos muertes costará y ha costado la victoria sobre el enemigo, aunque como veremos en próximos documentos, no basta con vencer: hay que expropiar los capitales e imponer la ley revolucionaria por la vía de la fuerza para que nuestra victoria no haya sido temporal, mucho menos vanal, a ello le sigue la consecución de una serie de victorias en distintas partes del mundo como sucedió en los meses, años y décadas posteriores a octubre de 1917. Sobre el porque estas victorias no pudieron consolidarse en el planeta entero podemos señalar la degeneración temprana de la III Internacional Comunista y a la falta de dirección, decisión y claridad política por parte de las fuerzas de la revolución mundial. León Trotsky nos ofrece en este documento (a pesar de ser un archivo histórico) algunas lecciones de táctica y estrategia revolucionaria.
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domingo, 22 de noviembre de 2009
¿En qué consiste la teoría de la revolución permanente?
Grupo Marxista Revolucionario D.F.
La polémica entre Lenin y Trotsky era y es, uno de los puntos de discusión entre los cuadros mas avanzados de las distintas corrientes marxistas del mundo, así como materia prima para las falsificaciones de los estalinistas (partidarios de las “teorías” de José Stalin) a lo largo de toda su existencia, siendo esta su razón de ser. Lev Dadidovich Bronstein, mejor conocido como León Ttrotsky, documenta el inicio de esta campaña traidora en contra de la revolución de octubre, por parte de los epígonos del estalinismo, principalmente a manos de Karl Radek, uno de los mejores amigos y colaboradores de León Trotsky, fusilado posteriormente por Stalin.
La polémica entre Lenin y Trotsky era y es, uno de los puntos de discusión entre los cuadros mas avanzados de las distintas corrientes marxistas del mundo, así como materia prima para las falsificaciones de los estalinistas (partidarios de las “teorías” de José Stalin) a lo largo de toda su existencia, siendo esta su razón de ser. Lev Dadidovich Bronstein, mejor conocido como León Ttrotsky, documenta el inicio de esta campaña traidora en contra de la revolución de octubre, por parte de los epígonos del estalinismo, principalmente a manos de Karl Radek, uno de los mejores amigos y colaboradores de León Trotsky, fusilado posteriormente por Stalin.
La principal vertiente y rasgo característico de este brillante desarrollo teórico de las concepciones de Karl Marx aplicadas a la Rusia de 1905, socavada por el régimen zarista (parásito, burocrático, represor y totalitario), con un modo de producción feudal, una enana burguesía y una importante influencia de la religión ortodoxa.
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domingo, 25 de octubre de 2009
1905, conclusiones
Por León Trotsky
La historia del Sóviet de Diputados Obreros de San Petersburgo es la historia de cincuenta días.
El 13 de octubre la asamblea constituyente del sóviet se reunió por primera vez. El 3 de diciembre la sesión del sóviet fue interrumpida por los soldados del gobierno.
En la primera sesión no había más que varias docenas de hombres y a mediados de noviembre el número de diputados llegaba a 562, entre ellos 6 mujeres. Representaban a 147 fábricas, 34 talleres y 16 sindicatos. La mayor parte de los diputados —351— pertenecían a la industria del metal.
Desempeñaron un papel decisivo en el sóviet, la industria textil envió 57 diputados, la del papel e imprenta 32, los empleados de comercio tenían 12 y los contables y farmacéuticos 7. Se eligió un comité ejecutivo el 17 de octubre, compuesto por 31 miembros: 22 diputados y 9 representantes de los partidos (6 para las dos fracciones de la socialdemocracia y 3 para los socialistas revolucionarios).
¿Cuál fue el carácter de esta institución que, en un corto período de tiempo, conquistó un lugar tan importante en la revolución a la que dieron rasgos distintivos?
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miércoles, 21 de octubre de 2009
El arte de la insurrección
Descargar audio
Escrito por León Trotsky
Al igual que la guerra, la gente no hace por gusto la revolución. Sin embargo, la diferencia radica en que, en una guerra, el papel decisivo es el de la coacción; en una revolución no hay otra coacción que la de las circunstancias. La revolución se produce cuando no queda ya otro camino. La insurrección, elevándose por encima de la revolución como una cresta en la cadena montañosa de los acontecimientos, no puede ser provocada artificialmente, lo mismo que la revolución en su conjunto. Las masas atacan y retroceden antes de decidirse a dar el último asalto.
De ordinario se opone la conspiración a la insurrección, como la acción concertada de una minoría ante el movimiento elemental de la mayoría. En efecto: una insurrección victoriosa que sólo puede ser la obra de una clase destinada a colocarse a la cabeza de la nación; es profundamente distinta, tanto por la significación histórica como por sus métodos, de un golpe de Estado realizado por conspiradores que actúan a espaldas de las masas.
De hecho, en toda sociedad de clases existen suficientes contradicciones como para que entre las fisuras se pueda urdir un complot. La experiencia histórica prueba, sin embargo, que también es necesario cierto grado de enfermedad social -como en España, en Portugal y en América del Sur- para que la política de las conspiraciones pueda alimentarse constantemente. En estado puro, la conspiración, incluso en caso de victoria, sólo puede reemplazar en el poder camarillas de la misma clase dirigente o, menos aún, sustituir hombres de Estado La victoria de un régimen social sobre otro sólo se ha dado en la historia a través de insurrecciones de masas. Mientras que, frecuentemente, los complots periódicos son la expresión del marasmo y la descomposición de la sociedad, la insurrección popular, en cambio, surge de ordinario como resultado de una rápida evolución anterior que rompe el viejo equilibrio de la nación. Las "revoluciones" crónicas de las repúblicas sudamericanas no tienen nada en común con la revolución permanente, sino que, al contrario, son en cierto sentido su antítesis.
Lo que acabamos de decir no significa en absoluto que la insurrección popular y la conspiración se excluyan mutuamente en todas las circunstancias. Un elemento de conspiración entra casi siempre en la insurrección en mayor o menor medida. Etapa históricamente condicionada de la revolución, la insurrección de las masas no es nunca exclusivamente elemental. Aunque estalle de improviso para la mayoría de sus participantes, es fecundada por aquellas ideas en las que los insurrectos vean una salida para los dolores de su existencia. Pero una insurrección de masas puede ser prevista y preparada. Puede ser organizada de antemano. En este caso, el complot se subordina a la insurrección, la sirve, facilita su marcha, acelera su victoria. Cuanto más elevado es el nivel político de un movimiento revolucionario y más seria su dirección, mayor es el lugar que ocupa la conspiración en la insurrección popular.
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domingo, 21 de junio de 2009
Por un frente único obrero contra el fascismo
(Carta a un obrero comunista alemán, miembro del partido comunista alemán)
Alemania vive hoy uno de sus más grandes momentos históricos; el destino del pueblo alemán, el destino de Europa y, en gran medida, el destino de toda la humanidad en los próximos decenios dependen de él. Cuando se coloca una bola en el vértice de una pirámide, un débil impulso sirve para hacerla rodar a derecha o a izquierda. Esa es la situación a la que se acerca Alemania cada hora que transcurre. Ciertas fuerzas quieren que la bola ruede hacia la derecha y rompa los riñones de la clase obrera. Otras quieren mantener la bola en el vértice. Es una utopía. Los comunistas querrían que la bola rodase hacia la izquierda y rompiese los riñones del capitalismo. No basta con querer, hay que poder. Intentemos una nueva forma de examinar tranquilamente la situación: la política que lleva a cabo actualmente el Comité Central del Partido Comunista alemán, ¿es correcta o es errónea?
¿Qué pretende Hitler?
Los fascistas aumentan muy rápidamente. Los comunistas aumentan también, pero mucho más lentamente. Este crecimiento de los dos polos demuestra que la bola no puede mantenerse en el vértice de la pirámide. El crecimiento rápido de los fascistas implica que la bola puede rodar hacia la derecha. Esto constituye un inmenso peligro.
Alemania vive hoy uno de sus más grandes momentos históricos; el destino del pueblo alemán, el destino de Europa y, en gran medida, el destino de toda la humanidad en los próximos decenios dependen de él. Cuando se coloca una bola en el vértice de una pirámide, un débil impulso sirve para hacerla rodar a derecha o a izquierda. Esa es la situación a la que se acerca Alemania cada hora que transcurre. Ciertas fuerzas quieren que la bola ruede hacia la derecha y rompa los riñones de la clase obrera. Otras quieren mantener la bola en el vértice. Es una utopía. Los comunistas querrían que la bola rodase hacia la izquierda y rompiese los riñones del capitalismo. No basta con querer, hay que poder. Intentemos una nueva forma de examinar tranquilamente la situación: la política que lleva a cabo actualmente el Comité Central del Partido Comunista alemán, ¿es correcta o es errónea?
¿Qué pretende Hitler?
Los fascistas aumentan muy rápidamente. Los comunistas aumentan también, pero mucho más lentamente. Este crecimiento de los dos polos demuestra que la bola no puede mantenerse en el vértice de la pirámide. El crecimiento rápido de los fascistas implica que la bola puede rodar hacia la derecha. Esto constituye un inmenso peligro.
Hitler intenta convencer de que él está en contra de un golpe de estado. Para estrangular de una vez por todas la democracia, pretende llegar al poder por la sola vía democrática. ¿Se puede creer realmente en sus palabras?
Está claro que, si los fascistas estuvieran seguros de obtener por la vía democrática la mayoría absoluta de los mandatos en las próximas elecciones, preferirían quizás esta vía. De hecho les está cerrada. Sería estúpido pensar que los nazis se desarrollarán durante un largo período al ritmo actual. Tarde o temprano, su receptáculo social se secará.
El fascismo encierra dentro de sí tan terribles contradicciones que se aproxima el momento en que el flujo dejará de compensar el reflujo. Este momento puede llegar mucho antes de que los fascistas hayan logrado reunir la mitad de los votos. Les será imposible pararse porque no tendrán nada nuevo que esperar. Se verán obligados a recurrir al golpe de estado.
Pero incluso sin hablar de eso, la vía democrática está vedada a los fascistas. El crecimiento formidable de los antagonismos políticos en el país y, sobre todo la agitación de los bandidos fascistas tendrán forzosamente como consecuencia que, cuanto más cerca de la mayoría estén los fascistas, más se calentará al rojo la atmósfera y más se multiplicarán las escaramuzas y los combates. En esta perspectiva, la guerra civil es absolutamente inevitable. La cuestión de la toma del poder por los fascistas se resolverá, no por medio del voto, sino por medio de la guerra civil que los mismos fascistas preparan y provocan.
¿Se puede imaginar por un solo instante que Hitler y sus consejeros no lo comprendan ni lo prevean? Sería tomarlos por imbéciles. No hay mayor crimen en política que contar con la estupidez de un enemigo poderoso. Puesto que Hitler no puede dejar de comprender que el camino del poder pasa por una guerra civil muy dura, sus discursos sobre la vía democrática y pacífica no son, pues, más que una cobertura, es decir, un ardid de guerra. Hay, pues, que estar tanto más en guardia.
¿Que esconde la estratagema de Hitler?
Sus cálculos son totalmente claros y evidentes: intenta adormecer al adversario con la perspectiva más lejana del crecimiento parlamentario de los nazis, para darle, una vez adormecido, en el momento favorable, un golpe mortal. Es perfectamente posible que la admiración de Hitler por el parlamentarismo democrático deba ayudarle en un próximo futuro a realizar una coalición en la que los fascistas ocuparán los puestos más importantes y se servirán de ello... para un golpe de estado. En efecto, es mas que evidente que la coalición del Centro con los fascistas sería, no una etapa hacia la solución «democrática» del problema, sino que serviría de trampolín para un golpe de estado en las condiciones más favorables para el fascismo.
Hay que apuntar de cerca
Todo demuestra que el desenlace , incluso independientemente de la voluntad del estado mayor fascista, se producirá en el transcurso de los próximos meses, si no de las próximas semanas. Esta circunstancia tiene una enorme importancia para la elaboración de una política correcta. Si se admite que los fascistas van a tomar el poder dentro de dos o tres meses, será diez veces más difícil batirse contra ellos el año que viene que no éste. Los planes revolucionarios de todo tipo elaborados a dos, tres o cinco años vista, no son más que charlatanería lamentable y vergonzosa si la clase obrera deja a los fascistas llegar al poder en los dos, tres o cinco próximos meses. En las operaciones militares, como en la política de los momentos de crisis revolucionaria, el factor tiempo tiene una importancia decisiva.
Para ilustrar esta idea, tomemos un ejemplo. Hugo Urbahns, que se considera como un «comunista de izquierda», declara que el partido comunista alemán ha fracasado, que está muerto políticamente, y propone construir un nuevo partido. Si Urbahns tuviese razón, esto significaría que la victoria de los fascistas estaba asegurada, porque son necesarios años para crear un nuevo partido (además, no está probado que el partido de Urbahns vaya a ser mejor que el de Thaelmann: cuando Urbahns estaba a la cabeza del partido no había menos errores).
Si el fascismo conquistase efectivamente el poder, esto significaría no solamente la liquidación física del partido comunista, sino también su fracaso político total. Los millones de obreros que forman el proletariado no perdonarían jamás a la Internacional Comunista y a su sección alemana una derrota vergonzosa, infligida por bandas de polvareda humana. Es por esto por lo que la llegada de los fascistas al poder haría necesaria, según todos los indicios, la creación de un nuevo partido y de una nueva internacional. Sería una catástrofe histórica espantosa. Sólo los verdaderos liquidadores, los que se refugian detrás de frases vacías, los que se preparan de hecho a capitular cobardemente antes del combate, consideran desde ahora que todo eso es inevitable. Nosotros, los bolcheviques-leninistas, a quienes los stalinistas califican de «trotskistas», no tenemos nada en común con esa gente.
Nosotros estamos firmemente convencidos de que la victoria sobre los fascistas es posible, no después de su Regada al poder, no después de cinco, diez o veinte años de dominación por su parte, sino hoy, en la situación actual, en los próximos meses o a las próximas semanas.
Thaelmann considera que la victoria del fascismo es inevitable
Para vencer es necesaria una política correcta. Esto implica en particular que hace falta una política adaptada a la situación actual, al reagrupamiento actual de fuerzas, y no calculada para una situación que deba llegar dentro de uno, dos o tres años, cuando el problema del poder esté ya resuelto desde hace tiempo.
Todos los males vienen de que la política del comité central del partido comunista alemán está basada, en parte conscientemente y en parte inconscientemente, en el reconocimiento del carácter inevitable de la victoria del fascismo. En efecto, en su llamamiento en favor del «frente único rojo», publicado el 29 de noviembre, el comité central del partido comunista alemán parte de la idea de que es imposible vencer al fascismo sin haber vencido previamente a la socialdemocracia alemana. Thaelmann repite esta idea en todos sus artículos. ¿Es correcta esta idea? A escala histórica, es completamente cierta. Pero eso no significa en absoluto que se puedan resolver las cuestiones que están a la orden del día gracias a ella, es decir, contentándose con repetirla. Esta idea, correcta desde el punto de vista de la estrategia revolucionaria en su conjunto, se convierte en una mentira, incluso en una mentira reaccionaria, una vez que se traduce al lenguaje de la táctica. ¿Es cierto que para hacer desaparecer el paro y la miseria hay que destruir previamente el capitalismo? Es cierto. Pero sólo el último de los imbéciles sacará la conclusión de que no debemos combatir hoy con todas nuestras fuerzas contra las medidas que permiten al capitalismo aumentar la miseria de los obreros.
¿Se puede esperar que el partido comunista derribe a la socialdemocracia y al fascismo en los próximos meses? Ninguna persona con sentido común, que sepa leer y contar, se arriesgaría a una afirmación semejante. Políticamente, el problema se plantea así ¿Se puede hoy en día, en el transcurso de los próximos meses, es decir, a pesar de la presencia de una socialdemocracia todavía muy potente aunque debilitada, oponer una resistencia victoriosa al ataque del fascismo? El comité central del partido comunista alemán responde negativamente. En otras palabras, Thaelmann considera la victoria del fascismo como inevitable.
¡Volvamos a la experiencia rusa!
Para presentar mi idea lo más clara y concretamente posible, voy a retomar la experiencia del levantamiento de Kornilov. El 26 de agosto de 1917 (según el viejo calendario), el general Kornilov lanza un destacamento de cosacos y una división salvaje sobre Petrogrado. En el poder estaba Kerensky, agente de la burguesía y aliado de Kornilov en un setenta y cinco por ciento. Lenin se encontraba en la clandestinidad, acusado de estar al servicio de los Hohenzollern; en esta época, yo estaba encerrado por la misma acusación en una celda de la cárcel de Kresty. ¿Cuál fue entonces la actitud de los bolcheviques? También tenían derecho a decir: «Para vencer a la banda de Kornilov, hay que vencer a la banda de Kerensky». Lo dijeron más de una vez, porque era correcto y necesario para toda la propaganda futura. Pero eso era absolutamente insuficiente para resistir al Kornílov el 26 de agosto y en los días siguientes, e impedirle ahogar al proletariado de Petrogrado. Es por esto por lo que los bolcheviques no se contentaron con lanzar un llamamiento general a los obreros y a los soldados: «¡Romped con los conciliadores y apoyad el frente único rojo de los bolcheviques! » No, los bolcheviques propusieron a los socialistas revolucionarios y a los mencheviques un frente único de combate, y crearon con ellos organizaciones comunes para la lucha. ¿Era esto correcto o incorrecto? Que me responda Thaelmann. Para mostrar todavía más claramente cómo se presentaba el frente único, recordaré el episodio siguiente: liberado de la cárcel gracias a una fianza desembolsada por las organizaciones sindicales, fui directamente desde mi celda a una sesión del Comité de Defensa Popular, donde junto con el menchevique Dan y el socialista revolucionario Gots, que eran los aliados de Kerensky y que me habían mantenido en la cárcel, examiné y resolví los problemas de la lucha contra Kornilov. ¿Era esto correcto o incorrecto? Que me responda Remmele.
¿Es Brüning un «mal menor»?
La socialdemocracia apoya a Brüning, vota por él, asume la responsabilidad de su política ante las masas basándose en la afirmación de que el gobierno Brüning es un «mal menor». Este es el punto de vista que intenta atribuirme la Rote Fahne, bajo el pretexto de que yo he protestado contra la participación estúpida y vergonzosa de los comunistas en el referéndum de Hitler. Pero, ¿es que acaso la oposición de izquierda alemana, y yo en particular, hemos pedido que los comunistas voten por Brüning y le den su apoyo? Nosotros, como marxistas, consideramos tanto a Brüning y a Hitler como a Braun como los representantes de un único y mismo sistema. El problema de saber cuál de entre ellos es un «mal menor» carece de sentido, porque su sistema, contra el cual luchamos nosotros, necesita de todos sus elementos. Pero hoy estos elementos están en conflicto, y el partido del proletariado debe utilizar absolutamente este conflicto en interés de la revolución.
En una gama hay siete notas. Preguntarse cuál de las notas es la mejor, si do, re o sol, no tiene sentido. Sin embargo, el músico debe saber cuándo y qué tecla golpear. Preguntarse quién es el mal menor, si Brüníng o Hitler, carece también de sentido. Pero hay que saber cuál de estas teclas golpear. ¿Está» claro? Para los que no lo comprendan, tomemos un ejemplo más. Si uno de mis enemigos me envenena cada día con pequeñas dosis de veneno, y otro quiere darme un tiro por detrás, yo arrancaré primero el revólver de las manos del segundo, lo que me dará la posibilidad de terminar con el primero. Pero esto no significa que el veneno sea un «mal menor» en comparación con el revólver.
La mala suerte ha querido que los jefes del partido comunista alemán se hayan colocado en el mismo terreno que la socialdemocracia, contentándose con invertir los signos: la socialdemocracia vota por Brüning calificándolo de mal menor; los comunistas, que se niegan terminantemente a confiar en Brüning y Braun (y tienen toda la razón), han descendido a la calle para apoyar el referéndum de Hitler, es decir, la tentativa de los fascistas de derrocar a Brüning. Así, han reconocido que Hitler es un mal menor, puesto que una victoria en el referéndum llevaría al poder a Hitler, y no al proletariado. ¡A decir verdad, uno se siente un poco embarazado de explicar una cosa tan elemental! Está mal, muy mal, que músicos como Remmele, en lugar de distinguir las notas, toquen el piano con las botas.
No se trata de los obreros que han dejado la socialdemocracia, sino de los que se quedan con ella
Miles y miles de Noske, de WeIs y de Hilferding preferirían a fin de cuentas el fascismo antes que el comunismo. Pero para ello deben romper definitivamente con los obreros, lo que no han hecho todavía hoy. La socialdemocracia, con todos sus antagonismos internos entra hoy en un conflicto agudo con los fascistas. Nuestra tarea es utilizar este conflicto, y no reconciliar en el momento crucial a los dos adversarios contra nosotros.
No se trata de los obreros que han dejado la socialdemocracia, sino de los que se quedan con ella
Miles y miles de Noske, de WeIs y de Hilferding preferirían a fin de cuentas el fascismo antes que el comunismo. Pero para ello deben romper definitivamente con los obreros, lo que no han hecho todavía hoy. La socialdemocracia, con todos sus antagonismos internos entra hoy en un conflicto agudo con los fascistas. Nuestra tarea es utilizar este conflicto, y no reconciliar en el momento crucial a los dos adversarios contra nosotros.
Ahora hay que volverse contra el fascismo formando un solo frente. Y este frente de lucha directa contra el fascismo, formado por todo el proletariado, hay que utilizarlo para un ataque por el flanco, pero tanto mas eficaz,contra la socialdemocracia.
Hay que mostrar en la práctica la mayor disposición para formar con los socialdemócratas un bloque contra los fascistas en todas partes donde estén dispuestos a adherirse a este bloque. Cuando se dice a los obreros socialdemócratas: «Abandonad vuestro partido y uníos a nuestro frente único, al margen de todo partido», no se hace más que añadir una frase huera a millares de otras. Hay que saber arrancar a los obreros de sus jefes en la acción. Y la acción, ahora, es la lucha contra el fascismo.
No hay duda alguna de que hay y habrá obreros socialdemócratas dispuestos a pelear contra el fascismo codo con codo con los obreros comunistas, y eso independientemente e incluso contra la voluntad de las organizaciones socialdemócratas. Evidentemente, hay que establecer los lazos mas estrechos posibles con estos obreros de vanguardia. Pero, por el momento, son poco numerosos. El obrero alemán está educado en un espíritu de organización y de disciplina. Eso tiene su lado bueno y su lado malo. La aplastante mayoría de los obreros socialdemócratas quiere pelear contra los fascistas, pero, por el momento, todavía, únicamente junto con sus organizaciones. Es imposible saltarse esta etapa. Debemos ayudar a los obreros socialdemócratas a verificar en la práctica -en una situación nueva y excepcional- lo que valen sus organizaciones y sus jefes cuando es cuestión de vida o muerte para la clase obrera.
Hay que imponer a la socialdemocracia el bloque contra los fascistas
El destino quiere que haya en el comité central del partido comunista numerosos oportunistas aterrorizados. Han oído decir que el oportunismo es el amor a los bloques. Es por lo que están contra los bloques. No comprenden la diferencia que puede existir entre un arreglo a nivel parlamentario y un acuerdo de combate, incluso el más modesto, a propósito de un huelga o de la protección de los obreros tipógrafos contra las bandas fascistas.
Los acuerdos electorales, los regateos parlamentarios concluidos entre el partido revolucionario y la socialdemocracia suelen servir, por regla general, a la segunda. Un acuerdo práctico de cara a acciones de masas, por objetivos de lucha, se hace siempre, en provecho del partido revolucionario. El Comité Anglo-Ruso era una forma inadmisible de bloque entre dos direcciones, bajo una plataforma política común, imprecisa, engañosa y que no obligaba a ninguna acción. Mantener ese bloque durante la huelga general, en la que el Consejo General jugó el papel de rompehuelgas, llevó a los stalinistas a practicar una política de traición.
¡Ninguna plataforma común con la socialdemocracia o los dirigentes de los sindicatos alemanes, ninguna publicación, ninguna bandera, ningún cartel común! ¡Marchar separados, golpear juntos! ¡Ponerse de acuerdo únicamente sobre la manera de golpear, sobre quién y cuándo golpear! Uno puede ponerse de acuerdo con el diablo, con su abuela e incluso con Noske y Grzesinsky. Con la única condición de no atarse las manos.
En fin, hay que poner a punto rápidamente un conjunto práctico de medidas, no con el fin de «desenmascarar» a la socialdemocracia (ante los comunistas), sino con el objetivo de luchar efectivamente contra el fascismo. Este programa debe tratar de la protección de las fábricas, la libertad de acción de los comités de fábrica, la intangibilidad de las organizaciones y las instituciones obreras, el problema de los depósitos de armas de los que puedan apoderarse los fascistas, de las medidas a tomar en caso de peligro, es decir sobre las acciones de lucha de los obreros comunistas y socialdemócratas, etc.
En la lucha contra el fascismo corresponde un lugar inmenso a los comités de fábrica. Sobre este punto, hace falta un programa de acción particularmente preciso. Cada fábrica debe transformase en una fortaleza antifascista con su mando y sus destacamentos de combate. Hay que conseguir el plano de los cuarteles y de otros focos fascistas en cada ciudad, en cada distrito. Los fascistas intentan sitiar los focos revolucionarios. Hay que sitiar al sitiador. El acuerdo en este terreno con las organizaciones sindícales y socialdemócratas es no solamente admisible, sino también obligatorio. Rechazarlo en nombre de consideraciones «de principio» (de hecho por estupidez burocrática o, peor todavía, por cobardía) lleva a ayudar directamente al fascismo.
Desde noviembre de 1930, es decir, desde hace un año, hemos venido proponiendo un programa práctico de acuerdo con los obreros socialdemócratas.[2] ¿Qué se ha hecho en este sentido? Casi nada. El comité central del partido comunista se ha ocupado de todo menos de lo que constituía su tarea central. ¡Qué de tiempo precioso se ha perdido! A decir verdad, no queda mucho. El programa de acción debe ser puramente practico, puramente concreto, sin ninguna «exigencia» artificial, sin ninguna segunda intención, para que todo obrero socialdemócrata pueda decirse: lo que proponen los comunistas es absolutamente indispensable para la lucha contra el fascismo. Sobre esta base, hay que arrastrar con el ejemplo a los obreros socialdemócratas y criticar a sus jefes que, inevitablemente, se opondrán al movimiento y lo frenarán. Sólo en esta vía es posible la victoria.
Una buena cita de Lenin
Los epígonos actuales, es decir, los muy malos discípulos de Lenin, adoran cubrir sus lagunas en todos los aspectos con citas que, muy a menudo, no son en absoluto apropiadas. Para un marxista, no es la cita, sino el método correcto lo que permite resolver el problema. Pero con la ayuda de un método correcto no es difícil tampoco encontrar la cita conveniente. Introduciendo al punto la analogía con el levantamiento de Kornilov me he dicho a mí mismo: seguramente se podrá encontrar en Lenin una interpretación teórica de nuestro bloque con los conciliadores en la lucha contra Kornilov. Y efectivamente, en la segunda parte del tomo XIV de la edición rusa, he encontrado las siguientes líneas de una carta de Lenin al comité central, que data de comienzos de septiembre de 1917:
«Incluso ahora, no debemos apoyar al gobierno de Kerensky. Sería faltar a nuestros principios. Se preguntará: ¿No hay que pelear contra Kornilov entonces? Evidentemente que sí. Pero no es la misma cosa, y hay un límite entre las dos; y este límite, ciertos bolcheviques lo franquean, cediendo al espíritu de “conciliación”, dejándose arrastrar por la marea de los acontecimientos.
»Nosotros hacemos y continuaremos haciendo la guerra a Kornilov, pero no apoyamos a Kerensky, al contrario, desvelamos su debilidad. Hay ahí una diferencia. Una diferencia bastante sutil, pero completamente esencial, y que no debemos olvidar.
»¿En qué consiste entonces la modificación de nuestra táctica después de la revuelta de Kornilov?
»En que modificamos la forma de nuestra lucha contra Kerensky. Sin atenuar por nada del mundo nuestra hostilidad hacia el , sin retractarnos de nada de lo que hemos dicho en contra suya, sin renunciar a derrocarle decimos: hay que tener en cuenta el momento, no intentaremos derrocarle de inmediato, le combatiremos ahora de otra forma y, más precisamente, señalando a los ojos del pueblo (que combate contra Kornilov) la debilidad y las vacilaciones de Kerensky.»
No proponemos otra cosa: total independencia de la organización comunista y de su prensa, completa libertad para la crítica comunista, incluso en lo que concierne a la socialdemocracia y los sindicatos. Sólo los oportunistas más despreciables pueden admitir la alienación de la libertad del partido comunista (por ejemplo, por la adhesión al Koumintang). Nosotros no somos de ésos.
No debemos retirar nada de nuestra critica de la socialdemocracia. No debemos olvidar nada del pasado. Ya arreglaremos en el momento adecuado todas nuestras cuentas históricas y, entre ellas, nuestra cuenta por Karl Liebknecht y Rosa Luxemburg. De la misma forma, nosotros, los bolcheviques rusos, hemos presentado una cuenta global a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios por las persecuciones, las calumnias, las detenciones, las muertes de obreros, de soldados y de campesinos.
Pero hemos presentado esta factura dos meses después de haber utilizado los arreglos de cuentas particulares entre Kerensky y Kornílov, entre los «demócratas» y los fascistas. Es sólo gracias a ello que hemos vencido.
Si el comité central del partido comunista alemán hace suya la posición que está expresada en la cita de Lenin, toda la actitud hacia las masas socialdemócratas y las organizaciones sindicales cambiará inmediatamente: en lugar de los artículos y los discursos que solamente son convincentes para los que ya están convencidos por adelantado, los agitadores encontrarán un lenguaje común con nuevos centenares de miles y millones de obreros. La diferenciación en el seno de la socialdemocracia se acelerará. Los fascistas se darán cuenta pronto de que no se trata ya de engañar a Brüning, Braun y WeIs, sino de aceptar la lucha abierta contra toda la clase obrera. Sobre esta base, se producirá inmediatamente una profunda diferenciación en el seno del fascismo. Sólo esta vía hace posible la victoria.
Pero hay que querer esta victoria. Sin embargo, entre los funcionarios comunistas hay desgraciadamente, ¡ay! carreristas miedosos y bonzos que adoran su pequeño puesto, su salario, y todavía más su piel. Estos individuos se sienten muy inclinados a hacer exhibición de frases ultraizquierdistas que disimulan un fatalismo lastimoso y despreciable. «¡No se puede luchar contra el fascismo sin haber vencido a la socialdemocracia!» dice el feroz revolucionario... mientras prepara un pasaporte para el extranjero.
Obreros comunistas, sois cientos de miles, millones, no tenéis ninguna parte adonde ir, no habrá suficientes pasaportes para nosotros. Si el fascismo llega al poder, pasará como un temible tanque sobre vuestros cráneos y vuestros espinazos. La salvación se encuentra únicamente en una lucha sin cuartel. Sólo la aproximación en la lucha con los obreros socialdemócratas puede aportar la victoria. ¡Apresuraos, obreros comunistas, porque os queda poco tiempo!
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León Trotsky
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jueves, 11 de junio de 2009
EL FRENTE ÚNICO DEFENSIVO

Carta a un obrero socialdemócrata
Escrito por Leon Trotsky
Así es como se plantea la cuestión en Alemania. El proletariado alemán está en una situación en que retrocede y entrega sus posiciones. Seguramente no faltan charlatanes que afirmen que al parecer estamos en presencia de una ofensiva revolucionaria. Evidentemente, esa gente no sabe distinguir entre su derecha y su izquierda. No hay ninguna duda de que sonará la hora de la ofensiva. Pero hoy el problema es detener la retirada desordenada y proceder a reagrupar fuerzas para la ofensiva. En política, como en el arte militar, comprender claramente un problema es facilitar su solución. Estar intoxicado de frases es ayudar al adversario. Hay que ver claramente lo que ocurre: el enemigo de clase, esto es, el capital monopolista y los grandes propietarios feudales, dispersados por la revolución de Noviembre, ataca en toda la línea de combate. El enemigo utiliza dos medios de diferente origen histórico: en primer lugar, el aparato militar y policíaco preparado por todos los gobiernos anteriores, situados en el terreno de la Constitución de Weimar; en segundo lugar, el nacionalsocialismo, es decir, las tropas de la contrarrevolución pequeñoburguesa que el capital financiero arma e incita contra los obreros.
El objetivo del capital y de la casta terrateniente está claro: aplastar las organizaciones del proletariado, quitarles la posibilidad no sólo de tomar la ofensiva, sino también de defenderse. Como puede verse, veinte años de colaboración de la socialdemocracia con la burguesía no han ablandado ni un ápice el corazón de los capitalistas. Éstos sólo reconocen una ley: la lucha por el beneficio. Y llevan esta lucha con una fiereza y una determinación implacables, no deteniéndose ante nada y todavía menos ante sus propias leyes.
La clase de los explotadores habría preferido desarmar y atomizar al proletariado con el menor coste posible, sin guerra civil, con la ayuda de la policía y el ejército de la república de Weimar. Pero teme, y con razón, que los medios «legales» sean por sí mismos insuficientes para hacer retroceder a los obreros a una posición en que no tengan ningún derecho. Para esto, necesita al fascismo como una fuerza complementaria. Pero el partido de Hitler, cebado por el capital monopolista, quiere convertirse no en una fuerza complementaria, sino en la única fuerza gobernante de Alemania. Esta situación origina conflictos incesantes entre los aliados gubernamentales, conflictos que a veces alcanzan un carácter crítico. Los salvadores pueden permitirse el lujo de entretenerse en intrigas sólo porque el proletariado abandona sus posiciones sin batalla y se retira sin plan, sin sistema y sin dirección. El enemigo esta` tan suelto que no deja de discutir en público cómo y cuándo dar el siguiente golpe: ataque frontal, hundiendo el flanco izquierdo comunista, penetrando profundamente en la retaguardia de los sindicatos y cortar las comunicaciones, etc... Los explotadores a quienes ha salvado hablan de la república de Weimar como si fuera una lámpara gastada; se preguntan si todavía tiene que ser utilizada o arrojada bien lejos.
La burguesía disfruta de plena libertad de maniobra, es decir, para elegir los medios, la ocasión y el lugar. Sus jefes combinan las armas de la ley y las armas del bandolerismo. El proletariado no combina nada en absoluto y no se defiende. Sus tropas están divididas, y sus jefes discurren lánguidamente sobre si es posible o no asociar las fuerzas. En eso reside la esencia de las discusiones interminables sobre el frente único. Si los obreros de vanguardia no toman conciencia de la situación y. no intervienen rápidamente en el debate, el proletariado alemán puede verse crucificado durante años en la cruz del fascismo.
¿No es demasiado tarde?
¿No es demasiado tarde?
Puede ser que aquí mi interlocutor socialdemócrata me interrumpa y diga, «¿no vienes demasiado tarde a hacer propaganda del frente único? ¿Qué hacías antes?»
Esta objeción no sería correcta. No es ésta la primera ocasión en que se plantea la cuestión de un frente único defensivo contra el fascismo. Me permito remitirme a lo que tuve ocasión de decir sobre este tema en septiembre de 1930, tras el primer gran éxito de los nacionalsocialistas. Dirigiéndome a los obreros comunistas, escribía:
«El partido comunista debe llamar a la defensa de las posiciones materiales y morales que la clase obrera ha logrado conquistar en el Estado alemán. Esto se refiere muy directamente al destino de las organizaciones políticas obreras, los sindicatos, periódicos, imprentas, clubs, bibliotecas, etc. Los obreros comunistas deben decir a sus compañeros socialdemócratas: "Las políticas de nuestros partidos se oponen irreconciliablemente; pero si los fascistas vienen esta noche a destrozar el local de vuestra organización, vendremos corriendo, arma en mano, para ayudaros. ¿Nos prometéis que si nuestra organización es amenazada correréis en nuestra ayuda?" Esta es la quintaesencia de nuestra política en el período actual. Toda nuestra agitación debe ser acometida en este tono.
»Cuanto más persistente, sería y precavidamente... llevemos a cabo esta agitación; cuanto más propongamos serias medidas defensivas en cada fábrica, en cada barrio y distrito obrero, menor será el peligro de que nos coja por sorpresa un ataque fascista, y mayor será la certeza de que semejante ataque unirá, en vez de separar, las filas de los obreros.»
El folleto del que tomo este extracto fue escrito hace dos años y medio. Hoy no existe la más ligera duda de que si se hubiera adoptado a tiempo esta política, Hitler no sería canciller en la actualidad, y las posiciones del proletariado alemán serían intomables. Pero no se puede volver al pasado. Como resultado de los errores cometidos y del tiempo que se dejó pasar, el problema de la defensa se plantea hoy con mucha mayor dificultad: pero la tarea sigue siendo la de entonces. Incluso ahora es posible alterar la relación de fuerzas a favor del proletariado. Para este objetivo, hay que tener un plan, un método, una combinación de fuerzas para la defensa, Pero, ante todo hay que tener la voluntad de defenderse. Me apresuro a añadir que sólo se defiende bien quien no se limita a la defensiva, sino quien, a la primera ocasión, esta decidido a pasar a la ofensiva.
¿Qué actitud adopta hacia esta cuestión la socialdemocracia?
Un pacto de no agresión
Los dirigentes socialdemócratas proponen al partido comunista sellar un «pacto de no agresión». Cuando leí por primera vez esta frase en el Vorwarts, pensé que era una broma casual y no muy feliz. Sin embargo, la fórmula del pacto de no agresión esta hoy en boga y, en la actualidad, está en el centro de todas las discusiones. Los dirigentes socialdemócratas no carecen de políticas probadas y habilidosas. Mayor razón para preguntarse cómo es que han podido elegir una consigna semejante, que va contra sus propios intereses.
¿Qué actitud adopta hacia esta cuestión la socialdemocracia?
Un pacto de no agresión
Los dirigentes socialdemócratas proponen al partido comunista sellar un «pacto de no agresión». Cuando leí por primera vez esta frase en el Vorwarts, pensé que era una broma casual y no muy feliz. Sin embargo, la fórmula del pacto de no agresión esta hoy en boga y, en la actualidad, está en el centro de todas las discusiones. Los dirigentes socialdemócratas no carecen de políticas probadas y habilidosas. Mayor razón para preguntarse cómo es que han podido elegir una consigna semejante, que va contra sus propios intereses.
La fórmula ha sido copiada de la diplomacia. El significado de este tipo de pacto es el siguiente: dos Estados que tienen causas suficientes para ir a la guerra, se comprometen durante un periodo determinado a no recurrir mutuamente a la fuerza de las armas. La Unión Soviética, por ejemplo, ha firmado un pacto semejante, inflexiblemente limitado, con Polonia. Suponiendo que estallase una guerra entre Alemania y Polonia, el pacto citado no obligaría en forma alguna a la Unión Soviética a acudir en ayuda de Polonia. No agresión, y nada más. No implica, de ninguna manera, una acción defensiva común; por el contrario, la excluye: sin esto, el pacto tendría un carácter completamente diferente y tendría que llamársele con un nombre completamente diferente.
¿Qué sentido, pues, dan los dirigentes socialdemócratas a esta fórmula? ¿Amenazan los comunistas con meterse en el saco a las organizaciones socialdemócratas? ¿O está dispuesta la socialdemocracia a emprender una cruzada contra los comunistas? En realidad, lo que está en cuestión es algo enteramente diferente. Si se quiere emplear el lenguaje de la diplomacia, sería mejor hablar no de un pacto de no agresión, sino de una alianza defensiva contra un tercer partido, es decir, contra el fascismo. El objetivo no es detener ni conjurar una lucha armada entre comunistas y socialdemócratas ‑en eso no hay problema de un peligro de guerra‑, sino de unir las fuerzas de los socialdemócratas y de los comunistas contra el ataque armado que ya han lanzado contra ellos los nacionalsocialistas.
Por increíble que pueda parecer, los dirigentes socialdemócratas están poniendo en lugar de la cuestión de la defensa verdadera contra las acciones armadas del fascismo, la cuestión de la controversia política entre comunistas y socialdemócratas. Es exactamente como si en lugar de cómo prevenir el descarrilamiento de un tren, se pusiera la cuestión de la necesidad de mutua cortesía entre los viajeros de segunda y tercera clase.
La desgracia, en todo caso, es que la desafortunada fórmula del «pacto de no agresión» no podrá ni servir para lograr el objetivo inferior en cuyo nombre se ha agarrado por los pelos. El compromiso asumido por dos Estados de no atacarse mutuamente no elimina en forma alguna su lucha, su polémica, sus intrigas y sus maniobras. Los periódicos polacos semioficiales, a pesar del pacto, echan espuma por la boca cuando hablan de la Unión Soviética. Por su parte, la prensa soviética está lejos de hacer cumplidos al régimen polaco. La pura verdad es que los dirigentes socialdemócratas han tomado un curso equivocado al intentar sustituir una fórmula diplomática convencional por las tareas políticas del proletariado.
Organizar conjuntamente la defensa; No olvidar el pasado; Prepararse para el futuro
Los periodistas socialdemócratas más prudentes traducen su pensamiento en este sentido: no se oponen a una «crítica basada en los hechos», pero están contra las desconfianzas, los insultos y las calumnias. ¡Una actitud muy loable! Pero, ¿cómo averiguar el límite entre la crítica consentida y las campañas inadmisibles? ¿Y dónde están los jueces imparciales? Como regla general, la crítica nunca gusta al criticado, sobre todo cuando no puede oponer ninguna objeción a lo esencial de la crítica.
Organizar conjuntamente la defensa; No olvidar el pasado; Prepararse para el futuro
Los periodistas socialdemócratas más prudentes traducen su pensamiento en este sentido: no se oponen a una «crítica basada en los hechos», pero están contra las desconfianzas, los insultos y las calumnias. ¡Una actitud muy loable! Pero, ¿cómo averiguar el límite entre la crítica consentida y las campañas inadmisibles? ¿Y dónde están los jueces imparciales? Como regla general, la crítica nunca gusta al criticado, sobre todo cuando no puede oponer ninguna objeción a lo esencial de la crítica.
La cuestión de si la crítica de los comunistas es buena o mala, es una cuestión aparte. Si los comunistas y los socialdemócratas tuviesen la misma opinión sobre este tema, no habrían dos partidos en el mundo, mutuamente independientes. Admitamos que la polémica de los comunistas no merezca mucho la pena. ¿Menoscaba ese hecho el peligro mortal del fascismo o hace desaparecer la necesidad de una resistencia común?
Sin embargo, miremos la otra cara del cuadro: la polémica de la socialdemocracia contra el comunismo. El Vorwärts (tomo simplemente el primer ejemplar a mano) publica el discurso que efectuó Stampfer sobre el pacto de no agresión. En este mismo número, aparece una caricatura con el siguiente lema: Los bolcheviques firman un pacto de no agresión con Pilsudsky, pero se niegan a firmar un pacto parecido con la socialdemocracia. Ahora bien, una caricatura también es una «agresión» polémica, y ésta en particular es de lo más desafortunada. El Vorwärts olvida por completo que existió un tratado de no agresión entre los soviets y Alemania durante el período en que el socialdemócrata Müller estuvo al frente del gobierno del Reich.
El Vorwärts del 15 de febrero, en la misma página, defiende en la primera columna la idea de un pacto de no agresión, y en la cuarta columna acusa a los comunistas de que su comité de fábrica de la compañía Aschinger traicionó los intereses de los obreros durante las negociaciones de una nueva escala de salarios. Emplean abiertamente la palabra «traicionó». El secreto que hay detrás de esta polémica (¿es una crítica basada en los hechos o una campaña de difamación?) es muy simple: en esa época iban a tener lugar nuevas elecciones para el comité de fábrica de la compañía Aschinger. ¿Podemos, en interés del frente único, pregunta el Vorwärts, poner fin a ataques de este género? Para que eso ocurra, el Vorwärts tendría que dejar de ser lo que es, es decir, un periódico socialdemócrata. Si el Vorwärts cree que imprime a propósito de los comunistas su primera obligación es abrir los ojos de los obreros a las faltas, crímenes, y «traiciones» de aquéllos. ¿Cómo podría ser de otra manera? La necesidad de un acuerdo de lucha proviene de la existencia de dos partidos, pero no la suprime. La vida política continúa. Cada partido, incluso aunque adopte la actitud más sincera sobre la cuestión del frente único no puede dejar de pensar en su propio futuro.
Los adversarios cierran filas frente al peligro común
Supongamos por el momento que un miembro comunista del comité de fábrica de la compañía Aschinger le dice al miembro socialdemócrata: «Puesto que el Vorwärts caracteriza mi actitud sobre la cuestión de la escala de salarios como un acto de traición, no quiero defender junto a ti ni mi cabeza ni tu pescuezo de las balas fascistas.» No importa con cuanta indulgencia queramos contemplar esta acción, sólo podríamos caracterizar la respuesta como completamente insensata.
El comunista inteligente, el bolchevique sensato, dirá al socialdemócrata: «Eres consciente de mi hostilidad hacia las opiniones expresadas por el Vorwärts. Dedico y dedicaré toda mi energía a socavar la peligrosa influencia que este periódico tiene entre los obreros. Pero eso lo hago y lo haré mediante mis discursos, la crítica y la persuasión. Pero los fascistas quieren acabar arbitrariamente con la existencia del Vorwärts. Te prometo que conjuntamente con vosotros defenderé vuestro periódico hasta el límite de mi capacidad, pero espero que digas que al primer llamamiento también vendréis en defensa de Die Rote Fahne, prescindiendo de tu actitud hacia sus opiniones.» ¿No es ésta una manera irreprochable de plantear la cuestión? ¿No corresponde este método a los intereses fundamentales de todo el proletariado?
Los adversarios cierran filas frente al peligro común
Supongamos por el momento que un miembro comunista del comité de fábrica de la compañía Aschinger le dice al miembro socialdemócrata: «Puesto que el Vorwärts caracteriza mi actitud sobre la cuestión de la escala de salarios como un acto de traición, no quiero defender junto a ti ni mi cabeza ni tu pescuezo de las balas fascistas.» No importa con cuanta indulgencia queramos contemplar esta acción, sólo podríamos caracterizar la respuesta como completamente insensata.
El comunista inteligente, el bolchevique sensato, dirá al socialdemócrata: «Eres consciente de mi hostilidad hacia las opiniones expresadas por el Vorwärts. Dedico y dedicaré toda mi energía a socavar la peligrosa influencia que este periódico tiene entre los obreros. Pero eso lo hago y lo haré mediante mis discursos, la crítica y la persuasión. Pero los fascistas quieren acabar arbitrariamente con la existencia del Vorwärts. Te prometo que conjuntamente con vosotros defenderé vuestro periódico hasta el límite de mi capacidad, pero espero que digas que al primer llamamiento también vendréis en defensa de Die Rote Fahne, prescindiendo de tu actitud hacia sus opiniones.» ¿No es ésta una manera irreprochable de plantear la cuestión? ¿No corresponde este método a los intereses fundamentales de todo el proletariado?
El bolchevique no exige al socialdemócrata que cambie la opinión que tiene del bolchevismo y de la prensa bolchevique. Además, no pide que el socialdemócrata guarde silencio durante la duración del acuerdo sobre su opinión del comunismo. Tal exigencia sería absolutamente imperdonable. El comunista dice: «En tanto yo no te haya convencido a ti y tú no me hayas convencido a mí, nos criticaremos mutuamente con total libertad, utilizando los argumentos y términos que cada cual juzgue necesarios. Pero cuando el fascista quiera amordazarnos la boca, ¡lo rechazaremos juntos!» ¿Puede negarse un obrero socialdemócrata inteligente a esta propuesta?
La polémica entre los periódicos comunista y socialdemócrata, no importa cuán encarnizada pueda ser, no puede impedir a quienes componen los periódicos que lleguen a un acuerdo de lucha para organizar una defensa común de sus prensas de los ataques de las bandas fascistas. Los diputados socialdemócratas y comunistas en el Reichstag y en los Landtags, los concejales, etc., están obligados a llegar a la defensa física mutua cuando los nazis recurran a los bastones cargados y a las sillas. ¿Se necesitan más ejemplos?
Lo que es cierto en cada caso particular también es cierto como regla general: la lucha inevitable en que están empeñados la socialdemocracia y el comunismo por ganar la dirección de la clase obrera no puede ni debe impedirles cerrar sus filas cuando hay golpes que amenazan a la clase obrera en su conjunto. ¿No es esto obvio?.
Dos pesos y dos balanzas
El Vorwärts está indignado porque los comunistas acusan a los socialdemócratas (Ebert, Scheidemann, Noske, Hermann Müller, Grzesinsky) de facilitar el camino a Hitler. El Vorwärts tiene un derecho legítimo a la indignación. Pero esta observación es demasiado: ¿cómo podemos, vocifera, formar un frente Único con tales calumniadores? ¿Qué hay aquí: sentimentalismo? ¿Sensibilidad mojigata? No, eso realmente huele a hipocresía. En realidad, los dirigentes de la socialdemocracia alemana no pueden haber olvidado que Wilhem Liebknecht y August Bebel afirmaron a menudo que la socialdemocracia estaba dispuesta, para objetivos definidos, a llegar a un acuerdo con el diablo y con su abuela. Los fundadores de la socialdemocracia no exigían ciertamente que en esta ocasión el diablo dejase los cuernos en el museo ni que su abuela se convirtiese al luteranismo. ¿De dónde, pues, viene esta sensibilidad mojigata entre los políticos socialdemócratas que, desde 1924, han hecho frentes únicos con el kaiser, Ludendorff, Gróner, Brüning, Hindenburg? ¿De dónde vienen estos dos pesos y estas dos balanzas: una para los partidos burgueses, la otra para los comunistas?
Lo que es cierto en cada caso particular también es cierto como regla general: la lucha inevitable en que están empeñados la socialdemocracia y el comunismo por ganar la dirección de la clase obrera no puede ni debe impedirles cerrar sus filas cuando hay golpes que amenazan a la clase obrera en su conjunto. ¿No es esto obvio?.
Dos pesos y dos balanzas
El Vorwärts está indignado porque los comunistas acusan a los socialdemócratas (Ebert, Scheidemann, Noske, Hermann Müller, Grzesinsky) de facilitar el camino a Hitler. El Vorwärts tiene un derecho legítimo a la indignación. Pero esta observación es demasiado: ¿cómo podemos, vocifera, formar un frente Único con tales calumniadores? ¿Qué hay aquí: sentimentalismo? ¿Sensibilidad mojigata? No, eso realmente huele a hipocresía. En realidad, los dirigentes de la socialdemocracia alemana no pueden haber olvidado que Wilhem Liebknecht y August Bebel afirmaron a menudo que la socialdemocracia estaba dispuesta, para objetivos definidos, a llegar a un acuerdo con el diablo y con su abuela. Los fundadores de la socialdemocracia no exigían ciertamente que en esta ocasión el diablo dejase los cuernos en el museo ni que su abuela se convirtiese al luteranismo. ¿De dónde, pues, viene esta sensibilidad mojigata entre los políticos socialdemócratas que, desde 1924, han hecho frentes únicos con el kaiser, Ludendorff, Gróner, Brüning, Hindenburg? ¿De dónde vienen estos dos pesos y estas dos balanzas: una para los partidos burgueses, la otra para los comunistas?
Los dirigentes del Centro consideran que todo infiel que niega los dogmas de la Iglesia católica, el único salvador, está condenado y destinado en breve a los tormentos eternos. Eso no impidió a Hilferding, que no tenía ninguna razón particular para creer en la inmaculada concepción, establecer un frente único con los católicos en el gobierno y en el parlamento. Junto con el Centro, los socialdemócratas pusieron en pie el «Frente de Hierro». Sin embargo, ni por un solo instante cesaron los católicos su dura propaganda ni su polémica en las iglesias. ¿Por qué esas exigencias de Hilferding para con los comunistas? 0 un cese completo de la crítica mutua, es decir, de la lucha de tendencias en el seno de la clase obrera, o un rechazo de toda acción conjunta. «¡O todo o nada!» La socialdemocracia nunca ha planteado tales ultimátums a la sociedad burguesa. Todo obrero socialdemócrata debe reflexionar sobre estos dos pesos y estas dos medidas.
Supongamos que en una reunión, incluso en la actualidad, alguien pregunta a Wels cómo es que la socialdemocracia, que dio a la república su primer canciller y su primer presidente, ha llevado al país a Hitler. Wels responderá seguramente que, en gran medida, es culpa del bolchevismo. Seguramente no habrá día en que el Vorwärts no deje de repetir esta explicación ad nauseam. ¿Pensáis que en el frente único con los comunistas renunciará a su derecho y deber de decir a los obreros lo que considera la verdad? Los comunistas, ciertamente, no tienen necesidad de eso. El frente único contra el fascismo es solamente un capitulo en el libro de la lucha del proletariado. Los capítulos pasados no pueden borrarse. El pasado no puede olvidarse. Debemos partir de él. Recordamos la alianza de Ebert con Gröner y el papel de Noske. Recordamos en qué condiciones murieron Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht. Nosotros, los bolcheviques, hemos enseñado a los obreros a no olvidar nada. Nosotros no le exigimos al diablo que se corte la cola: eso lo lastimaría y a nosotros no nos beneficiaría. Aceptamos al diablo tal como lo ha creado la naturaleza. No necesitamos el arrepentimiento de los dirigentes socialdemócratas ni su lealtad al marxismo; pero sí necesitamos la voluntad de la socialdemocracia para luchar contra el enemigo que actualmente nos amenaza de muerte. Por nuestra parte, estamos dispuestos a cumplir en la lucha común todas las promesas que hemos hecho. Prometemos luchar valientemente y llevar la lucha hasta el final. Eso basta para un acuerdo de lucha.
¡Vuestros dirigentes no quieren luchar!
Sin embargo, todavía queda por saber por qué los dirigentes socialdemócratas hablan siempre de la polémica, de pactos de no agresión, y de las formas ofensivas de los comunistas en vez de responder esta sencilla cuestión: ¿de qué forma combatiremos a los fascistas? Por la sencilla razón de que los dirigentes socialdemócratas no quieren luchar. Acarician la esperanza de que Hindenburg los salve de Hitler. Ahora esperan otro milagro. No quieren luchar. Hace tiempo que perdieron el hábito de luchar. La lucha los aterroriza.
¡Vuestros dirigentes no quieren luchar!
Sin embargo, todavía queda por saber por qué los dirigentes socialdemócratas hablan siempre de la polémica, de pactos de no agresión, y de las formas ofensivas de los comunistas en vez de responder esta sencilla cuestión: ¿de qué forma combatiremos a los fascistas? Por la sencilla razón de que los dirigentes socialdemócratas no quieren luchar. Acarician la esperanza de que Hindenburg los salve de Hitler. Ahora esperan otro milagro. No quieren luchar. Hace tiempo que perdieron el hábito de luchar. La lucha los aterroriza.
Stampfer escribió a Eisleben respecto a las acciones del bandolerismo fascista: «La fe en el derecho y la justicia no han muerto todavía en Alemania» [2].
Es imposible leer estas palabras sin revolverse. En lugar de llamar a un frente único de lucha, encontramos las palabras consoladoras: «La fe en la justicia no ha muerto.» Ahora bien, la burguesía tiene su justiciaa, y el proletariado también tiene la suya. La injusticia armada siempre surge de la cima de la justicia desarmada. Toda la historia de la humanidad lo demuestra. Quienquiera que efectúe un llamamiento a este evidente fantasma de la justicia está engañando al proletariado. Cualquiera que desee la victoria de la justicia proletaria sobre la violencia fascista, debe agitar por la lucha y poner en pie los órganos del frente único proletario.
En toda la prensa socialdemócrata es imposible encontrar ni una sola línea que indique una verdadera preparación para la lucha. No hay ni una sola, tan sólo algunas frases generales, aplazamientos hasta un futuro indeterminado, confusas consolaciones. «Sólo con que los nazis empiecen algo y entonces ... » Y los nazis empezaron algo. Ellos avanzan paso a paso, ocupan tranquilamente una posición tras otra. A estos reaccionarios malhechores pequeñoburguesas no les importan los riesgos. Ahora bien, ellos no necesitan arriesgar absolutamente nada: están seguros de antemano de que el enemigo retrocederá sin lucha. Yo no están equivocados en sus cálculos.
Por supuesto, ocurre con frecuencia que un combatiente ha de retroceder para tomar buen impulso y saltar hacia adelante. Pero los dirigentes socialdemócratas no están inclinados a saltar hacia adelante. No quieren saltar. Y todas sus disertaciones están encaminadas a ocultar este hecho. Precisamente hace poco tiempo que afirmaban que en tanto los nazis no abandonasen el terreno de la legalidad, no habría lugar para el combate. Ahora tenemos una buena prueba de lo que era esta legalidad: una serie de pagarés sobre el golpe de Estado. No obstante, el golpe de Estado es sólo posible porque los dirigentes socialdemócratas adormecen a los obreros con frases sobre la legalidad del golpe de Estado y los consuelan con la esperanza de un nuevo Reíchstag todavía más impotente que el que le precedió. Los fascistas no pueden pedir nada mejor.
En la actualidad, la socialdemocracia ha dejado incluso de hablar de luchar en un futuro indeterminado. Sobre el tema de la destrucción de la organización y prensa de la clase obrera, ya iniciada, el Vorwärts «recuerda» al gobierno que no olvide que «en un país capitalista desarrollado, las condiciones de producción agrupan a los obreros en las fábricas». Estas palabras indican que la dirección de la socialdemocracia acepta por adelantado la destrucción de las organizaciones políticas, económicas y culturales creadas por tres generaciones del proletariado. «A pesar de esto» los obreros seguirán agrupados por las industrias mismas. Entonces, ¿para qué* sirven las organizaciones proletarias si la cuestión puede resolverse así de sencillamente?
Los dirigentes de la socialdemocracia y de los sindicatos se lavan las manos, y se automarginan mientras esperan. Si los obreros, «agrupados por las industrias», rompen los lazos de la disciplina y empiezan la lucha, los dirigentes, evidentemente, intervendrán como lo hicieron en 1918, en el papel de pacificadores y mediadores, y se apoyarán sobre las espaldas de los obreros para restablecer las posiciones que han perdido.
Los dirigentes ocultan a los ojos de las masas su rechazo a luchar y su terror a la lucha mediante frases vacías sobre los pactos de no agresión. Obreros socialdemócratas ¡vuestros dirigentes no quieren luchar!
¿Es una maniobra nuestra propuesta?
Aquí el socialdemócrata nos interrumpirá de nuevo para decir: «Puesto que no creéis en el deseo de nuestros dirigentes de luchar contra el fascismo, ¿no es una maniobra evidente vuestra propuesta de frente único?» Aún más, repetirá las reflexiones impresas en el Vorwärts respecto a que los obreros precisan la unidad, y no «maniobras».
¿Es una maniobra nuestra propuesta?
Aquí el socialdemócrata nos interrumpirá de nuevo para decir: «Puesto que no creéis en el deseo de nuestros dirigentes de luchar contra el fascismo, ¿no es una maniobra evidente vuestra propuesta de frente único?» Aún más, repetirá las reflexiones impresas en el Vorwärts respecto a que los obreros precisan la unidad, y no «maniobras».
Esta clase de argumento suena totalmente convincente. En realidad, es una frase vacía. Sí, nosotros los comunistas sabemos positivamente que los funcionarios socialdemócratas y sindicales seguirán evitando la lucha con sus mejores recursos. En el momento crítico, un amplio sector de la burocracia obrera se pasará directamente a los fascistas. El otro sector, que habrá logrado enviar a cualquier otro país sus recursos financieros cuidadosamente acumulados, emigrará en el momento oportuno. Todas estas acciones ya han empezado, y su desarrollo posterior es inevitable. Pero nosotros no confundimos este sector, en la actualidad el más influyente de la burocracia reformista, con el partido socialdemócrata o los sindicatos en su totalidad.
El núcleo proletario del partido luchará con golpes efectivos, y arrastrará tras él a un buen sector del aparato. Exactamente ¿por dónde pasará` la línea de demarcación entre los renegados, traidores y desertores, de un lado, y los que quieren luchar, por el otro? Sólo podemos saberlo por la experiencia. Por eso, sin tener la más ligera confianza en la burocracia socialdemócrata, los comunistas no pueden dejar de dirigirse a todo el partido. Sólo de esta manera será posible separar a los que quieren luchar de los que quieren desertar. Si estamos equivocados en nuestra valoración de WeIs, Breitscheid, Hílferding, Crispien y demás, que prueben con sus actos que somos unos embusteros. Entonaremos públicamente el mea culpa. Si todo esto es solamente una «maniobra» por nuestra parte, es una maniobra correcta y necesaria que sirve a los intereses de la causa.
Vosotros, socialdemócratas, seguís en vuestro partido porque tenéis fe en su programa, en su táctica y en su dirección. Nosotros reconocemos este hecho. Vosotros consideráis falsa nuestra crítica. Eso es prerrogativa vuestra. No estáis obligados de ninguna forma a creer por fe a los comunistas, y ningún comunista sensato os lo exigirá. Pero, por su parte, los comunistas tienen derecho a no depositar ninguna confianza en los funcionarios de la socialdemocracia y a no considerar a los socialdemócratas como marxistas, revolucionarios y auténticos socialistas. De otra manera, los comunistas no habrían tenido ninguna necesidad de crear un partido y una internacional separados. Debemos tomar los hechos tal cual son. Debemos levantar el frente único no en las nubes, sino sobre la base sentada por todo el desarrollo anterior. Sí vosotros creéis sinceramente que vuestra dirección llevará a los obreros a luchar contra el fascismo, ¿qué maniobra comunista puede haceros desconfiar? Entonces, ¿cuál es la maniobra de que habla continuamente el Vorwärts? Pensadlo detenidamente. ¿No es esto una maniobra de vuestros dirigentes, que quieren atemorizaros con la palabra vacía «maniobra» y manteneros así alejados del frente único?
Las tareas y métodos del frente único
El frente único, debe tener sus órganos. No hay ninguna necesidad de imaginar cómo pueden ser: la situación misma dicta la naturaleza de esos órganos. En muchas localidades, los obreros ya han insinuado la forma de organización del frente único, como una especie de consorcio defensivo basado en todas las organizaciones e instituciones proletarias locales. Ésta es una iniciativa que hay que tomar, profundizar, consolidar y extender hasta cubrir los centros industriales con consorcios, vinculándolos mutuamente y preparando un congreso obrero alemán de defensa.
Las tareas y métodos del frente único
El frente único, debe tener sus órganos. No hay ninguna necesidad de imaginar cómo pueden ser: la situación misma dicta la naturaleza de esos órganos. En muchas localidades, los obreros ya han insinuado la forma de organización del frente único, como una especie de consorcio defensivo basado en todas las organizaciones e instituciones proletarias locales. Ésta es una iniciativa que hay que tomar, profundizar, consolidar y extender hasta cubrir los centros industriales con consorcios, vinculándolos mutuamente y preparando un congreso obrero alemán de defensa.
El hecho de que los obreros empleados y los parados se separen cada vez más conlleva un peligro mortal no sólo para los convenios colectivos, sino también para los sindicatos, incluso sin necesidad alguna de una cruzada fascista. El frente único entre socialdemócratas y comunistas significa ante todo un frente único de los obreros empleados y parados. Sin eso, cualquier lucha seria en Alemania es completamente impensable.
La RGO debe entrar en los Sindicatos Libres como fracción comunista. lisa es una de las condiciones principales para el éxito del frente único. Los comunistas dentro de los sindicatos deben disfrutar de los derechos de la democracia obrera y, en primer lugar, de plena libertad de crítica. Por su parte, deben de respetar los estatutos de los sindicatos y su disciplina.
La defensa contra el fascismo no es algo aislado. El fascismo es solamente un garrote en manos del capital financiero. La finalidad de aplastar la democracia proletaria es elevar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo. Ahí hay un terreno inmenso para el frente único del proletariado: la lucha por el pan diario, extendida y agudizada, conduce directamente, en las condiciones actuales, a la lucha por el control obrero de la producción.
La defensa contra el fascismo no es algo aislado. El fascismo es solamente un garrote en manos del capital financiero. La finalidad de aplastar la democracia proletaria es elevar la tasa de explotación de la fuerza de trabajo. Ahí hay un terreno inmenso para el frente único del proletariado: la lucha por el pan diario, extendida y agudizada, conduce directamente, en las condiciones actuales, a la lucha por el control obrero de la producción.
Las fábricas, las minas, las grandes fincas cumplen sus funciones sociales sólo gracias al trabajo de los obreros. ¿Puede ser que éstos no tengan derecho a saber hacia dónde dirige el propietario el establecimientoo, por qué reduce la producción y expulsa a los obreros, cómo fija los precios, etc.? Se nos responderá: «Secretos comerciales.» ¿Qué son los secretos comerciales? Una confabulación de los capitalistas contra los obreros y todo el pueblo. Productores y consumidores, los obreros en esta doble condición, deben conquistar el derecho a controlar todas las operaciones de sus establecimientos, desenmascarando el fraude y el engaño para defender sus intereses y los de todo el pueblo, hechos y cifras en la mano. La lucha por el control obrero de la producción puede y debe convertirse en la consigna del frente único.
Respecto a la organización, las formas necesarias para la cooperación entre obreros socialdemócratas y comunistas se hallarán sin dificultad: sólo se necesita pasar de las palabras a los hechos.
El carácter irreconciliable de los partidos socialdemócrata y comunista
Ahora bien,, si es posible una defensa común contra la ofensiva del capital ¿no podemos ir más lejos y formar un verdadero bloque de los dos partidos sobre todas las cuestiones? Entonces, la polémica entre ambos adoptaría un carácter interno, pacífico y cordial. Ciertos socialdemócratas de izquierda, del tipo de Seydewitz, como se sabe, incluso llegan a soñar en una unión completa del partido socialdemócrata con el partido comunista. ¡Pero todo esto es un sueño hueco! Lo que separa a los comunistas de la socialdemocracia son antagonismos sobre cuestiones fundamentales. La forma más simple de traducir la esencia de sus desacuerdos es esta: la socialdemocracia se considera el doctor democrático del capitalismo; nosotros somos sus enterradores revolucionarios.
El carácter irreconciliable de los partidos socialdemócrata y comunista
Ahora bien,, si es posible una defensa común contra la ofensiva del capital ¿no podemos ir más lejos y formar un verdadero bloque de los dos partidos sobre todas las cuestiones? Entonces, la polémica entre ambos adoptaría un carácter interno, pacífico y cordial. Ciertos socialdemócratas de izquierda, del tipo de Seydewitz, como se sabe, incluso llegan a soñar en una unión completa del partido socialdemócrata con el partido comunista. ¡Pero todo esto es un sueño hueco! Lo que separa a los comunistas de la socialdemocracia son antagonismos sobre cuestiones fundamentales. La forma más simple de traducir la esencia de sus desacuerdos es esta: la socialdemocracia se considera el doctor democrático del capitalismo; nosotros somos sus enterradores revolucionarios.
El carácter irreconciliable de los dos partidos aparece con particular claridad a la luz de la reciente evolución de Alemania. Leipart lamenta que, al llamar a Hitler al poder, las clases burguesas han reventado «la integración de los obreros en el Estado» y advierte a la burguesía contra los «peligros» que se derivan de ello [3]. Leipart se convierte así en el perro guardián del Estado burgués, al querer protegerlo de la revolución proletaria. ¿Podemos soñar incluso en la unión con Leipart?
El Vorwärts se enorgullece cada día de que cientos de miles de socialdemócratas muriesen durante la guerra «por el ideal de una Alemania mejor y más libre ... ». Solamente se olvida de explicar por qué esta Alemania mejor se convirtió en la Alemania de Hitler‑Hugenberg. En realidad, los obreros alemanes, como los obreros de los demás países beligerantes, murieron como carne de cañón, como esclavos del capital. Idealizar este hecho es proseguir la traición del 4 de agosto de 1914.
El Vorwärts sigue recurriendo a Marx, a Engels, a Wilhelm Liebknecht, a Bebel, quien desde 1848 hasta 1871 habló de la lucha por la unidad de la nación alemana. ¡Falsos recursos! En esa época era cuestión de concluir la revolución burguesa. Todo revolucionario proletario tenía que luchar contra el particularismo y el provincianismo heredado del feudalismo. Todo revolucionario proletario tenía que luchar contra este particularismo y provincianismo en nombre de la formación de un Estado nacional. En la época actual, tal objetivo está investido con un carácter progresivo sólo en China, en Indochina, en India, en Indonesia y demás países coloniales atrasados y semicoloniales. Para los países avanzados de Europa, las fronteras nacionales son exactamente las mismas cadenas reaccionarias que fueron en otro tiempo las fronteras feudales.
«La nación y la democracia son gemelos», dice el Vorwärts de nuevo. ¡Totalmente cierto! Pero esos gemelos se han vuelto viejos, achacosos y han llegado a la senilidad. La nación, como un todo económico, y la democracia, como forma de la dominación de la burguesía, se han convertido en grilletes para el desarrollo de las fuerzas productivas y la civilización. Recordemos una vez más a Goethe: «Todo lo que nace está destinado a perecer.»
«La nación y la democracia son gemelos», dice el Vorwärts de nuevo. ¡Totalmente cierto! Pero esos gemelos se han vuelto viejos, achacosos y han llegado a la senilidad. La nación, como un todo económico, y la democracia, como forma de la dominación de la burguesía, se han convertido en grilletes para el desarrollo de las fuerzas productivas y la civilización. Recordemos una vez más a Goethe: «Todo lo que nace está destinado a perecer.»
Unos cuantos millones más pueden ser sacrificados por el «corredor», por Alsacia‑Lorena, por Malmedy. Estos trozos de tierra disputados pueden estar cubiertos por tres, cinco o diez hileras de cadáveres. Todo esto puede llamarse defensa nacional. Pero la humanidad no progresará a causa de ello; por el contrario, caerá a cuatro patas en la barbarie. La salida no está en la «liberación nacional» de Alemania, sino en la liberación de Europa de las fronteras nacionales. Es un problema que la burguesía no puede resolver, menos aún de lo que en su época pudieron los señores feudales poner fin al particularismo. De aquí que la coalición con la burguesía sea doblemente censurable. Una revolución proletaria es necesaria. Una federación de las repúblicas proletarias de Europa y de todo el mundo es necesaria.
El socialpatriotismo es el programa de los doctores del capitalismo; el internacionalismo es el programa de los enterradores de la sociedad burguesa. Este antagonismo es irreductible.
Democracia y dictadura
Los socialdemócratas consideran que la constitución democrática está por encima de la lucha de clases. Para nosotros, la lucha de clases está por encima de la constitución democrática. ¿Puede ser que la experiencia vivida por la Alemania de la posguerra haya pasado sin dejar huella, lo mismo que las experiencias vividas durante la guerra? La revolución de Noviembre llevó a la socialdemocracia al poder. La socialdemocracia estimuló el poderoso movimiento de las masas por el camino del «derecho» y la «constitución». Toda la vida política que siguió en Alemania se desenvolvió sobre las bases y en el marco de la república de Weimar.
El socialpatriotismo es el programa de los doctores del capitalismo; el internacionalismo es el programa de los enterradores de la sociedad burguesa. Este antagonismo es irreductible.
Democracia y dictadura
Los socialdemócratas consideran que la constitución democrática está por encima de la lucha de clases. Para nosotros, la lucha de clases está por encima de la constitución democrática. ¿Puede ser que la experiencia vivida por la Alemania de la posguerra haya pasado sin dejar huella, lo mismo que las experiencias vividas durante la guerra? La revolución de Noviembre llevó a la socialdemocracia al poder. La socialdemocracia estimuló el poderoso movimiento de las masas por el camino del «derecho» y la «constitución». Toda la vida política que siguió en Alemania se desenvolvió sobre las bases y en el marco de la república de Weimar.
Los resultados están en la mano: la democracia burguesa se transforma legalmente, pacíficamente, en una dictadura fascista. El secreto es bastante sencillo: la democracia burguesa y la dictadura fascista son los instrumentos de una sola clase, los explotadores. Es absolutamente imposible impedir la sustitución de un instrumento por otro recurriendo a la constitución., al Tribunal Supremo de Leipzig, a las nuevas elecciones, etc. Lo necesario es movilizar las fuerzas revolucionarias del proletariado. El fetichismo constitucional presta la mejor ayuda al fascismo. En la actualidad, esto ya no es una prevísión, una afirmación teórica, sino la realidad viva. Yo te pregunto, obrero socialdemócrata: si la democracia de Weimar señaló el camino para la dictadura fascista, ¿cómo puede esperarse que señale el camino para el socialismo?
«Pero, ¿no podemos nosotros, los obreros socialdemócratas, conquistar la mayoría del Reichstag democrático?»
No podéis. El capitalismo ha dejado de desarrollarse; está pudriéndose. El número de obreros industriales ya no aumenta. Un sector importante del proletariado está siendo degradado en el desempleo prolongado. Por sí mismos, estos hechos sociales excluyen la posibilidad de cualquier desarrollo estable y sistemático de un partido obrero en el parlamento como antes de la guerra. Pero incluso si, contra toda probabilidad, la representación obrera en el parlamento aumentase rápidamente, ¿aguardaría la burguesía una expropiación pacifica? ¡La maquinaria gubernamental está completamente en sus manos! Aun aceptando que la burguesía dejase pasar el momento y permitiese que el proletariado obtuviese una representación parlamentaria del 51 %, ¿no dispersarían la Reichswher, la policía, la StahIhelm, y las tropas de asalto fascistas este parlamento, de la misma manera que la camarilla actual dispersa de un plumazo todos los parlamentos que le molestan?
«Entonces, ¿abajo con el Reichstag y las elecciones?»
No., no es eso lo que quiero decir. Nosotros somos marxistas, y no anarquistas. Defendemos la utilizaci5n del parlamento: no es un instrumento para transformar la sociedad, sino un medio de reagrupar a los obreros. Sin embargo, en el desarrollo de la lucha de clases, llega un momento en que es necesario decidir la cuestión de quién es el amo del país: el capital financiero o el proletariado. Las disertaciones sobre la nación y sobre la democracia en general constituyen, en tales condiciones, el embuste más descarado. A nuestros ojos, una pequeña minoría alemana está organizando y armando, por as¡ decirlo, a la mitad de la nación para aplastar y estrangular a la otra mitad. No es cuestión ahora de reformas secundarias, sino de la vida o la muerte de la sociedad burguesa. Tales cuestiones nunca han sido decididas por un voto. Quienquiera que en la actualidad recurra al parlamento o al Tribunal Supremo de Leipzig, está engañando a los obreros y, en la práctica, está ayudando al fascismo.
No hay ningún otro camino
«¿Qué hay que hacer en tales condiciones?» preguntará mi interlocutor socialdemócrata.
No hay ningún otro camino
«¿Qué hay que hacer en tales condiciones?» preguntará mi interlocutor socialdemócrata.
La revolución proletaria.
«¿Y luego?»
La dictadura del proletariado.
«¿Como en Rusia? ¿Privaciones y sacrificios? ¿La supresión absoluta de la libertad de opinión?
No, no para mí.»
Precisamente porque no estás dispuesto a pisar el camino de la revolución y de la dictadura, no podemos formar juntos un solo partido. Pero, sin embargo, déjame decirte que tu objeción no es digna de un proletario consciente. Sí, las privaciones de los obreros rusos son enormes. Pero, en primer lugar, los obreros rusos saben en nombre de qué están realizando esos sacrificios. Incluso si sufriesen una derrota, la humanidad habría aprendido mucho de su experiencia. Pero, ¿en nombre de qué se sacrificó la clase obrera alemana durante los años de la guerra imperialista? ¿O, de nuevo, durante los años de desempleo? ¿A qué conducen esos sacrificios? ¿Qué producen? ¿Qué enseñan? Sólo los sacrificios que señalan el camino para un futuro mejor son dignos del hombre. Esa es la primera objeción que escuché; la primera, pero no la única.
Los sufrimientos de los obreros rusos son enormes porque en Rusia, como consecuencia de factores históricos específicos, surgió el primer Estado proletario, que se ve obligado a elevarse por su propia fuerza desde una extrema pobreza. No olvides que Rusia era el país más atrasado de Europa. Allí el proletariado constituye tan sólo una reducida parte de la población. En ese país, la dictadura del proletariado tuvo que adoptar necesariamente las formas más duras. De ahí las consecuencias que de ello se derivaron: el desarrollo de la burocracia que detenta el poder, y la cadena de errores cometidos por la dirección política que ha caído bajo la influencia de esta burocracia. Sí a finales de 1918, cuando el poder estaba completamente en sus manos, la socialdemocracia hubiese entrado audazmente en el camino hacia el socialismo y hubiese concluido una alianza indisoluble con la Rusia soviética, toda la historia de Europa hubiera tomado otra dirección y la humanidad habría llegado al socialismo en un espacio de tiempo más corto y con infinitamente menos sacrificio. No es culpa nuestra que eso no ocurriese.
Sí, la dictadura en la Unión Soviética, en la época actual, tiene un carácter extremadamente burocrático y deformado. Yo personalmente he criticado más de una vez en la prensa el actual régimen soviético, que es una deformación del Estado obrero. Millares y millares de mis camaradas llenan las cárceles y los lugares de exilio por haber luchado contra la burocracia estalinista. Sin embargo, aun juzgando los aspectos negativos del actual régimen soviético, hay que conservar una perspectiva histórica correcta. Si el proletariado alemán, mucho más numeroso y más civilizado que el ruso, fuera a tomar mañana el poder, esto no sólo abriría gigantescas perspectivas económicas y culturales, sino que también llevaría inmediatamente a una atenuación de la dictadura en la Unión Soviética.
No hay que pensar que la dictadura del proletariado está unida necesariamente a los métodos del terror rojo que nosotros tuvimos que aplicar en Rusia. Nosotros fuimos los pioneros. Ofendidas, las clases poseedoras rusas no creían que el nuevo régimen durase. La burguesía de Europa y de América apoyaba a la contrarrevolución rusa. En esas condiciones, solo podíamos mantenernos al precio de esfuerzos espantosos y del castigo implacable de nuestros enemigos de clase. La victoria del proletariado en Alemania tendría un carácter completamente diferente. La burguesía alemana, una vez perdido el poder, ya no tendrían ninguna esperanza de retomarlo. La alianza de la Alemania soviética con la Rusia soviética multiplicaría, no por dos, sino por diez, la fuerza de los dos países. En el resto de Europa, la posición de la burguesía es tan comprometida que no es muy plausible que pudiese hacer que sus ejércitos avanzasen contra la Alemania proletaria. Sin duda, la guerra civil sería inevitable: hay bastantes fascistas para eso. Pero el proletariado alemán, armado con el poder del Estado y contando con la Unión Soviética tras él, pronto conseguiría la atomización del fascismo, arrastrando a su lado a sectores fundamentales de la pequeña burguesía. La dictadura del proletariado en Alemania tendría formas incomparablemente más suaves y civilizadas que la dictadura del proletariado en Rusia.
«En ese caso, ¿por qué la dictadura?»
Para aniquilar la explotación y el parasitismo; para aplastar la resistencia de los explotadores; para acabar con su inclinación a pensar en restablecer la explotación; para poner todo el poder, todos los medios de producción, todas las fuentes de civilización en las manos del proletariado; y para permitirle emplear todas esas fuerzas y medios en interés de la transformación socialista de la sociedad: no hay ningún otro camino.
El proletariado alemán tendrá la revolución en alemán, y no en ruso
«Sin embargo, ocurre a menudo que nuestros comunistas se nos aproximan a nosotros, socialdemócratas, con esta amenaza: esperad, que tan pronto como estemos en el poder os pondremos contra la pared.»
Sólo un puñado de imbéciles, charlatanes y bravucones, que están a buen seguro para huir en el momento de peligro, pueden efectuar tales amenazas. Un revolucionario serio, aun cuando reconoce la inevitablidad de la violencia revolucionaria y su función creadora, comprende al mismo tiempo que la aplicación de la violencia en la transformación socialista de la sociedad tiene límites bien definidos. Los comunistas no pueden prepararse a menos que busquen un entendimiento mutuo y un acercamiento con los obreros socialdemócratas. La unanimidad revolucionaria de la abrumadora mayoría del proletariado alemán reducirán al mínimo la represión que ejercerá la dictadura revolucionaria. No es cuestión de copiar servilmente a la Rusia sovié*tica, o de convertir sus necesidades en virtud. Eso es impropio de marxistas. Aprovechar la experiencia de la revolución de Octubre no quiere decir copiarla a ciegas. Hay que tener en cuenta las diferencias entre las naciones, en la estructura social y, sobre todo, en la importancia relativa y en el nivel cultural del proletariado. Suponer que puede hacerse la revolución socialista de una manera pacífica, presumiblemente constitucional, con la aquiescencia del Tribunal Supremo de Leipzig, eso sólo pueden hacerlo los filisteos incurables. El proletariado alemán no podrá dar vueltas a la revolución. Pero en su revolución, hablará alemán, y no ruso. Estoy convencido de que hablará mucho mejor que nosotros.
¿Qué defenderemos?
«Muy bien, pero nosotros, los socialdemócratas, proponemos no obstante llegar al poder democráticamente. Vosotros, comunistas, consideráis eso una utopía absurda. En ese caso, ¿es posible el frente único defensivo? Para ello es necesario tener una idea clara de lo que hay que defender. Si nosotros defendemos una cosa y vosotros otra, ¿no acabaremos con las acciones comunes? ¿Aceptáis vosotros, los comunistas, defender la Constitución de Weimar?»
La pregunta es adecuada, y yo intentaré responderla sinceramente. La Constitución de Weimar representa todo un sistema de instituciones, de derechos y de leyes. Comencemos por arriba. La república tiene a su frente un presidente. ¿Aceptamos nosotros, los comunistas, defender a Hindenburg contra el fascismo? Pienso que esa necesidad deja de sentirse por sí misma, después de que Hindenburg haya llamado a los fascistas al poder. Luego viene el gobierno, presidido por Hitler. El gobierno no necesita ser defendido contra el fascismo. En tercer lugar, viene el parlamento. Cuando aparezcan estas líneas, la suerte del parlamento surgido de las elecciones del 5 de marzo probablemente haya sido decidida. Pero incluso en esta coyuntura puede decirse con certeza que si la composición del Reichstag demuestra ser hostil al gobierno; si Hitler piensa suprimir el Reichstag, y la socialdemocracia muestra determinación para luchar a favor del Reichstag, los comunistas ayudarán a la socialdemocracia con toda su fuerza.
Nosotros, los comunistas, no podemos ni queremos establecer la dictadura del proletariado contra vosotros ni sin vosotros, obreros socialdemócratas. Queremos llegar a esta dictadura junto con vosotros. Y nosotros contemplamos la defensa común contra el fascismo como el primer paso en este sentido. Evidentemente, a nuestros ojos, el Reichstag no es una conquista histórica capital que el proletariado deba defender contra los vándalos fascistas. Hay cosas más valiosas. Dentro del marco de la democracia burguesa y paralela a la incesante lucha contra ella, los elementos de la democracia proletaria se han formado en el curso de muchas décadas: partidos políticos, prensa obrera, sindicato, comités de fábrica, clubs, cooperativas, sociedades deportivas, etc. La misión del fascismo no es tanto completar la destrucción de la democracia burguesa como aplastar los primeros esbozos de democracia proletaria. En cuanto a nuestra misión, consiste en situar esos elementos de democracia proletaria, ya creados, en la base del sistema soviético del Estado obrero. Para este fin, es necesario romper la cáscara de la democracia burguesa y liberar de ella el meollo de la democracia obrera. En eso reside la esencia de la revolución proletaria. El fascismo amenaza el núcleo vital de la democracia obrera. Esto mismo dicta claramente el programa del frente único. Estamos dispuestos a defender vuestras imprentas y las nuestras, pero también el principio democrático de la libertad de prensa; vuestros locales y los nuestros, pero también el principio democrático de la libertad de reunión y asociación. Somos materialistas, y por eso no separamos el alma del cuerpo. En tanto no tengamos todavía la fuerza para establecer el sistema soviético, nos situamos en el terreno de la democracia burguesa. Pero, al mismo tiempo, no abrigamos ninguna ilusión.
Respecto a la libertad de prensa
«¿Y qué haréis con la prensa socialdemócrata si lográis tomar el poder? ¿Prohibiréis nuestros periódicos igual que los bolcheviques rusos prohibieron los periódicos mencheviques?»
Planteas el problema equivocadamente. ¿Qué entiendes por «nuestros» periódicos? En Rusia, la dictadura del proletariado se demostró posible sólo después de que la abrumadora mayoría de los obreros mencheviques se pasaran al lado de los bolcheviques, mientras que los despojos pequéñoburgueses del menchevismo intentaban colaborar en la lucha burguesa por la restauración de la «democracia», es decir, el capitalismo. Sin embargo, incluso en Rusia no inscribimos en modo alguno en nuestra bandera la prohibición de los periódicos mencheviques. Fuimos empujados a hacerlo por las condiciones increíblemente duras de la lucha que había que sostener para salvar y mantener la dictadura revolucionaria. En la Alemania soviética, la situación será, como ya he dicho, infinitamente más favorable; y el régimen de la prensa sentirá necesariamente los efectos de ello. Yo no creo que en este terreno el proletariado alemán necesite recurrir a la represión.
Sin duda, no quiero decir que el Estado obrero tolere ni aun un día el régimen de «la libertad (burguesa) de la prensa», es decir, el estado de cosas en que sólo aquellos que controlan las imprentas, las papeleras, las librerías, etc., es decir, los capitalistas, pueden publicar periódicos y libros. La «libertad de prensa» burguesa significa un monopolio del capital financiero para imponer los prejuicios capitalistas al pueblo mediante cientos y miles de periódicos encargados de esparcir el virus de la mentira con la forma técnica más perfecta. La libertad proletaria de prensa significará la nacionalización de las imprentas, de las papeleras y de la librerías en interés de los obreros. Nosotros no separamos el alma del cuerpo. La libertad de prensa, sin linotipias, sin imprentas y sin papel, es una ficción miserable. En el Estado proletario, los medios técnicos de imprimir se pondrán a la disposición de grupo de ciudadanos según su importancia numérica real. ¿Cómo se hará eso? La socialdemocracia obtendrá las facilidades de impresión correspondientes al número de sus seguidores. No creo que en esa época este número sea muy elevado: de lo contrario, el régimen mismo de la dictadura del proletariado sería imposible. No obstante, dejemos que el futuro resuelva esta cuestión. Pero el principio mismo de distribuir los medios técnicos de impresión no según el grosor de la chequera, sino según el número de seguidores de un programa determinado, de una corriente determinada o de una escuela determinada, es, espero, el más honesto, el más democrático, el principio más auténticamente proletario. ¿No es así?
«Tal vez.»
Entonces, ¿va esa mano?
«Me gustaría pensarlo un poco.»
Yo no quería nada más, querido amigo: el objetivo de todas mis reflexiones es hacerte meditar una vez más sobre todos los grandes problemas de la política proletaria.
Escrito el 23 de febrero de 1933, fue publicado en The Militant, 1 y 15 de abril de 1933
[2] Vorwärts, 14 de febrero de 1933.
[3] Vorwärts, 15 de febrero de 1933.
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León Trotsky,
Lucha de clases en Alemania
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